Opinión | El Paragües

Obsesión

El recorrido para llegar a la actual Unión Europea fue difícil y azaroso. Se dieron los primeros pasos el 9 de mayo de 1950, se creó la CECA y setenta y cuatro años después la evolución de la voluntad europea de unidad hace que se sienten en un mismo parlamento representantes de 27 estados. Europa tiene retos importantes con serios problemas demográficos, de medio ambiente, inmigración, dificultades económicas, seguridad y defensa, agricultura y pesca...Cualquiera esperaba que en esta campaña los partidos hiciesen llegar a los ciudadanos sus propuestas para abordar estos problemas que afectan a casi 450 millones de personas. Cada cual emitiría su voto según su acuerdo con las propuestas. Pero no. Los dos partidos mayoritarios se enzarzaron en una campaña que solo abundó en las acusaciones recíprocas a que nos tienen acostumbrados y las palabras que más se escucharon fueron zurdería, fango, corrupción, política judicial, extrema derecha y dale que te pego con lo de siempre. No vimos creatividad alguna para mejorar nuestro presente y diseñar un mejor futuro. No es que no haya programas, es que consideraron que los ciudadanos no estábamos interesados en ellos y su única obsesión era hacernos víctimas de sus propias obsesiones. Escribieron cartas, se hicieron declaraciones amorosas, se abrieron de soslayo posibilidades de mociones de censura y etcétera. ¡Pero no! ¡Que ahora estamos a otra cosa! Da la impresión que en cuanto aparece una urna hay personas que pierden los papeles. Y es una pena. En los programas de los partidos mayoritarios, que suman más de 130 páginas, hay propuestas que muchos suscribiríamos. Con tres horas de lectura podríamos enterarnos. Pero nada, qué le vamos a hacer. Otra vez la burra al trigo.