28 de abril de 2011
28.04.2011
La Nueva España

«La música tarda en llenar el cerebro, por eso necesito trabajar incluso descansando»

«Oviedo es una auténtica capital cultural europea, con dos orquestas, temporada de ópera y jornadas de piano»

28.04.2011 | 02:00
Javier Perianes, en la mañana de ayer, en Oviedo.

Pianista, hoy tocará en Oviedo el concierto «Emperador»

Oviedo, Javier NEIRA


El pianista Javier Perianes ofrecerá hoy, con la Orquesta «Oviedo Filarmonía», dirigida por el maestro Haider, el concierto número cinco «Emperador», de Beethoven. La cita, a las ocho, en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Perianes es andaluz de Huelva, tiene 32 años y figura ya en la élite internacional.


-El «Emperador» es casi una sinfonía con piano.


-Cierto, la orquesta tiene un papel fundamental. Sobre todo en el tercer movimiento. Pero no tanto como en el caso de Brahms, que resulta evidente la sinfonía que subyace. Aquí el solista tiene mucho que expresar. Es aún, dicho sea entre comillas, un concierto bastante convencional. Es más original, a mi juicio, el número cuatro de Beethoven, más difícil, casi improvisado, delicado y soñador. El «Emperador» es más rotundo.


-¿De qué emperador se trata?


-No está claro. Se habla de una alusión a Napoleón. Pero no precisamente por admiración. Cuando entró en Viena produjo un gran impacto. Bueno, la sonata «Los adioses» Beethoven la dedica, también entre comillas, a un Habsburgo.


-Sorprende ver a un genio como Beethoven dándole coba a un margrave de tercera categoría.


-Increíble, pero es así. Necesitaba dinero. Pero cualquier cosa de Beethoven es una obra maestra.


-Usted con sólo 32 años ya está en la cima.


-Eso dicen las malas lenguas. Estoy buscando sin cesar y ampliando repertorio con la fortuna de poder desarrollar mi vocación, ya que esto no es una profesión.


-En Oviedo...


-Toqué aquí con la OSPA el primer concierto de Brahms; antes, con la JOSPA, el concierto de Ravel, y hace años, con «Oviedo Filarmonía», el cuarto de Beethoven.


-Aquí tocaron Ravel, Horowitz, Rachmaninov y Rubinstein.


-Oviedo es una auténtica capital cultural europea. Una ciudad tan pequeña con dos orquestas, temporada de ópera, ciclo de piano... es sorprendente. En algunas grandes capitales españolas no hay esto.


-¿La música resiste la crisis?


-Perjudica sobre todo a las grandes formaciones. Mover una orquesta es muy caro. Muchas giras se han ido abajo. Pero los recitales no son tan costosos. La crisis ajusta cachés y honorarios y depura muchas cosas.


-Hace bien poco Sokolov ofreció en Oviedo un concierto impresionante.


-Es un pianista ya convertido en leyenda. Un artista total.


-¿Se entiende bien con «Oviedo Filarmonía»?


-Sólo hice un ensayo en los bajos del Filarmónica que no tiene buena acústica. La recuerdo como una orquesta estupenda, con una bonita cuerda.


-Mientras ensayaba en los bajos con «Oviedo Filarmonía» en la sala ensayaba la Orquesta Clásica de Oviedo y en el Auditorio la OSPA. No está mal.


-Sí, y todo en una ciudad pequeñita. Es fascinante.


-¿Tiene manos de pianista?


-Cuenta el cerebro. Las manos ejecutan las emociones del cerebro. No tienen comparación las manos de Alicia de Larrocha y de Horowitz, pero tocaban lo mismo.


-¿Cómo trabaja?


-Me levanto temprano y me disciplino en los horarios. Como buen andaluz, echo una breve siesta y a seguir trabajando.


-¿Protestan los vecinos?


-No. Vivo en un piso en Madrid. Mis vecinos son asiduos de mis conciertos. Trabajo sobre el teclado, con partituras, estudiando historia y filosofía e, incluso, descansando y dando un paseo. La música tarda en llenar el cerebro, requiere tiempo, por eso necesito trabajar incluso descansando.


-¿Gustos?


-Ahora, el concierto «Emperador» de Beethoven. La semana que viene, lo que toque. Hay que defender siempre, como lo más sagrado, lo que vas a tocar.


-¿Cuándo y cómo decidió ser concertista?


-Aún no he tomado esa decisión. Todo es muy natural y cada paso te lleva al siguiente.


-¿Por qué Madrid?


-Estudié allí, me establecí y estoy muy contento. Con la globalización, desde cualquier sitio estás en nada en cualquier sitio. Nueva York es la capital del mundo, dicen, y en seis horas llegas. Si vives en Nueva York y te ofrecen un concierto en Berlín no tienes ventajas. Además, todo se programa con uno o dos años de antelación.

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