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Opinión | Es lo que hay

El punto negro

Sobre esos malos momentos de la vida

 Hay días en los que una sola noticia parece tener fuerza suficiente para borrar todas las demás.

Da igual que el sol siga saliendo, que el café conserve el mismo aroma o que la familia o los amigos sigan ahí. Basta una llamada, una prueba médica o una palabra pronunciada con demasiada prudencia para que todo el paisaje de nuestra vida se reduzca, de pronto, a un único punto.

Esta semana le ha ocurrido algo así a una persona cercana. Y al saberlo me acordé de una mañana de colegio que había permanecido dormida durante muchos años. Aquel día el profesor entró en clase con un folio para cada alumno. No había preguntas. No había dibujos. Solo una hoja completamente blanca con un pequeño punto negro en el centro.

- Tenéis una hora para hacer una redacción sobre lo que veis en ese folio.

Nos quedamos desconcertados. ¿Escribir? ¿Sobre qué? Pero él no añadió una palabra más. Yo, para no dejar el papel en blanco, empecé a escribir cualquier cosa. Hablé de geometría, de los círculos, de las figuras redondas... En realidad, escribí mucho sin decir nada. Al terminar la clase descubrí que a mis compañeros les había ocurrido exactamente lo mismo. Cada uno había buscado una excusa distinta para poder hablar sobre algo de aquel punto.

El profesor comenzó a leer algunos trabajos. Cuando terminó, sonrió con esa sonrisa que solo tienen quienes saben que están a punto de enseñar una lección importante.

 - Ninguno lo ha entendido. Levantó el folio para que todos pudiéramos verlo.

 - Todos habéis escrito sobre el punto negro. Nadie ha escrito sobre la parte más grande de la hoja. Sobre todo ese espacio en blanco que rodea al punto negro.

Aquel día aprendimos una lección que tardé muchos años en comprender. Porque la vida suele comportarse exactamente igual: un problema en el trabajo consigue eclipsar cientos de días tranquilos; una discusión hace desaparecer de nuestra memoria miles de conversaciones llenas de cariño; una mala noticia amenaza con borrar todos los motivos que habíamos tenido para sonreír.

No es que el punto negro no exista. Existe. Y sería absurdo negarlo. Hay enfermedades, pérdidas, fracasos, despedidas y miedos. Hay momentos en los que el dolor parece agrandarse tanto que apenas deja espacio para mirar otra cosa.

Pero casi nunca ocupa toda la hoja. Alrededor siguen estando quienes nos quieren, las manos que no nos sueltan, los recuerdos que nos sostienen, las pequeñas alegrías cotidianas, los proyectos pendientes, las risas que volverán y esa silenciosa legión de personas que caminan a nuestro lado incluso cuando nosotros apenas somos capaces de levantar la vista.

Y, sobre todo, sigue estando la esperanza.

Sí, quizá la esperanza sea precisamente eso: la inmensa parte blanca del folio que el miedo nos impide ver. No borra el punto negro. No hace desaparecer las dificultades. No cambia un diagnóstico ni evita una pérdida. Pero nos recuerda que, por importante que parezca, ese punto nunca consiguirá adueñarse de toda la página.

Me gustaría que estas líneas llegaran hoy a quienes están atravesando uno de esos momentos en los que todo parece reducirse a un único punto oscuro. Es normal que ahora solo vean eso.

Pero la vida, como aquel folio del colegio, siempre guarda mucho más espacio en blanco que tinta negra. Quizá ahora sea el momento de empezar a escribir la verdadera redacción: la de todo lo que aún queda en blanco.

Sí, es lo que hay.

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