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Prohibir

Hay una ley según la cual una teoría y su opuesta son sustentables si se consulta suficiente número de expertos. Cuando me dediqué a la noble profesión de la enseñanza me harté de oír que a nivel pedagógico prácticamente todo se puede justificar. Leo en este periódico que un centro educativo de Pola de Siero ha prohibido jugar al fútbol en los recreos. Se argumenta la decisión porque la prohibición "favorece la igualdad entre niños y niñas, reduce conflictos, ayuda a organizar los espacios...". Esto cada vez es más difícil. Menudos tiempos aquellos en los que en los recreos coincidían casi 1.500 alumnos, jugando al fútbol, saltando a la cuerda, jugando a la goma, al cascayu, corriendo... y se organizaban los espacios en los mismos patios. Cierta vez prohibimos. Se les ocurrió a aquellos "guajonos" de octavo de EGB, burros como ellos solos, jugar al "churru" saltando unos sobre los otros que hacían de caballo y preguntando por el ojo, tijera navaja. Nos pareció excesivamente peligroso. Consulto la IA sobre los beneficios de jugar al fútbol en los recreos y dice que aporta numerosos beneficios físicos, sociales emocionales y académicos. Continúa sobre su ayuda para educar la resiliencia y la autoconfianza. Hasta indica su aportación para la mejora de la concentración, atención y creatividad. Y más. No es que me lo crea, pero tampoco me creo otras cosas. La cuestión es que una teoría y su opuesta se mantienen con criterios de expertos. Si se nos hubiese ocurrido entonces prohibir el fútbol seguro que Montse Tomé no había llegado donde llegó. Ella no estaría de acuerdo. Esperaba como agua de mayo el recreo para poder jugar al fútbol con sus compañeros.

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