Opinión
De sorpresa en sorpresa
Hemos concluido y empezado el año con preocupación, sorpresa y muerte; ya en la capital del dinero, Suiza, con sus muertes de Nochevieja, más de cuarenta y muchos heridos, más de 115, algunos de gravedaden la estación de esquí de Crans-Montana; y sin recuperar del impacto de la tragedia suiza, cuando uno se creía inmortal y destinado a grandes empresas, hoy 3 de enero, festividad del Santísimo Nombre del Señor, una noticia insólita y preocupante sacude las pantallas de los televisores y nos deja a todos un mal sabor de boca y es que la unidad de élite del ejército americano ha quitado del poder y trasladado a EEUU al hasta entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa. ¡Vaya inicio de año!
Uno que esperaba que el respeto a la ley iba a ser la norma imperante en la sociedad del siglo XXI, observa con temor como se incumple sistemáticamente y que el lenguaje de las armas se impone a la fuerza de la Ley. Y de ello tenemos muchos ejemplos en la vida nacional, europea y mundial- véase el caso de Ucrania-. Los intereses geopolíticos de las tres grandes potencias mundiales (EEUU, China y Rusia) que se reparten el mundo lo condicionan todo, hasta las campañas de concienciación o propaganda a llevar a cabo; tan pronto se es pacifista o belicista según interese a su cuenta de resultados o partidario de la energía atómica o su oponente.
En el caso de Venezuela, la tierra de adopción de mi vecina Casimira y de muchos patriotas más,- se habla de más de cinco mil asturianos en pleno Caracas- no había la deseable estabilidad, y los desencuentros y vaivenes eran diarios y de ello tenemos cumplida información. El pasado 28 de julio de 2024 se celebraron las Elecciones Generales en Venezuela y el presidente electo Edmundo González Urrutia ganó ampliamente y no sólo no pudo jurar su cargo, sino que tuvo que irse al exilio, concretamente a Madrid… Y nadie de los sectores tradicionalmente denominados de izquierda hizo algo para que se respetara el resultado electoral, se revertiera la situación y el Gobierno mantuvo una actitud de bajo perfil, que pasen los días... Uno puede ser del partido que le dé la gana, pero los números cantan -votos-, y los hechos denuncian. Se calcula que el número de emigrantes venezolanos en España alcanza el número de 700.000 personas, cantidad excesiva que algo indica, pues uno no se va alegremente de su tierra, salvo que le obliguen las circunstancias De todos es sabido la vinculación de muchos políticos españoles con venezolanos, contactos, intermediación, negociaciones, ventajas, beneficios... Por no hablar del aeropuerto de Barajas y la vicepresidenta Delcy Rodríguez…
España no puede mantener una actitud de silencio y de dejadez en Hispanoamérica, ya que son muchos los lazos culturales y de identidad que tenemos con ella, pues que haya más de 600 millones de personas que hablemos español supone una gran fuerza, un gran apoyo, un gran estímulo, y más ahora en el tema venezolano, y más aún cuando nuestras principales exportaciones tienen como destino la madre-patria.
En un país democrático el respeto a la Ley y a la soberanía popular expresada en las urnas deben ser principios básicos en el ejercicio de la acción política. No tiene justificación alguna saltarse la ley, no cumplirla. Y en España últimamente parece que persiste la idea de tener secuestrada la soberanía popular, antes que dirimir la difícil situación que se vive mediante las urnas, para que el ciudadano exprese su opinión.
Estas fiestas navideñas las he pasado en mi pueblo Traspando y el día de Nochevieja, uno de mis nietos, al oír tantas veces eso de “Feliz año”, pensaba que esa noche cumplía años. ¡Qué cumplamos años todos los días, pero con noticias positivas, esperanzadoras, en las que mande más el amor que el odio, la ayuda que el desprecio!
Hace unos días comentaba con un amigo que si fuéramos solidarios, si tuviéramos buenas redes de distribución y ayuda no habría hambre en el mundo. El problema viene de la excesiva acaparación, de pensar que uno come al día más de tres veces. Con gran acierto el presidente Lula en su primer mandato utilizó como slogan de campaña: “Fome cero”.
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