11 de mayo de 2008
11.05.2008

El acto «egoísta» de Ana

11.05.2008 | 02:00

Oviedo, E. B.

Ana Romero vive en Gijón, siempre quiso ser madre pero no sintió la necesidad de vivir la experiencia en pareja. Y lo hizo sola. A los 44 años, hace cuatro, encontró a Mario, -se utiliza este nombre ficticio para proteger al menor-, gracias a la Fundación «Meniños», y lo adoptó tras un procedimiento de acogimiento preadoptivo. Mario padece un pequeño retraso madurativo y vivió sus cinco primeros años en una casa de acogida. Ahora tiene 9 años y cursa 4.º de Primaria. Ana considera que su decisión no fue un acto generoso: «Sólo por generosidad no se hace algo así, incluso es un acto egoísta», añade, «soy yo la que ha salido ganando». A pesar del pequeño problema que padece Mario, para Ana «es un niño como otro cualquiera, lo importante no es la manera en que llega, sino el día a día y los sentimientos que hay», aunque él sabe «que no nació de mi barriga», comenta.


Cuando Mario le demanda información sobre su pasado ella se la da «con respuestas positivas y adaptadas a la edad del pequeño». Para Mario la adopción supuso una gran estabilidad afectiva, según su madre. Para ella, una experiencia absolutamente positiva. «Nadie va engañado respecto a los problemas que tienen los niños», pero exclama contenta: «Mario es estupendo, he tenido mucha suerte», y no puede evitar animar a otros padres a informarse, a saber qué tipo de niños pueden acoger y hacerlo. Tras el consiguiente proceso de formación, certificado de idoneidad y valoración psicológica, Ana tuvo en casa a Mario un año y medio después de acudir a la Fundación «Meniños» a informarse y para ella «es una experiencia excelente, como la de cualquier madre».

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