01 de julio de 2011
01.07.2011

Desde Madrid... a Candás

El Museo Antón conmemora el centenario del escultor con una muestra de dibujos hechos en sus clases y otros documentos personales

01.07.2011 | 02:00

Oviedo, M. S. MARQUÉS


Candás y Asturias conocen la obra escultórica de Antonio Rodríguez García, «Antón», desde que hace algo más de dos décadas se inaugurara en su localidad natal el museo que lleva su nombre. Ahora, con motivo del centenario de su nacimiento, el Centro de Esculturas de Candás da un paso más y presenta los dibujos que realizó en las clases a las que acudía en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, trabajos que se complementan con un catálogo donde se recogen los manuscritos que realizó durante su estancia en Madrid, ciudad a la que llegó en 1936.


La exposición, titulada «Desde Madrid Antonio Rodríguez García, Antón», se inauguró ayer en el Centro de Esculturas de Candás, donde permanecerá hasta el 18 de septiembre.


Dolores Villameriel, directora del museo, habla con entusiasmo de la figura de Antón. «Hasta ahora conocíamos su obra, ahora también conocemos su palabra y su pensamiento», subraya. Se refiere a los cuadernos escritos por Antón que forman parte del catálogo realizado para la muestra. En ellos el artista candasín describe diferentes episodios de su vida madrileña, un testimonio de gran interés para conocer no sólo sus temores y sus vicisitudes, sino también el ambiente artístico que vivía la ciudad en aquellos años, y otras circunstancias que le llamaron la atención, como fue la salida de la gente a la calle para celebrar el triunfo de la República en 1931.


En esas fechas Antonio Rodríguez García ya estaba en Madrid. Había llegado a la capital un año antes, después de que el pintor Evaristo Valle se hubiera quedado sorprendido al conocer una obra que el joven escultor había presentado a un concurso en La Felguera. Admirado por el trabajo realizado por un joven que contaba con pocos recursos, Valle le animó a que siguiera estudiando, consiguiéndole el patrocinio de Alfonso Albo, empresario conservero candasín que le financió los estudios.


Con ese apoyo económico se estableció en Madrid y pronto contactó con José Francés, un crítico de arte, enamorado de Asturias, al que admiraba y que le iba a ayudar a encauzar sus estudios. Aquellos primeros momentos los dedicó a perfeccionar el dibujo de la figura humana en la Academia de Bellas Artes. El resultado son algunas de las láminas que forman parte de la exposición inaugurada ayer. Inició su formación con la copia de esculturas de la antigüedad para, a medida que iba cogiendo destreza con el lápiz, pasar a dibujar la figura humana con modelo.


Dolores Villameriel destaca que con la exposición, además de conmemorar el centenario de Antón, se busca reflexionar en la formación del artista, observar sus cualidades y el gran interés que tenía por aprender. Los 14 dibujos y bocetos de distintos tamaños y diferentes fechas que forman parte de la exposición son un claro reflejo de la capacidad de aprendizaje y de superación del escultor, permitiendo apreciar la evolución experimentada desde las primeras láminas, fechadas en 1930, año de su llegada a Madrid, hasta las que realiza algunos meses más tarde.


Además de los dibujos, que ocupan una de las salas del museo, la familia de Antón conservó varios cuadernos con esbozos del cuerpo humano y fotografías de esculturas cuyo paradero se desconoce. También guardaron recibos de las clases que tomaba en el círculo de Bellas Artes, por las que pagaba 20 pesetas, y carnés de copista del Museo del Prado y del de Arte Moderno. Son documentos personales, recibos, fotografías, cartas, y hasta un recorte de prensa que recoge su «triunfo» en una exposición... que el propio Antón habría traído consigo en sus viajes a Asturias.


Son los pocos objetos que se han podido conservar y los que permiten conocer un poco más de la vida de un joven al que la Guerra Civil segó la vida con tan sólo 26 años, cuando había empezado a crear una interesante obra escultórica.


Los materiales que forman la exposición se han exhibido en otras ocasiones a excepción de dos obras. Se trata de la réplica de un óleo de Sorolla que Antón copió, seguramente por encargo, en abril de 1933, y del retrato de una joven de Candás, sobrina de Albo. Los dos lienzos han sido donados recientemente por la familia Albo al museo y es la primera vez que se muestran en una exposición.


Como complemento de la muestra, se proyecta de manera continua el audiovisual «la edad de plata de la escultura española», documental elaborado por un grupo de alumnos de segundo de Bachillerato del IES Doña Jimena.

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