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Acudió a mí porque guardaba recuerdos favorables de mi relación con él en el Carbayín de finales de los sesenta y para comentarme su deseo de que le hiciese la presentación de uno de sus libros. En ese reencuentro con mi juventud pude constatar que las personas que se hacen a sí mismas tienen un mérito inconmensurable. Con menos edad que la mía, unos cuatro años menos, guardaba de él el recuerdo de un adolescente preocupado que intentaba comenzar libre sus estudios de bachiller, porque una vida infantil donde se instaló la orfandad paterna y la penuria económica le habían hecho empezar a trabajar cuando un incipiente bozo sombreaba su labio superior (bozo que hoy es cano y poblado bigote).

Y pasaron más de cincuenta años hasta el reencuentro hace apenas un par ellos. Supe entonces de su vida dedicada a la protección sindical de los trabajadores, de su inquebrantable ética en la defensa de los derechos de los asalariados y de su compromiso con la política. Su involucramiento en la vida política hizo que en 1987 fuese elegido concejal del Ayuntamiento de Siero. Sé que la enfermedad y las dificultades rondaron su familia y sé de su manera madura de enfrentarse a las adversidades. Seguro que muchos sierenses lo conocen. Estoy hablando de Marcelino Carretero y no puedo menos que alabar su empeño por superar el mundo de lo ordinario. Su escondida vocación literaria ha hecho posible que haya publicado varios libros que muestran su inquebrantable compromiso con la vida y la historia. Marce, ¡enhorabuena!

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