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Políticamente correcto

Se traza una línea, y si no estás de esa línea hacia allá, simplemente se te insulta y listo

Este no es un artículo de política; ni sé, ni querría hacerlo. Lo de la política es algo que se nos hace demasiado complejo a las mentes simples. Quiero ir a otra cosa. Algo que, creo, roza más el sentido común que los planteamientos políticos. Sobre todo, de los actuales.

El otro día estuve viendo la entrevista que hicieron en televisión a Alfonso Guerra. Muchos chavales de los que hoy ya pueden votar posiblemente no sabrán quién es. Tampoco lo verán en los libros de texto de historia, si es que quedan. También posiblemente estos chicos que ahora nos gobiernan tampoco sepan bien quién es y el papel que él y otros como él desempeñaron en la labor de devolver la democracia a nuestra nación.

Vamos a ver: estamos hablando de uno de esos políticos cuya línea ideológica te podrá gustar o disgustar, pero que en el momento en que les tocó dar un paso al frente tuvieron claro que en el barco de España o remábamos todos juntos o ese barco no iba a ninguna parte. Y todos juntos se pusieron a remar. Quizá se pudo haber hecho mejor, claro, pero bastante hicieron con las cartas que tenían. La cosa es que partidos políticos históricos, como el socialista y el comunista, a los que les tocó dejarse bastante sangre en las cunetas, sin que olvidemos eso de que todas las carreteras tienen dos, tuvieron claro que no quedaba otra que mirar hacia delante y que ya estaba bien de andar a leches con tu vecino. Y lo consiguieron, redactando una Constitución que nos amparaba a todos. Nuestros rivales políticos no eran enemigos, eran adversarios con los que después te ibas a tomar un café, contó Guerra, mientras también recordaba que esos de Bildu sí que son sus enemigos, que ellos o los de su camada mataron a mucha gente, a amigos, a compañeros de partido, y que ahora están ahí, socios del poder.

Escuchando a políticos como Guerra uno se refuerza en la idea de que lo que está pasando no es para nada positivo, que parece que se quiere volver a lo mismo; que se está cometiendo la inmensa torpeza de convertir en enemigo al que no piense como tú; que alguien ha trazado una línea de lo políticamente correcto y si no estás de esa línea hacia allá, simplemente se te insulta y listo. Se trata de intentar convencer de que hay que pensar forzosamente lo que "corresponde" a la postura supuestamente correcta. De ahí la frase de Guerra de que lo políticamente correcto es antidemocrático.

Como tampoco es para nada positivo que si el poder judicial, que evidentemente tiene que ser absolutamente independiente, plantea la probable ilegalidad de la ley de amnistía, se mande a los chavales de Sumar a llamar prevaricadores a los jueces que no actúen como ellos quieren que actúen y a intentar apartarlos para que no estorben. Como tampoco es para nada positivo mandar a nadie a protestar o a manifestarse a la puerta de la casa de nadie si no estás de acuerdo con la forma de pensar o de actuar que tienen. Hay otras maneras.

Creo también que ni unos pueden sentirse legitimados para gobernar por el solo hecho de haber ganado unas elecciones, porque lo que pasa es que en un sistema parlamentario después tienes que pasar el tamiz de las mayorías; ni los otros formar un gobierno a base de negociar lo innegociable con todo lo que se ponga a mano, entre otros con delincuentes a cambio de borrar delitos, porque esas deudas las vamos a acabar pagando los que menos deberíamos hacerlo. El barco de España tristemente vuelve a correr peligro de naufragio; es un barco fuerte que lleva aguantando y superando durante más de doscientos años los golpes que le dan sus propios pasajeros; esperemos que esto no sea más que otra tormenta igualmente superable.

Pues sí, el otro día me gustó lo que dijo Alfonso Guerra y recordar que todavía existen políticos con esa altura de miras. Otra cosa es que se les quiera escuchar. Y en todo caso, si lo que la mayoría elige es echar el candado a "este país", a España, pues habrá que aceptarlo, y punto. Pero después, por favor, que la dejen de una vez descansar en paz.

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