24 de octubre de 2010
24.10.2010

La Meseta también huele a sidra

Tres explotaciones, en Santa María del Condado (León), Puebla de Sanabria (Zamora) y El Barco de Ávila, mantienen un vínculo con Asturias gracias a su tradición manzanera

24.10.2010 | 02:00
Brígida y Jesús Collado, en una de sus fincas en Lancharejo, en La Carrera (Ávila). / e. g.

Esteban del Dedo se planteó la producción de sidra a base de ver manzana perdida a pie de pomares. «Recuerdo que se lo comenté a mi padre: A usted qué le parece. Y él me dijo que adelante». Eso fue hace doce años y su primera y simbólica producción se quedó en 260 litros. Hoy cuenta con una empresa consolidada, una nave en cuya construcción se han invertido casi doscientos mil euros, y una producción que este año rondará -calcula- los 54.000 litros de sidra.


El caso no sería extraordinario a no ser por el entorno. La «fábrica de sidra» de Esteban se ubica en Hermosillo, un pueblo muy cercano a El Barco de Ávila, muy cerca de la capital abulense y a unos 185 kilómetros de Madrid. Estamos a una altitud que ronda los mil metros. La producción sidrera de El Barco no es única en la comunidad vecina. Otro «llagar» funciona a pleno rendimiento en Puebla de Sanabria (Zamora) y una tercera firma lo hace desde Santa María del Condado, en la provincia de León. LA NUEVA ESPAÑA ha visitado estos tres pequeños santuarios de la sidra en Castilla y León, cuyos promotores mantienen larga y amplia relación comercial con el sector en el Principado. En años buenos, entre todos se acercan a las cien mil botellas, uniendo las producciones de natural y champanada.


Esteban del Dedo comercializa la marca El Pomar de Gredos, y es que la sierra está a un paso. Su promotor no tiene relación familiar con Asturias, pero ha nacido, crecido y vivido en una zona de tradición manzanera. Lo que comenzó a finales de los años noventa con un «a ver qué pasa» se ha convertido en una empresa de referencia para el mercado de la manzana de sidra en la comarca de El Barco, que dicen que llegó a generar en un buen año hasta quince millones de kilos. La realidad actual es bien distinta, pero todavía hay quien apuesta por una tierra fértil y sorprendentemente verde.


Es el caso del agricultor Jesús Collado Bermejo, que se dedica a la producción de manzana, tanto de sidra como de mesa. En una de sus fincas, de apenas media hectárea en el barrio de Lancharejo, calcula que saldrán en los próximos días unos dos mil kilos procedentes de un centenar de árboles. La de mesa, tipo Reineta, la venderá entre 40 y 80 céntimos el kilo. La cotización del precio de la manzana para sidra anda por los 15 céntimos. Collado está orgulloso de su finca: «Decían que era tierra mala, por demasiado húmeda, pero yo esta finca la conocía bien, hace cinco años que la exploto y hasta ahora muy bien».


«Yo nací aquí -explica Jesús Collado-, pero viví fuera muchos años. Volví porque esto me gusta», aunque la temporada se presenta floja. «Heló cuando no tenía que helar. Además, las manzanas de antes aguantaban mejor el frío». Si tiene suerte, llegará a producir unos 5.000 kilos de manzana procedentes de distintas explotaciones, todas de escasa extensión.

Los veteranos del lugar recuerdan que hace unos treinta años hubo una iniciativa empresarial para construir una fábrica de producción de sidra, pero la cosa quedó en nada. Con el paso del tiempo y la jubilación de muchos de los agricultores se perdieron miles de manzanos. «Ahora un año bueno genera un millón y medio de kilos en toda la comarca».


El problema no sólo está en las jubilaciones y el escaso relevo generacional, sino en la falta de concentración parcelaria que favorece el minifundio y en el deteriorado estado de los caminos rurales. La Carrera, Navatejares, La Nava del Barco, Navamediana, Bohoyo, Tormella o Beceras siguen siendo, no obstante, pueblos que estos días huelen a manzana.


Los años dorados de la manzana de sidra en El Barco de Ávila sirvieron para generar riqueza al pueblo gracias a las exportaciones al Norte, a Asturias, pero también al País Vasco. De aquí se llevaban manzanas empresas tan asturianas como Mayador o El Gaitero. «Era una época muy buena, te llegaba el cliente y te la compraba sin cogerla del árbol. Llegaban con sus cajas y para Asturias». La falta de mercado ha llevado a que muchas especies tradicionales de la zona estén a punto de desaparecer: Pero Mingán, Melapios, Tortilleros, García Agria, Camuesa Castellana... Dice Jesús que «conservo un solo manzano de algunas variedades... por si esto cobra auge».


En su particular «llagar» en forma de nave industrial, siete depósitos de 7.500 litros de capacidad cada uno, le servirán a Esteban del Dedo, profesor de Religión en el Instituto de El Barco de Ávila, para fabricar la sidra de este año. Hace sidra natural, algo de sidra espumosa y vinagre. Para los amigos también fabrica un licor de sidra con sabor muy sugerente.


Las botellas le llegan de Burgos, verdes como la de sidra asturiana pero con otro tipo de formato («es que el de Asturias está registrado y no me dejan usarlo»), los corchos son de Extremadura y la manzana exclusivamente del entorno de la sierra de Gredos, uno de los objetivos que quiere mantener, aunque sólo sea para hacer patria. Este año trabajará unos 70.000 kilos de manzana, empezó a prensar esta semana y finalizará dentro de un mes aproximadamente. Está contento con el devenir del negocio: «Las ocho mil botellas que saqué hace dos años están todas vendidas». Vende la botella de sidra a tres euros y la de vinagre de sidra, a un euro y medio.


Cuando comenzó su negocio, en un antiguo gallinero, la trituradora de manzana salió, de milagro, de las piezas de tres máquinas distintas. Eran otros tiempos, el negocio ha florecido y la sidra corre. ¿Y cómo sabe? Para el que no sea un experto, la respuesta es fácil: como la de Asturias.

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