09 de octubre de 2010
09.10.2010
El adiós de la Universidad a un jurista que deja huella
 

La magia de Luis Ignacio Sánchez pervive en la Complutense

Centenares de amigos homenajean en la Facultad de Derecho de Madrid al fallecido internacionalista asturiano

09.10.2010 | 02:00
Gustavo Suárez Pertierra, durante su intervención en el acto de homenaje a «Miche» en la Complutense.

Madrid,


Elvira BOBO CABEZAS


Un nudo se instaló en la garganta del ex ministro Gustavo Suárez Pertierra el pasado jueves, mientras recordaba la figura del profesor asturiano Luis Ignacio Sánchez Rodríguez, o mejor, de su amigo «Miche» en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Complutense de Madrid. Nacido en Oviedo (1948) y fallecido en junio tras una penosa enfermedad, el catedrático de Derecho Internacional fue recordado con fervor por las más de cuatrocientas personas entre familiares, amigos, compañeros, discípulos y alumnos que se agolparon en la sala presidida por una enorme fotografía de su rostro sonriente.


«Compartimos ya la primera adolescencia, cuando nuestro horizonte era el Campo San Francisco y esperar la salida de las chicas de los colegios de Oviedo», rememoró Pertierra. «Hicimos nuestro el viejo caserón de Valdés Salas -la Universidad de Oviedo- abriéndonos camino entre los códigos y buscando referencias vitales», apuntó. Luego la Universidad sería «su referencia vital» y su manera de generar estilo universitario escondía sin duda para Pertierra «una receta mágica».


Sus más recientes alumnos de Relaciones Internacionales confesaron a través de una emotiva carta que el profesor -coautor junto a Paz Andrés y Julio González Campos del «Curso de Derecho Internacional Público» que ha formado a generaciones de abogados- les hacía «palpar» el funcionamiento del Tribunal de La Haya de la misma forma que les transmitía «la pasión hacia el derecho, el fútbol y la vida». Algunos alumnos presentes habían venido del otro lado del mar, de la América Latina que adoraba su maestro, para rendirle homenaje. Y es que, además de su personalidad arrolladora y su contagiosa fuerza vital, como apuntó su discípula la profesora Ana Gema López Martín, Miche fue ante todo un gran maestro. «Fuimos privilegiados por disfrutar de su amplitud de miras, de su sagaz ironía y de sus magníficas clases sobre el Derecho del Mar». Ésa era su pasión intelectual y profesional. Experto en resolución de conflictos, los entendía con un inmenso rigor y contemplaba los contenciosos internacionales como un gran caleidoscopio, rechazando todo enfoque aislado o dogmático, como recordó Javier Quel López, decano de la Facultad de Derecho de San Sebastián. Para él, Sánchez «creó escuela y dio sentido a lo que hacemos los abogados día a día; enseñaba un método impecable de investigación, adoraba a Neruda y contaba los chistes de vascos como nadie».


Profesor visitante de universidades de Argentina y Puerto Rico, desarrolló también una importante labor como consejero ante el Tribunal Internacional de La Haya. El rector, Carlos Berzosa, recordó que el profesor era experto en contenciosos internacionales, «algo siempre conflictivo» -intervino decisivamente en 1998 en la resolución del conocido conflicto pesquero del fletán-, pero lo recordaba «pausado, tranquilo, pacífico, gran conocedor del derecho -licenciatura que obtuvo en Oviedo en 1970, en la Facultad de la que más tarde fue catedrático- y excelente profesor». Berzosa aseguró que su afabilidad no estaba reñida con un implacable rigor a la hora de examinar a los aspirantes a diplomáticos, con los que se mostraba impecablemente exigente. Por todo ello «estamos de luto en la Universidad», aseguró. Y luto nacional fue declarado también al día siguiente de su fallecimiento en Honduras, país a cuyo presidente asesoraba y al que ayudó a ganar espacio marítimo.


También Fernando Castedo Álvarez, abogado del Estado y antiguo profesor de la Facultad, retrató a su amigo como un hombre «culturalmente inquieto, políticamente lúcido, tolerante y extraordinariamente inteligente». Todos los presentes coincidieron en destacar su gran aportación a la llamada Escuela de Oviedo de Derecho Internacional y su proyección más allá de nuestras fronteras en esta disciplina.


El profesor se ha ido en su fase intelectual más creativa, lamentó José Carlos Fernández Rozas, director del departamento de Derecho Internacional, ovetense y compañero de Miche durante cuarenta años. Aún le quedaban muchos sueños por cumplir, como recorrer su adorada América Latina en coche o pasar a formar parte del Instituto de Derecho Internacional, cargo para el que acababa de ser propuesto. Fernández Rozas recordó su paso por las universidades del País Vasco y de Alcalá de Henares hasta que recaló en la madrileña Complutense en 1990, y recalcó su arraigada asturianía, que lo llevaba a pasar temporadas en Oviedo y Ribadesella. Fernández Rozas echó de menos a Cosme Sordo, presidente del Centro Asturiano de Madrid, que, de haber asistido, «hubiera tenido que dedicar dos o tres horas a la lectura de telegramas de todos aquellos que no pudieron asistir al acto». Interminables muestras de afecto al fin para su viuda, Julia del Rosal (Consuelo para sus allegados), fiscal del Tribunal Supremo, y sus dos hijos, todos presentes en el acto.


Otro buen amigo y creyente confeso, Carlos Fernández de Casadevante Romant, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, recordaba que alguna vez había charlado con su amigo sobre la muerte. Y Miche le había asegurado: «Carlos, después de esto no hay nada». Su amigo, reconocía emocionado: «Espero que ahora se haya llevado una sorpresa».


Todos buscaban palabras para Miche. El homenaje in memoriam al catedrático de Derecho Internacional Público supuraba un desgarro profundo y sincero.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Patrocinado por nombre

Lotería de Navidad 2014