02 de octubre de 2011
02.10.2011

El Nueva York que salvó Jacobs, 50 años después

El libro «Muerte y vida de las grandes ciudades», reeditado ahora en España, modificó los criterios de crecimiento urbano

02.10.2011 | 02:00
El Nueva York que salvó Jacobs, 50 años después

Este otoño se cumplen cincuenta años de la publicación de obra «The Death and Life of Great American Cities», primer libro de Jane Jacobs que ahora se reedita en España con el título de «Muerte y vida de las grandes ciudades». Aunque la obra más notable y citada de Jacobs fue «The economy of cities», aparecida en 1969, su primer libro ya contenía la mayor parte de las ideas que esta extraordinaria científica social desarrollaría a lo largo de toda su vida. Economistas, sociólogos y planificadores urbanos han bebido de la fuente de conocimiento aportada por la genial Jacobs. A pesar del tiempo transcurrido la obra de Jacobs sigue plenamente vigente cincuenta años después como muy bien saben, entre otros muchos, Glaeser, Florida o Polèse, considerados algunos de los mejores economistas urbanos de nuestro tiempo y que siguen desarrollando y formalizando las magníficas ideas aportadas por Jacobs.

Jane Jacobs nació en 1916 en una pequeña ciudad del Estado de Pensilvania (Estados Unidos). Estudió en la Universidad de Columbia, en Nueva York, en una época en la que la presencia de las mujeres en la Universidad no era muy habitual. La Columbia está ubicada en el Upper Manhattan, junto al West Bronx. Hoy en día este es uno de los barrios más emblemáticos de Nueva York, donde se han rodado la mayor parte de los exteriores de la exitosa serie «Sex in the city». En la época en la que Jacobs vivió allí, el West Bronx era la capital del jazz, cuna de los mejores músicos de la época, con una vida muy particular y excitante que aún hoy en día mantiene.

Una vez licenciada, Jacobs empezó a vivir de la publicación de artículos de divulgación científica en periódicos y revistas. En esta faceta alcanzó renombre destacando por ser una buena escritora capaz de encontrar las metáforas perfectas para transmitir los avances de la ciencia en un país que empezaba a darle a la investigación científica el justo valor que le corresponde en una sociedad avanzada. Se casó con un arquitecto y fijaron su nueva residencia en el Greenwich Village, un barrio más bien pobre que iba siendo ocupado por jóvenes escritores, artistas, arquitectos y cineastas. Esta joven «clase creativa», como la llamaría Richard Florida tiempo después, se concentraba en este barrio tradicionalmente industrial atraídos por los bajos precios de los alquileres de espacios que hasta mediados del siglo XX habían sido ocupados por talleres de costura, imprentas y almacenes. Estas actividades abandonaban el Greenwich porque necesitaban más espacio y se habían abaratado los costes de transporte desde las afueras, donde podían construir grandes naves industriales. De la mano de los jóvenes artistas que ocupan los viejos almacenes nace el concepto de «loft», que no es más que un almacén industrial convertido en vivienda con gusto creativo. Greenwich atrajo también a homosexuales siendo, unos pocos años después, uno de los puntos desde los que arranca en América la liberación gay.

A finales de los cincuenta, Nueva York empieza a resurgir económicamente recuperándose plenamente de los efectos de la Gran Depresión que tanto daño hizo a esta ciudad. Para impulsar su renacer, el Ayuntamiento neoyorquino planea emprender un gran proyecto que renovaría a la vieja City haciéndola más parecida a las modernas ciudades del centro y oeste del país. Los Ángeles, con sus megaautopistas y un diseño urbano pensado para el automóvil, era la referencia supuestamente a seguir. Entre otros proyectos se propone construir una gran autopista intraurbana que uniría la 57th con Wall Street. Esta gran obra probablemente acabaría con la rica y diversa vida que estaba apareciendo en Chinatown, el Soho y Greenwich Village. Jacobs alza una voz inesperadamente contundente contra este proyecto y lo hace usando toda la fuerza de la economía urbana que por entonces ella misma empezaba a descubrir.

«Muerte y vida de las grandes ciudades» es un precioso libro que presenta y desarrolla argumentos científicos en contra del urbanismo imperante en la época en los Estados Unidos. Jacobs explica multidisciplinarmente las consecuencias de las ciudades hechas para el coche frente a las que se pasean o recorren en bicicleta. Con una claridad increíble, comprende y explica el aislacionismo al que conduce el estilo de vida en barrios periféricos de viviendas unifamiliares. Identifica la importancia de la densidad urbana. Defiende los espacios públicos y la personalidad de los barrios. Entiende que en estos espacios surgen las ideas, se producen las mezclas y nace el arte. Y lo más importante: conecta por primera vez la creatividad artística con la vida urbana y a ambas con el desarrollo económico.

La contundencia argumental de Jacobs frenó el desarrollo del terrible proyecto urbanístico planteado por el Ayuntamiento. La economía urbana había tomado un impulso que mantendrá hasta nuestros días. Cincuenta años después, el tiempo que se sabe que hay que dejar pasar para poder evaluar los aciertos y errores de una política de planificación urbana, los barrios que Jacobs salvó reciben la visita de miles de turistas cada día. En ellos viven los artistas del presente y del futuro. Estos barrios han sido el escenario de numerosas películas de Woody Allen, quien, después de que Jacobs lo explicara, posiblemente es quien mejor haya sabido reflejar lo que allí ocurre.

Tal vez muchos de nuestros gestores urbanos deberían tener muy presentes las enseñanzas que contiene entre sus páginas y alrededor de sus páginas el precioso libro de Jane Jacobs.

Muerte y vida de las grandes ciudades

Jane Jacobs

Capitán Swing

Libros 2011

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