Suscríbete

La Nueva España de Siero

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ricardo Junquera

Veinticinco años sin Miguel Ángel Blanco

Mañana, día 13 de julio, se cumplirán veinticinco años del día en que los criminales de ETA asesinaron a Miguel Ángel Blanco, aquel chaval de 29 años cuyo delito fue tener la valentía de meterse en política para intentar defender unas ideas que él creía justas. Simplemente por eso le volaron la tapa de los sesos. Las ideas de aquellos salvajes no coincidían con las suyas. Los que vivimos aquellos días los recordamos como si todo hubiera pasado ayer mismo; y los que todavía llevamos sangre humana en nuestras venas no podemos evitar volver a sentir aquella angustia, aquel dolor cuando recordamos la noticia de aquella muerte tan bestial, tan injusta, tan cruel.

Después vinieron las manifestaciones de repulsa y las manos blancas y el hasta aquí llegamos, que ya estaba bien de tanta barbarie que dijimos también casi todos y que no valió para casi nada. Catorce años más tardaron los delincuentes etarras en cesar en la actividad armada; quizás es que no sabían explicarse de otra forma, que las palabras primero hay que saber pensarlas para después poder usarlas.

Vaya por delante que de política ni sé, ni entiendo ni me gusta; pero si sé que hay cosas que hacen chirriar al sentido común. Y a mí me lo hace crujir el ver cómo los que son en cierta forma continuadores de aquella banda se hayan convertido en un apoyo necesario para un gobierno democrático. Y si hacen falta ejemplos ahí tenemos el hecho de que recientemente EH Bildu haya elegido a un condenado a once años de cárcel por pertenencia a ETA como cabeza de lista por Vizcaya para las próximas elecciones forales. Mal andamos si hacemos depender la gobernabilidad de un país de la voluntad de esta gente.

Y repito, creo que no se trata de política, sino más bien del nivel de nuestros políticos. Desde un punto de vista puramente técnico, si tienen tiempo y ganas, busquen, por ejemplo, una foto del primer gobierno de Felipe González; al margen de afinidades políticas, que cada uno tiene las suyas y casi todas son respetables, fíjense en el nivel de las cabezas que allí se reunieron. Y salvo alguna excepción, que quizás la haya, eviten las comparaciones, que ya se sabe que son odiosas. Sobre todo para uno de los comparados.

Se nos avisa un otoño caliente. Si fuere así, debería ser el momento para que los grandes partidos se pongan de acuerdo en intentar sacar esto adelante. Lo de tener que andar comprando votos a minorías como las de Bildu, aún sabiendo que vienen con las manos manchadas, cada vez nos convence menos a más. Probablemente tampoco convenza al sentido común.

Lo siento, empecé recordando a Miguel Ángel Blanco y acabé hablando de otras cosas. Una me llevó a la otras.

Compartir el artículo

stats