18 de julio de 2010
18.07.2010
Marino Gómez-Santos, periodista y escritor

«El único sitio donde no he caído simpático ha sido Oviedo y no sé por qué»

«He sufrido mucho por ser joven: el martes te dicen en la redacción que todavía eres joven y que te queda mucho por vivir, pero el miércoles descubres que ya eres un viejo»

18.07.2010 | 02:00
Marino Gómez-Santos, durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA, en su estudio de Madrid. / módem press

Marino Gómez-Santos, periodista y escritor

Marino Gómez-Santos (Oviedo, 1930) fue «autodidacta y sin inquietud universitaria», pero su primera afición, Clarín, le llegó en un tiempo en el que el autor de «La Regenta» todavía era un proscrito, particularmente en Oviedo. «No fue por ir a contracorriente, sino por interés literario», y a los 22 años publicó «Clarín. Ensayo biográfico», con prólogo del doctor Marañón. Aquel libro le cerró y le abrió puertas al mismo tiempo. «El único sitio donde no he caído simpático ha sido Oviedo, no sé por qué, porque siempre he tenido facilidad para relacionarme». Con aquella obra bajo el brazo, el periodista José Antonio Cabezas -«mi segundo padre»- le lleva a Madrid, a dictar una conferencia en el Centro Asturiano. El libro también será su tarjeta de presentación ante Azorín o César González Ruano. Este último le elogia públicamente hasta que Emilio Romero le llama al diario «Pueblo» y le pregunta: «Usted, ¿qué sabe hacer en periodismo?». Marino Gómez-Santos rememora hoy cómo «no podía arrugarme en aquel momento y le dije que de todo».

Es entonces cuando inicia una serie de extensas entrevistas biográficas y literarias con los personajes españoles del momento, lo cual le proporcionó gran prestigio. «No es que les hiciera una entrevista; es que hice amistades que duraron toda una vida». Escribe su primer libro en Madrid, «Crónica del Café Gijón» (1955), que disgustó a algún cliente. Entre entrevistas y contactos, «las personas que más huella han dejado en mí han sido Marañón, Baroja y, humanamente, Severo Ochoa». Al primero le dedicará con el tiempo «Vida de Gregorio Marañón», obra que será Premio Nacional de Literatura en 1971. Y con Severo Ochoa y su esposa Carmen -«que le quitaba a él los moscones de encima»-, romperá el hielo diciéndole a ella: «Porque yo sea de Oviedo y usted de Gijón no tenemos por qué llevarnos mal». Sobre Ochoa publica hasta ocho libros y será su albacea y secretario de la Fundación Carmen y Severo Ochoa.

Después de que su oficina de trabajo fuera «el vestíbulo del hotel Palace», y tras más de un centenar de entrevistas para «Pueblo», cada una publicada a lo largo de una semana, «pensé que el limón estaba ya muy exprimido, pero Romero me dijo que empezara con Charlot, la reina Victoria Eugenia, Hemingway...». Con el autor de «Por quién doblan las campanas» había intimado anteriormente, «cuando él supo que yo había escrito un libro sobre Baroja y me llamó y estuvo preguntándome cosas suyas hasta las cinco de la mañana». Cuando a Hemingway le robaron 9.000 pesetas cogidas con un prendedor de plata que le había regalado su hijo, «le dolió tanto que le hice la entrevista y el prendedor apareció a los pocos días en el buzón de la casa de Antonio Bienvenida».

Para llegar hasta la reina Victoria Eugenia, «su hijo, don Juan, me animó en Estoril». «Me encanta lo que me propone usted y yo les digo a los chicos que hablen con ella y que le saquen cosas, porque es testigo de las últimas Cortes de Europa, pero a ellos lo que les interesa es el deporte», le comentó don Juan. Marino Gómez-Santos ha publicado 54 libros, sobre todo biografías. Además de «Pueblo», trabajó para «ABC», «Madrid», «Ya», «Blanco y Negro», «Gaceta Ilustrada, «Mundo Hispánico» o «Tribuna Médica». Recibió el premio «Julio Camba» en 2004. «Me fallaron muy pocas entrevistas: Picasso o Luis Miguel Dominguín». Su contacto con numerosos toreros clásicos le condujo a este último, que se resistió a la entrevista con Gómez-Santos al tiempo que el torero iniciaba su relación con Lucía Bosé, «cuya belleza me dejó absorto». Sin embargo, «él casi la torturaba; un día cenamos los tres y Dominguín le dijo: "¿Has decidido ya si vas a dedicarte a hacer cine o a criar?, porque si vas a hacer cine tienes que prescindir de ese segundo plato"».

«Voy a cumplir 80 años y cada día deseo que amanezca para ponerme a trabajar. He sufrido mucho por ser joven: el martes te dicen en la redacción que todavía eres joven y que te queda mucho por vivir, pero el miércoles descubres que ya eres un viejo». Estas «Memorias» de Marino Gómez-Santos -que para su infancia y juventud se remite a su libro «En busca de mi Oviedo perdido»-, continuarán mañana, lunes.

Pasa a la página siguiente

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook