02 de mayo de 2008
02.05.2008
Barreras para la discapacidad auditiva
 

Los escolares sordos se quedan sin intérpretes de signos

Los contratos terminaron en abril y Educación alega problemas presupuestarios para su renovación

02.05.2008 | 02:00

Luanco, Elvira BOBO

«Imagínese a cualquier niño en un colegio en que no hablan su lengua; así están nuestros hijos en la escuela sin la intérprete de lengua de signos», afirma el padre de Jenny, una niña de 8 años que padece sordera profunda. El contrato de los intérpretes de lengua de signos en Asturias finalizó el pasado 30 de abril, al parecer por problemas de presupuesto, dejando a los padres indignados y a niños y centros haciéndose preguntas como «¿qué va a ser de Julia ahora?» -una niña brasileña de 11 años escolarizada en un centro ovetense y que también padece sordera-. «Yo le indico cuándo empiezan las clases o la tranquilizo cuando alguien se retrasa al venir a buscarla; necesitan información básica», explica Jessica Álvarez, una intérprete que siente preocupación ante el futuro de estos escolares con problemas: «Es como si de pronto te sueltan en China».


Los profesionales que trabajaban en los centros con integración de alumnos con dificultades auditivas en Asturias han recibido, al parecer, la noticia del fin de su contrato por falta de presupuesto a través de la Federación de Sordos del Principado de Asturias (Fesopras), que, a través de un convenio con la Consejería de Educación, se encarga de proporcionar el personal, cuyos sueldos sufraga la Administración.


«Psicológicamente, mi hijo está desmoralizado», afirma Olvido García, la madre de Saleh Mohamed Omar. Saleh tiene 15 años, vino a Luanco desde un campo de refugiados en el Sahara hace 8 años, acogido por la familia de Olvido. De pequeño creían que era sordomudo, pero su madre biológica estaba convencida de que podía hablar y percibir algún sonido. En España le diagnosticaron un problema de deficiencia auditiva, sólo percibe el sonido por encima de los 60 decibelios -cuando lo normal es reconocer desde 0 a 10 decibelios-, pero está aprendiendo a hablar, a leer los labios y los audífonos han mejorado su capacidad de comunicación. «Al principio llené la casa de carteles: en la nevera ponía nevera, en la puerta, puerta», recuerda su «segunda» madre. Aunque viven en Luanco, han decidido llevarle al Instituto Número 5 de Avilés, donde estudia 2.º de ESO y donde, desde el año pasado, cuenta con la ayuda de su «inseparable Penélope», la intérprete de signos. Pero el contrato de Penélope terminó y hasta que finalice el curso, Saleh y su compañero Manuel -sordo profundo- se han quedado sin una de las herramientas fundamentales de aprendizaje en la escuela. Y no sólo en rendimiento académico. Estos profesionales son fundamentales en la mejora de las capacidades de comunicación de los niños y su llegada cambió la vida de los niños. Según los padres, «se les veía incluso más contentos», mientras que «ahora van a ser muebles», señalan.


El Principado de Asturias financia el trabajo de los 13 intérpretes repartidos en los diez centros de integración de la comunidad. Un convenio con la Federación de Sordos hace que esta fundación seleccione a las personas en una suerte de bolsa de trabajo para cubrir las necesidades de estos estudiantes. Pero «se ha acabado el dinero». Ésa fue la única respuesta que el director del instituto de Saleh ha recibido, de momento, tras remitir una carta a la Consejería de Educación.


Ángela Fernández Rodríguez, jefa del Servicio de Alumnado, Participación y Orientación Educativa matiza que la Consejería de Educación se esfuerza en colaborar para facilitar la comunicación de estos niños con un convenio desde 2001 con Fesopras, «pero no tiene ninguna obligación de hacerlo». Advierte, además, que «se trata de un colectivo que no existe como tal». Fernández explica que aunque «había una propuesta de incremento de presupuesto del convenio, no se ha aprobado y se trabaja con la prórroga presupuestaria», y añade que desde la Federación de Sordos se conocía esta situación.


Sin embargo, la ley 27/2007 de 23 de octubre de 2007, que reconoce la lengua de signos, regula claramente los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas, dejando claro que «la Administración ha de prestar servicios de intérprete en los centros que se determinen». No obstante, la responsable del servicio asegura a las familias que «se va a solucionar la próxima semana» y matiza que «los niños cuentan con otros recursos, los intérpretes son un complemento y no quedan desatendidos». Entre otras medidas, Fernández se reunirá hoy con el gerente de la Fundación Vinjoy -formadores del ciclo de grado superior de la lengua de signos- para encontrar una nueva salida, ya que, según lamenta, «Fesopras no ha puesto nada de su parte».


De momento, Saleh Mohamed Omar, como otros compañeros, le hizo una fiesta de despedida a su intérprete y, mientras se pregunta cómo terminará el curso, cuenta orgulloso que este año ha marcado veinticuatro goles en los cadetes del equipo de fútbol del Marino de Luanco.

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