05 de mayo de 2011
05.05.2011

«Aspiro a que la percusión sea al siglo XXI lo mismo que el piano al siglo XIX»

«En la actual obsesión por la tecnología adivino miedo a la muerte y, por lo tanto, a afrontar la vida»

05.05.2011 | 02:00
Ferran Cruixent, en la mañana de ayer, en Oviedo.

Oviedo, Javier NEIRA


El compositor y pianista Ferran Cruixent (Barcelona, 1976) presentará hoy, en Gijón, en el teatro de la Laboral, a las ocho de la tarde, «Focs d'artifici» -estreno absoluto en España- una obra para percusión y orquesta, interpretada por su maestro Peter Sadlo y la OSPA, dirigida por Danail Rachev. Mañana se repetirá el concierto en el Auditorio de Oviedo a la misma hora.


-¿Cómo se inició en la percusión?


-En buena medida con Peter Sadlo. Lo conocí en la Escuela Superior de Música de Munich, donde tiene una cátedra de percusión. Me encargó un concierto para marimba y orquesta de cuerda que se estrenó en 2005 en Roma. Terminé la carrera y me encargó otro para orquesta sinfónica. La percusión como solista no tiene literatura anterior al siglo XX. A Sadlo le interesa promocionarla. Aspiramos a que la percusión sea al siglo XXI lo que el piano al XIX. En realidad siempre ha estado ahí, en el origen la música es percusión y canto y después flautas.


-Hay quien dice que la música es percusión y algo más.


-Y no es solo un derecho del jazz. Tiene que estar en la música clásica. El encargo de esta obra fue para un concierto de año nuevo de 2008 y con una orquesta que en Alemania no es de categoría A. Les gusta mucho medir.


-¿Primera de España y quinta de Alemania?


-Exacto. Pensé en los fuegos artificiales porque en Alemania el año nuevo se celebra así, con mucha pirotecnia. Quería enlazar la tradición alemana y la catalana y que el último movimiento fuese loco y temperamental. En Cataluña hay mucha tradición de fuego, y no digamos en Valencia, y gente que en las fiestas se disfraza de esqueletos.


-La danza de la muerte de Vergès.


-Por ejemplo y en el tercer movimiento quise meter eso. Planteé una obra de veinte minutos y en tres movimientos como en las composiciones clásicas: arranco con un tiempo de velocidad media; después, un pasaje lento y el tercero...


-Con fuoco.


-Durante ocho minutos «non stop». Como Ravel con su bolero. A la percusión la veo como un diablo perseguido por la orquesta que es el pueblo. Eso le gustó a la orquesta que no se limita a acompañar al líder e incluso puede acabar matándolo. Vi que les gustaba.


-¿Estéticamente?


-Soy muy libre. Recibí una formación muy fuerte en el conservatorio de Barcelona. En España los estudios de música son muy duros, con poco espacio para la improvisación. Seguimos el modelo francés. En Alemania la formación es mucho más libre. Para ser compositor no tienes que prepararte como concertista de piano. El bajo cifrado, el acompañamiento, en Barcelona lo trabajábamos sobre cosas ex profeso de nuestros profesores, unos auténticos jeroglíficos. En Alemania, sin embargo, te daban uno de Bach y era fácil porque no se trataba de encontrar acordes casi imposibles. Me vino muy bien los seis años que estudié en Alemania y otros tres que trabajé allí.


-¿La tecnología está a punto de revolucionar la música clásica?


-En la actual obsesión por la tecnología adivino miedo a la muerte y. por lo tanto. a afrontar la vida con la entereza que deberíamos. La tecnología nos invade, nos está comiendo. Es buena pero debemos controlarla. La felicidad no se puede encontrar a través de máquinas.


-¿Planes?


-Estoy muy metido en la orquestación para cine. La composición tiene muchas opciones. Cuando llegué a Munich pensé en que la música popular y la científica, cerebral, deberían unirse de algún modo. En el tiempo de los clásicos vieneses no había diferencia entre la música del pueblo y la de la corte.

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