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Ricardo Junquera

El conde don Alfonso de Noreña y Juego de Tronos (y II)

Vida y obra del caballero que, sin pretenderlo, resultó fundador del Principado de Asturias

Habíamos quedado la semana pasada contando las andanzas de don Alfonso Enríquez, conde de Noreña y de Gijón, personaje tan importante como casi desconocido en la historia de Asturias y cuyas continuas sublevaciones contra su padre, Enrique II, después contra su hermanastro Juan I, y por último contra el hijo de éste, Enrique III, marcaron un antes y después en nuestra historia. Lástima que los guionistas de la famosa serie Juego de Tronos al parecer tampoco hayan conocido la historia de nuestro conde; no hubieran necesitado echar mano de la fantasía.

En la anterior entrega dejamos a don Alfonso en el año 1383, con la rodilla doblada frente a su hermano, el rey Juan I, tras su nuevo intento de sublevación, de unirse a Portugal. El rey, como castigo le quitó el condado de Noreña, que entregó al obispo de Oviedo, donde quedaría ya hasta 1951. Don Alfonso, herido en su orgullo, nuevamente juró con sumisión no volver a levantar la cabeza contra su hermano, lo que pronto olvidaría volviendo a sus intrigas con el vecino reino de Portugal. Y esta vez a Juan I, cansado ya de las continuas infidelidades de su hermano Alfonso, no le tembló la mano y le metió en chirona, que de aquella, además, no era como las de ahora.

La cuestión es que al rey de Castilla no le fueron bien las cosas en Portugal. Los vecinos le dieron caña en Aljubarrota y los ingleses, aprovechando como siempre las circunstancias, intentaron conquistar Castilla. Juan I, viéndoles venir y el peligro que tenían, dijo, a ver colegas, vamos a llevarnos bien, y pactó el matrimonio de su hijo y heredero Enrique con la hija del duque inglés de Lancaster, una tal Catalina, a los que, en el año 1388, se les daría el título de príncipes de Asturias con todos los señoríos de aquella tierra: esa fue la creación del Principado de Asturias. De esta forma, se ataba también que estas tierras fueran de la corona y no volvieran al conde don Alfonso. Así fue como nació nuestro Principado: para defendernos del conde y de la pérfida Albión.

Poco después moría el rey Juan I y era coronado nuevo monarca de Castilla su hijo Enrique, es decir sobrino del conde de Noreña, que era menor de edad.

Aprovechando las luchas por la regencia, don Alfonso, después de seis años de trena, se vio de nuevo libre y restituido en sus posesiones de Asturias. Pero el condesito, una vez se vio en la calle, volvió a las suyas: lo primero que hizo fue volver a tomar posesión de Noreña y de Gijón, y de nuevo sublevarse contra el ahora rey Enrique III y tomar Oviedo, que no era suyo y de donde le echaron, literalmente, a pedradas. Como no lo quedaba otra, el conde tuvo que echar a correr hasta que, pasando por Noreña, llegó a su casa de Gijón, donde fue sitiado por el rey. De resultas de aquel sitio y debido a la ayuda prestada durante el mismo, el rey concedió diversos privilegios a los habitantes de Siero, que era el núcleo central de los dominios del señorío de Noreña y había que llevarse bien con ellos.

Total, que después de este último fallido intento de sublevación, el conde don Alfonso no tuvo otra que marcharse, hacia el año 1396 y ya de forma definitiva, a Bayona, en Francia, donde se le pierde la pista, aunque se sabe que años más tarde, en Portugal, una familia apellidada “Noronha” que se decía descendiente del conde se convirtió en un prestigioso linaje que aún perdura.

Y hasta aquí, resumidamente, la vida y obras de este caballero, Don Alfonso, conde de Noreña y de Gijón, y fundador, sin pretenderlo, del Principado de Asturias.

Y ahora van a disculparme, pero me voy a ver Juego de Tronos.

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