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Penas o alegrías

Sinceramente, me sentí incómodo al conocer la sentencia del "caso Mascarillas". Es evidente que las personas implicadas lo hacían fundamentalmente por dinero. Y aunque no está clara la cantidad del aprovechamiento, se estima en varios millones de euros. Otra cosa es lo que el Tribunal Supremo pudo probar. En todo caso Koldo tuvo un incremento patrimonial no explicable de 1,5 millones de euros y a Aldama se le estima un embolso de 3,7 millones que repartió según parece. Ábalos no sé, porque muchas cosas se escapaban por rajas de faldas.

Lo que me pide a mí el cuerpo es que reintegren a la sociedad la totalidad del dinero que supuso el pelotazo y eso sería hacer pagar con lo que más valoran. La cárcel supone incrementar el coste social de estas personas. Cada interno nos cuesta a los ciudadanos diariamente entre sesenta y ochenta euros, más de veinticinco mil euros anuales. Así que seguimos pagando por ellos.

Respecto a Aldama a mí en la escuela nunca me gustaron los chivatitos de los amiguinos, pero cuando la cosa se pone muy fea hay quien canta más que Pavarotti. Y además es una cantada aplaudida y con caché porque no tendrá que devolver los beneficios obtenidos de los contratos con el Ministerio de Transportes.

Aunque oí cosas como "muy guapo, que vayan a la cárcel" también oí a quienes decían "que se queden sin un duru y tengan que vivir de la caridad, a ver qué les dan". Sabemos que la Justicia hace todo lo que es posible para que los delincuentes hagan la reparación de los daños causados y la leyes determinan qué tipo de penas corresponden a estos delincuentes. El cuerpo nos pide otra cosa, imposible, lo sé, pero al menos podemos gritar lo que deseamos. ¿O no?

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