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El gambito de la vida

Carta a una madre con párkinson

Nota.- Significado de “gambito”: en ajedrez, sacrificar material, generalmente un peón, al inicio de la partida para conseguir una posición mejor.

 Querida Eva:

El pasado 11 de abril, con motivo del Día Mundial del Párkinson, leí tu historia. Y desde entonces llevo dándole vueltas a una idea sencilla y enorme: hay personas que, incluso cuando todo empuja hacia abajo, se empeñan en tirar hacia arriba. Y no, no es una metáfora. Es algo mucho más concreto. Porque hay que tener coraje, y del bueno, para escuchar, siendo tan joven, un diagnóstico que asusta, que limita, que pone condiciones… y aún así decidir que la vida no se negocia. Que se vive. Que, si hace falta, se multiplica. Y tú, Eva, decidiste ser madre.

 Así, dicho rápido, parece una frase más. Pero no lo es. No lo es cuando el cuerpo no siempre acompaña, cuando el futuro se vuelve más incierto de lo habitual, cuando todo alrededor invita a la prudencia, a la renuncia, a dejarlo para otros. Y, sin embargo, ahí está tu hijo.

Por eso te escribo. Para darte las gracias. Gracias por no aceptar que la enfermedad tenga la última palabra. Gracias por demostrar que la fragilidad no está reñida con la fuerza. Gracias por recordarnos que hay decisiones que no se toman con la cabeza, sino con algo bastante más profundo.

Vivimos tiempos raros, Eva, ya sabes. Tiempos de ruido, de guerras, de trampas. Tiempos en los que a veces parece que todo se mide en términos de utilidad, de comodidad, de cálculo. Y entonces aparece alguien como tú y rompe el guion. Porque traer vida al mundo, y haberlo hecho así, es una forma de resistencia. Una manera de decir que todavía merece la pena. Que no todo está perdido. Que, a pesar de todo, seguimos siendo capaces de lo mejor. Y de recordarnos, además, lo extraordinariamente bien hechas que estáis las madres.

Y leyendo tu historia me acordé también de Alejandro, tu marido, y permíteme que te cuente una anécdota que imagino ya conocerás. Coincide que hace años fuimos compañeros del equipo de ajedrez de Siero, y una vez, la cosa fue así, lo dejamos atrás sin querer. De aquella los equipos eran de ocho tableros, nos tocaba ir a jugar a algún lugar lejos, y nos olvidamos de recogerlo en la estación de Oviedo. Cosas de otro tiempo, sin móviles ni remedio. Llegamos a jugar sin él. Y, con esa mezcla de rabia y vergüenza que te espolea, ganamos siete a cero. A aquello lo bautizamos como “El gambito Alejandro”. Él, por cierto, no se enfadó. Supo estar por encima, como hacen las personas que entienden bien de qué va esto.

Sí, supongo que de eso va todo. No de evitar las dificultades, sino de decidir qué hacemos con ellas. No de tenerlo fácil, sino de tenerlo claro. Por eso esta carta. Porque en un mundo que se empeña en lo contrario, tú has elegido repartir vida, de la buena. Y eso, aunque no lo parezca, nos alcanza a todos.

Gracias, Eva. Y cuídate. Pero de esa manera tuya, que no consiste en protegerse del mundo, sino en saber mejorarlo.

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