Opinión
Memoria, gestión y tensión
Hay días que marcan semanas, meses, años y vidas. Y esto me ha ocurrido el pasado domingo 18 de enero del 2026, a las 12 del mediodía, cuando con un grupo de compañeros de la AEX (Asociación de ExAlcaldes y ExAlcaldesas) nos dirigimos a Sotrondio, a su Ayuntamiento, a expresar nuestro pesar por la muerte de Don Graciano Torre González, exconsejero y exalcalde de la localidad. Persona muy querida y próxima como testimonia la multitud de personas, de toda tendencia y condición, que testimonian su afecto a la familia, con su mera presencia respetuosa y afectiva; y entre el dolor, el silencio, se mezclan vivencias, recuerdos y anécdotas que enaltecían al difunto y que evidencian su categoría humana. Fue socio fundador de nuestra asociación.
El dolor y el agradecimiento me convocó en Sotrondio, pero lo que menos esperaba era un viaje a la memoria, y esto se produjo apenas aparqué en una calle céntrica, cuya placa respondía al nombre de “Calle Jacinto Benavente”, el que escribió “Los interés creados”, cuyo pícaro personaje Crispín le dijo a su señor Leandro que en toda ciudad del mundo hay dos ciudades, una para el que llega con dinero y otra para el que llega como nosotros. Palabras que recuerdan otras del ilustre moscón Valentín Andrés Álvarez cuando en uno de sus artículos nos dice que le gustaría ir a París, y al preguntar a un amigo si costaría mucho, éste le responde que depende del París que quiera ver. Pocos pasos más allá me encuentro con la calle Doctor don Vicente Vallina, que me evocó uno de los actos más importantes que presencié y viví en mi vida política y fue el homenaje que se tributó a las monjas del Sanatorio Adaro, con motivo de su despedida y éste, después de la Santa Misa de agradecimiento al Señor, se celebró en el salón de actos del Club de la Montera, en Sama, y contó dos intervenciones magistrales, inolvidables, a cargo de dos autoridades académicas y de gran categoría humana, don Vicente Vallina García y Don Luis Adaro Ruiz- Falcó´. Siempre es de agradecer que las calles y edificios de una ciudad transmitan el espíritu de sus vecinos y ayuden a comprenderla y entenderla.
En aquel homenaje don Vicente Vallina, el sotrondino de San Pedro y conocido comúnmente “el médico de los mineros”, médico, traumatólogo y director en su día del Adaro, con su habitual lucidez y carga humana evocó sus inicios en el sanatorio y la necesidad de ser médico de todo y para todo, pues así lo exigían la variedad de accidentes y las dificultades del momento. Escucharle fue un auténtico privilegio y avala lo que siempre se decía y hablaba de él, su saber, su entrega y disponibilidad; a la hora más inesperada aparecía por la habitación para animar al paciente, a darle confianza, seguridad, alivio. La última vez que le vi, le recuerdo entrando por la puerta del Hospital del Valle del Nalón, con su maletín y a una hora temprana y saludando jovialmente a toda persona que se encontraba. Era pura humanidad y entrega, y de ello da fe esta placa de esta calle de Sotrondio. Concluyó el acto con la intervención de don Luis Adaro Ruiz-Falco, prestigioso ingeniero y humanista, erudito, que se centró en los aspectos familiares y en la importante labor desarrollada en el sanatorio y en la abnegada labor llevada a cabo por las monjas. Terminó su brillante exposición con unas rotundas palabras que se han alojado desde entonces en mi cabeza: ”He dicho”.
Si la mañana de ese domingo fue de despedida, de reconocimiento y agradecimiento a un buen político y a una buena persona, socio fundador de la AEX, y asimismo un viaje inesperado a la memoria provocado por placas de calles y recuerdos, la tarde noche tuvo un matiz más trágico, más desolador y es que los informativos de televisión informan que en la estación cordobesa de Adamuz, un tren de alta velocidad descarriló y deja un triste balance de fallecidos. Mis palabras quieren ser de solidaridad, apoyo a las víctimas y sus familias, y de agradecimiento a todas las personas que hayan contribuido con su esfuerzo y cercanía a aliviar tanto dolor y en situaciones tan extremas, cuando más se necesita, y por supuesto sé que el mejor homenaje que se les puede rendir a todos (fallecidos, familias, heridos), es que prevalezca la verdad y se depuren responsabilidades si las hubiera.
Han pasado apenas siete días desde entonces y podría plantear dudas, preguntas o cuestionar informaciones, pero me conformo con recordar que los ciudadanos no somos tontos, y que quien más y quien menos, sabe que gestión y tensión no van de la mano y que la mayoría de los fracasos en la vida vienen por querer adelantar los éxitos. Los españoles no merecemos que se nos mienta, y últimamente es una actividad muy recurrente, basta tirar de hemeroteca.
P.D
”No hay espacio más ancho que el dolor”
“La verdad es amargo movimiento”
(Pablo Neruda)
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