Opinión
Grandes
Lo que enseñan las victorias y las derrotas
Si existiera una competición olímpica para ver deporte desde el sofá, creo que podría aspirar a algo grande. No digo medalla, porque siempre hay alguien mejor preparado, pero algún diploma igual sí que me caía.
Estos días ando viendo el Mundial de fútbol. Y, como ocurre siempre que llega un gran campeonato, asistimos a esa ceremonia repetida de la victoria y la derrota. Unos continúan soñando con levantar la copa. Otros recogen las botas, hacen la maleta y emprenden el viaje de vuelta a casa. Pero, curiosamente, el partido no siempre termina cuando pita el árbitro.
No; hay unos minutos después que, para mí, son los verdaderamente importantes. Son esos minutos de los abrazos, los gestos, las miradas… y también del respeto: el de los vencedores que saben ganar sin humillar al rival o el de los vencidos que saben perder sin buscar excusas ni culpables. Puede parecer algo sencillo, pero creo que ambas cosas requieren una grandeza extraordinaria.
Os cuento una pequeña historia que recuerdo a menudo y que puede resumir lo que quiero decir: penúltima etapa del Giro de Italia de 2016. El colombiano Esteban Chaves defendía el liderato frente a un italiano, Vincenzo Nibali. Corrían en Italia. Y cuando un italiano puede ganar el Giro, el país entero acaba pedaleando con él. A Nibali solo le quedaba atacar. Y atacó. En la última subida dejó atrás al colombiano. Ganó la etapa. Ganó el Giro. Ganó por apenas unos segundos, pero ganó. Cuando llegó a la meta, agotado, se dejó caer sobre el manillar.
Entonces aparecieron dos personas: un hombre con una sencilla camisa blanca y una mujer con una camiseta rosa. Eran los padres de Esteban Chaves. Su hijo acababa de perder el Giro de Italia. Podían haber corrido a abrazar a su hijo. Podían haberse marchado en silencio. Podían haber maldecido la mala suerte. Pero hicieron exactamente lo contrario: caminaron hasta Nibali, se acercaron a él y simplemente le dijeron en castellano:
- ¡Grande, Nibali! ¡Eres un gran campeón! ¡Grande!
El italiano levantó la cabeza. Entendió enseguida quiénes eran aquellas dos personas y las abrazó. La televisión apenas mantuvo aquella imagen unos segundos. No necesitaba más. Las imágenes importantes nunca necesitan demasiado tiempo. Y yo comprendí que acababa de asistir a una victoria mucho mayor que la de ganar cualquier carrera. Porque la victoria enseña quién es un buen deportista, pero la derrota enseña quién es una persona.
Todos celebraremos alguna victoria. Y todos perderemos alguna carrera importante. Lo que acabará diciendo quiénes fuimos no será el número de trofeos que levantemos. Será la altura con la que soportemos los días en que nos toque perder.
Por eso sigo viendo deporte. No por los goles, ni por los récords, ni siquiera por ver quién acaba ganando. Lo hago por esos treinta segundos que llegan cuando todo ha terminado. Porque es ahí cuando uno descubre que los campeones son quienes ganan una competición, pero los grandes... los grandes son quienes consiguen que su derrota merezca ponernos en pie y aplaudirles.
Es lo que hay.
Pd.- Está noche juega España las semifinales del Mundial. ¿Qué os parece si eso de ser grandes lo dejamos para otro día?
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