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Como la primavera ya asomó lo suficiente, quienes tenemos aficiones agrícolas comenzamos las tareas. Fesoria en mano, cada terrón lleva a una reflexión sobre los cambios que en los últimos cincuenta años se introdujeron en las labores de los huertos familiares. Ahora ya no se recogen apenas semillas del año anterior para siembra y los agricultores aficionados, de sofá y bandeja de plántula, prefieren la compra de plantas ya nacidas, rompiéndose el ciclo de conservación de especies añosas que procedían de la tradición familiar. Como uno tiene cierta sensibilidad hacia la historia sigue haciéndolo como antaño.

Lo que es imposible es mantener los procedimientos generales porque la naturaleza ha dado un giro copernicano. Al poco de sembrar las patatas me vi obligado a electrificar el recinto porque el jabalí rondaba, a pesar de estar el huerto cerrado. Ya "prendido" el cebollín casero, hube de aplicar molusquicida para que los caracoles no lo devorasen. Puse los tomates y preventivamente los sulfaté para evitar el mildiu.

Los arbeyos hubo que protegerlos, calabacines, fréjoles y demás exigen atenciones que anteriormente no eran tan exigentes. ¡Y veréis lo que va a pasar con les fabes!. Total, que se va quitando la gracia de poder recoger del huerto los productos de kilómetro cero para llevar a la cocina. Jabalís destrozando, ardillas liquidando nueces y avellanas, tejones agujereando y colocando letrinas con cientos de excrementos, caracoles, limacos y demás fauna, que se ha desarrollado exponencialmente van a conseguir que colguemos la fesoria.

Luego hablaremos del abandono rural. Alguien, conocidas mis aficiones, me regaló un reloj debolsillo Rosskopf que pone en la esfea "Agricultor". Decidí dejar de darle cuerda.

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