09 de octubre de 2011
09.10.2011

El tren turístico del Camino y de la buena mesa

09.10.2011 | 02:00

Al margen de la ganadería y si el «boom» del ladrillo ni está ni se le espera, Santullano confía en que puede vivir del turismo, pero de otra forma. Esther Martínez está segura de que «los temas de turismo rural» tienen que tirar de la localidad y del concejo. De hecho ya hay ejemplos, como la Casona de Mariñas, con centro medioambiental y colonia para niños. La ventaja que tiene Santullano es el camino de Santiago que atraviesa el concejo, aunque no pase por la capital, y la fama de buena mesa que tiene todas Las Regueras. Aunque en la capital sólo queda la Cabaña de Conde, son famosos en toda Asturias algunos de los restaurantes que rodean Santullano, en realidad verdaderas casas de comida donde pesa más lo tradicional, el «se guisa de comer»: sin ánimo de ser exhaustivos pero centrándose en los más destacados, ahí está La Manduca, en Soto, con los cachopos más grandes de Asturias. O el Tendejón de Fernando en el Escamplero, que también atiende y mima a los peregrinos que se alojan en el albergue vecino. O Casa Florinda, en Puerma, a pleno rendimiento prácticamente todos los días. O la muy premiada Casa Edelmiro, en Biedes. O el gran referente de todo esto, aunque ahora ya con la verja echada, Casa Concha, en el Escamplero.

La localidad oriental de Las Regueras, como se dijo antes, supera, en 77 habitantes, a los vecinos de Santullano. El núcleo urbano, sin embargo, apenas se nota. Han florecido mucho más que en Santullano los adosados, y hay caserías con ganado, pero barrios muy esparcidos por el territorio. Frente a ese desorden y esa ausencia de un atisbo de estructura urbana, Santullano, presidido por un verdadero cruce de caminos en el que confluyen, metro más, metro menos, casi todo (farmacia, Ayuntamiento, parada del autobús, único bar abierto) mantiene su capitalidad, entre otras cosas, por la obligación administrativa de peregrinar hasta allí para realizar cualquier papeleo. Pero el pequeño núcleo urbano apenas se ha estirado. Desde allí, rivalidad espejo de la que se reproduce por toda Asturias en estos casos, no se puede ver a los numerosos vecinos del Escamplero. «Esto es como Oviedo y Gijón». «Porque ellos son como de Oviedo, el barrio alto, decían antes que eran de Oviedo o de San Claudio, antes de decir que eran de Las Regueras», bromea Esther Martínez. Sin tanta risa, su tío Cuchi, célebre animador local, confirma que «esos del Escamplero no querían ser de Las Regueras, porque tenían a mucho el ser de Oviedo» y aplaude que «todo aquello se subsanó a base de que acabaron muriendo aquellos que tenían la manía de diferenciarse».

Bromas al margen, pues la rencilla no parece que haya llegado hasta la actualidad con tanta pasión como la vive Cuchi, otros vecinos, como el etnógrafo Armando Graña, ponen el dedo en la herida y se preguntan en voz alta si en este caso, el de Las Regueras, como en tantos otros del resto del territorio asturiano, no sería más sensato juntar concejos o dividir el territorio fusionándolo con los vecinos.

Pero antes de pensar en disolver el Ayuntamiento, hay que volver a preguntar a la gente mayor que todavía vive aquí y que dicen estar encantados. Los servicios sociales los miman con lujo de atenciones. El tío de Esther tiene, por ejemplo, peluquero y podólogo gratis semanalmente en el centro de día. «El problema», concluye, es que «la gente mayor está acomodada y los que vienen nuevos no necesitan ninguna iniciativa. La mayoría viene ya con la vida hecha y los de aquí trabajan en otro sitio. Hasta hace poco no había nada de paro». Iván González, concejal en el Ayuntamiento, mira escéptico ese cruce de caminos y resuelve el problema en un aforismo: «El futuro no sé cuándo va a venir. Lo estamos discutiendo ahora».

Si la historia reciente de Santullano se puede contar a través de las nuevas edificaciones, los adosados que florecen aquí y allá, la pasada también se esconde tras los muros de otras viviendas. El origen de la última pola de las fundadas en Asturias está en el barrio de Viado, donde todavía sigue en pie y cuidado, aunque uno de sus últimos dueños falleció recientemente, el palacio de Viado, casona señorial blasonada del siglo XVII/XVIII. Al pie de este bonito palacio asturiano cuenta el etnógrafo Armando Graña que el topónimo Viado (también Viao, Biao) tiene que ver con «per vía», porque por allí discurriría uno de los ejes de comunicación de los romanos que todavía no se han recuperado.

«En el camino», pues, a modo de traducción, la esencia de ser encrucijada, está en el origen de Santullano, que conserva, ejemplo de los buenos años de comienzos del siglo XX, otro tipo de construcciones muy peculiares, las casas de indiano de Ania, en la parroquia de Santullano, en especial Casa Bernaldo, Casa Ventura, Ca Antón o Casa Tuñón, de donde se dice que es originario el marqués de Las Regueras.

Armando Graña, que conoce bien la condición de estas casas, confirma que sí, que estas construcciones se hicieron con el dinero de los que habían marchado para Cuba, en los primeros años veinte, 1922, 1923, 1925. Pero matiza que, en realidad, «todos son casas de indianos». La mayoría de los vecinos tenía a alguien en América y con el dinero que vino de allí casi todas las viviendas pasaron a ser otra cosa. De la vivienda tradicional, una planta, cuadra aneja, lar en el suelo, se pasó o se puso en pie, al lado, una construcción de dos plantas. La mayor parte de esas casas sigue hoy en pie, pero sólo algunas, las más adornadas por fuera, y que, por tanto, recuerdan más a las populares casas de indiano de la costa asturiano, son las que hoy llaman la atención. Pero indianas son casi todas.

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