07 de diciembre de 2008
07.12.2008
Un polémico descubrimiento
 

El fraude arqueológico de Iruña-Veleia

Carmen Fernández Ochoa niega haber respaldado los hallazgos del yacimiento de Álava con un «informe científico», tal y como dice el arqueólogo Eliseo Gil

07.12.2008 | 01:00

Oviedo, P. R.

Un hallazgo supuestamente excepcional en el yacimiento romano de Iruña-Veleia (Álava) en 2006, formado por dos conjuntos de piezas con inscripciones y epígrafes paleocristianos y euskéricos, datados inicialmente entre los siglos III y V, ha acabado en los tribunales. La Diputación Foral de Álava presentó el pasado viernes ante la Fiscalía de Vitoria una denuncia contra la empresa Lurmen SL, concesionaria de las excavaciones, por un presunto delito de ataque al patrimonio cultural. Una comisión científica integrada por 26 expertos concluyó recientemente que las cerámicas con inscripciones que incluían jeroglíficos egipcios, una figura del calvario y una serie de vocablos en euskera con un sorprendente parecido a la lengua actual, son un fraude.


El arqueólogo Eliseo Gil, responsable de la excavación, defiende su trabajo y ayer declaraba en el diario «El País» que «hay unos expertos que opinan unas cosas y otros que opinan otras». En la página web de Iruña-Veleia, Eliseo Gil colgó documentos que, según declara, avalan su trabajo. Entre ellos, el que denomina «dictamen científico» de Carmen Fernández Ochoa, catedrática de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, coordinadora del proyecto museográfico del Museo Arqueológico de Asturias y directora de las excavaciones de la villa romana de Veranes, en Gijón.


La arqueóloga, molesta, negó ayer en declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA haber hecho el citado informe. «Eliseo Gil pidió a tres profesores, yo una de ellos, un informe sobre el contenido técnico de su excavación, es decir un informe sobre el protocolo a seguir, que me pareció correcto, pero eso no es una interpretación científica, por eso lo denomino breve nota pericial. Pero ni entré en la interpretación de la excavación ni en el hallazgo de los grafitos».


Tal y como dice, el texto de la arqueóloga, que firma junto a su colega Ángel Morillo Cerdán, dice en el segundo párrafo que «no entramos en la valoración de la interpretación histórica que los investigadores deducen a partir del registro cronoestratigráfico que, por experiencia, sabemos que se fundamenta sobre hipótesis de trabajo que pueden contener, lógicamente, elementos subjetivos». Y añaden: «Asimismo y buscando una mayor objetividad, hemos prescindido del análisis del material epigráfico recuperado, para que nuestra valoración se centrara exclusivamente en la solvencia científica y metodológica de la propia excavación, a nuestro juicio cumplidamente probada».


Carmen Fernández Ochoa recuerda que, en 2006, «se armó un lío tremendo por el hallazgo de grafitos que no tenía sentido que aparecieran allí». Y añade: «En arqueología, cuando te encuentras una cosa que no puedes explicar tienes que preguntarte por qué está allí y hasta que lo averigües debe estar bajo sospecha. El problema es que, en el caso de estos hallazgos, se comunicaron enseguida a la opinión pública, sin el necesario estudio».


Lo encontrado, a primera vista, es sorprendente y causó el asombro de historiadores, filólogos y arqueólogos. Las palabras en euskera formaban expresiones reconocibles y se adelantaban en más de cinco siglos a las glosas emilianenses. Esa posibilidad pretendía reforzar la hipótesis de que los pueblos prerromanos várdulos y caristios eran de habla vasca y por lo tanto cerraría definitivamente la controversia sobre la teoría de la vasconización tardía, tal y como dijo en su momento el lingüista Joaquín Gorrochategui.


Pero no sólo eran las inscripciones en euskera. El calvario contenía una representación de un supuesto Jesús crucificado con el epitafio RIP (requiescat in pace) en la parte superior y los jeroglíficos egipcios corresponderían a cinco siglos después de que se hubiera dejado de utilizar este tipo de escritura.


«Es todo muy irracional», explica Carmen Fernández Ochoa. «Lo que hay que hacer es una interpretación científica que pasa por demostrar quién hizo ese fraude. ¿Quién le ha dado alas al arqueólogo? ¿Se las ha cogido él solo? ¿Él se encuentra las piezas en el yacimiento o se las ponen? La comisión de expertos tiene razón al concluir que esos hallazgos no pueden estar ahí, incluso aunque se retrase un siglo el origen, lo que hay que hacer es buscar el porqué», apostilla.


El proyecto de excavación, iniciado en 2001 y que tenía previsto finalizar en 2010, tenía un presupuesto de 3,7 millones de euros, financiados por la empresa pública dependiente del gobierno vasco, Euskotren. Las piezas se presentaron oficialmente el 8 de junio de 2006 en un cóctel al que asistieron más de 200 invitados, representantes de partidos políticos y de la universidad. La consejera de Cultura del gobierno vasco, Maren Azkarate, calificó el descubrimiento como «patrimonio excepcional», aunque pidió «prudencia». Una vez conocido el informe de los especialistas, cree que es «contundente».


La excavación del conjunto arqueológico del yacimiento romano pasará ahora a la Universidad del País Vasco y las piezas encontradas están custodiadas en el Museo de Arqueología de Álava. Eliseo Gil prepara ahora alegaciones en su defensa.

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