04 de noviembre de 2010
04.11.2010
 
Armando Prida
Presidente de la Fundación para la Libertad de Expresión 

«A los periodistas que quieren decir la verdad en México se les mata de hambre o de un tiro»

«Hay que refundar México, actuar con urgencia en un país donde la gente clama: "Está bien que roben, pero que hagan algo"»

04.11.2010 | 01:00
Armando Prida, ayer, en Oviedo.

-¿Qué está pasando en México?

-Mucho muerto, mucho narcotráfico y en apariencia poca efectividad para evitarlo. Los ocho o diez carteles de la droga que funcionan en el país buscan su espacio y cuando se interfieren se desata la violencia. Una violencia que no es causa de nada, sino efecto de muchas cosas.

Armando Prida nació en México DF en 1948, hijo de emigrante asturiano. Propietario de medios de comunicación, entre otros negocios, en Puebla, es presidente de la Fundación para la Libertad de Expresión, y mañana recibirá un homenaje en la Cumbre Iberoamericana de Libertad de Expresión, que será inaugurada hoy en Oviedo. Su periódico «Síntesis», de Puebla, abría ayer las noticias nacionales con un dato espeluznante: la violencia ha generado diez mil huérfanos en Ciudad Juárez en los últimos tres años.

-¿La violencia del narcotráfico llega a la categoría de pulso al Estado?

-Sin duda, pero ese reto lo está perdiendo y por eso el mundo del narcotráfico está tan desesperado. La batalla contra la droga se va a ganar, lo que no quiere decir que se acabe con el problema. Nunca, con el mercado de los Estados Unidos ahí tan cerca.

-¿Hay eficacia policial? No es la imagen que extraemos de las noticias sangrientas de las últimas semanas.

-De cuatro años a esta parte las detenciones y los decomisos son mucho más frecuentes. Ha mejorado el aparato de inteligencia del país, pero el problema es mucho más profundo, es la falta de valores, consecuencia de que llevamos casi medio siglo sin que en las escuelas se instruya sobre ese tema. No sólo se han perdido valores, sino también urbanidad básica. Una embarazada de siete meses ya puede esperar sentada a que alguien le ceda el asiento en un autobús mexicano.

-¿Hay salida en un horizonte cercano?

-Sólo desde el cambio del sistema de educación. Yo siempre digo que hay que refundar México, romper con esa actitud de displicencia nacional. Es preciso actuar urgentemente en un país donde se escucha con frecuencia una frase popular que dice: «Está bien que roben, pero que hagan algo».

-Y en medio, una clase periodística a la defensiva.

-Desde el año 2000 han muerto 65 periodistas, han desaparecido otros doce y el número de agredidos o amenazados es incontable. Es más fácil matar al periodista que corregir lo que denuncia. Lo mato de hambre o de un tiro. La primera consecuencia de esta especie de estado de guerra es que la autocensura en la profesión ha crecido de forma exponencial. A veces el ataque contra los que se atreven a decir la verdad viene de lo que llamamos un sicario periodista, alguien a quien se le paga para que destruya la credibilidad de su colega.

-¿Y cuál es el papel de la patronal de la comunicación?

-Le daré algunos datos. Habrá en México unos treinta mil medios de comunicación. ¿Sabe cuántos tienen un código de ética? Son 32. ¿Y cuántos cuentan con un «defensor del lector»? Son 7.

-En este estado de cosas, la Fundación para la Libertad de Expresión que usted dirige será una entidad incómoda.

-Por supuesto. Somos respetados pero incómodos. En México decir la verdad cuesta. Fundalex nace para defender un derecho que es esencia de todos los demás: el derecho a expresar lo que pensamos. Pero es una fundación que va más allá de la profesión periodística y de las propias fronteras mexicanas para convertirse en un gran proyecto latinoamericano. Hemos logrado compromisos de adhesión en el mundo académico, social y político. Hablamos de ideas, pero también de cuestiones muy prácticas como el garantizar ayuda a las familias de los periodistas asesinados.

-¿Puede haber libertad de expresión en un país asfixiado por la corrupción?

-No hay suficiente fuerza para romper con la corrupción, es un hecho. Lo que ha sucedido aquí en España, en Marbella, donde hasta el perro del Ayuntamiento acabó en prisión, es algo inconcebible en México. La gente se pregunta qué hay que hacer para que se cumpla la ley. En este contexto, la libertad de expresión es el cable más delgado, por tanto el que primero que se rompe. México es un país con una riqueza enorme, compuesto por muchos millones de pobres y unos cuantos miles de ricos. Si usted mira cómo viven los funcionarios que han estado cercanos a los presidentes mexicanos se encontrará con un lujo que ni usted ni yo podemos siquiera imaginar. En México hay dos países muy distintos.

-Habrá que resignarse a vivir en un entorno corrupto.

-Hasta la Administración reconoce que la corrupción supone algo así como el diez por ciento del PIB mexicano, que así por alto igual son unos 50.000 millones de dólares anuales. En el momento en que se admite como una forma de vida se está generando una gigantesca sensación de impunidad. Y eso se nota en casi todo: en 18 años no hemos sido capaces de consensuar ni una reforma fiscal, ni una reforma laboral, ni mucho menos una reforma política.

-Es estremecedor comprobar que la inmensa mayoría de las víctimas de la violencia son jóvenes, casi adolescentes.

-El 65 por ciento de las personas detenidas o muertas en relación con el narcotráfico son jóvenes entre 17 y 25 años. En México cualquier forma cómoda de vivir ha permeabilizado profundamente. O educamos en valores o nos vamos a pasar otros sesenta años en situación parecida.

«Desde el año 2000 han matado a 65 periodistas en mi país, y la primera consecuencia es que la autocensura en la profesión aumenta de forma exponencial»

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