02 de noviembre de 2011
02.11.2011

Fallece en Madrid Antonio Beláustegui, el asturiano que fundó «Médicos Cantan»

El pediatra piloñés de 76 años, gran intérprete del folclore argentino, grabó siete discos, siempre como apoyo de iniciativas humanitarias

02.11.2011 | 01:00
Antonio Beláustegui, durante un concierto en el Auditorio de Oviedo, en 2010.

Oviedo, Eduardo GARCÍA


El médico neonatólogo Antonio Beláustegui, fundador de «Médicos Cantan», falleció ayer en Madrid. Piloñés nacido en 1935, fue profesor titular de Pediatría en la Universidad Complutense -de la que era docente emérito- y jefe del servicio de neonatología del Hospital Doce de Octubre, cargo en el que se jubiló en 2006. Alejado desde joven por razones profesionales de su Asturias natal, Beláustegui retornaba a su tierra todos los veranos, puntualmente y sin faltar uno desde 1970. Cinco años más tarde levantó casa en Celorio, en Llanes, escenario habitual para tertulias, reencuentros y cantares con sus muchos amigos asturianos.


Antonio Beláustegui fundó en 1994 el grupo «Médicos Cantan», junto a Marisol Fernández y Miguel Villafruela. Lo que nació como un juego durante una actividad navideña en el hospital acabó convirtiéndose en toda una experiencia de generosa actividad artística ininterrumpida durante 17 años.


Por el grupo pasaron a lo largo de ese tiempo muy buenas voces sanitarias, pero siempre con Beláustegui como alma y director. Tenía Antonio Beláustegui una especial sensibilidad para interpretar las canciones de siempre del folclore argentino, sobre todo los tangos. Deja siete discos grabados, todo un homenaje a los ritmos hispanoamericanos. Allá, en América, recibió importantes reconocimientos, entre ellos el nombramiento como miembro de la Academia Nacional del Tango.


Su actividad artística y sus grabaciones musicales nunca tuvieron como horizonte el negocio personal, sino que siempre estuvieron ligadas a actividades de ayuda social. Beneficiarias de las canciones de «Médicos Cantan» fueron, entre otras, ONG como Médicos del Mundo, Mensajeros de la Paz y Unicef.


De niño quería ser marino mercante. Cuando finalizó el Bachillerato su familia lo convenció para que iniciara los estudios de Ingeniería de Minas, pero aquello duró sólo un año. La medicina era su vocación. Su expediente académico universitario fue brillante, y eso a pesar de que el cuarto curso lo sacó en París, estudiando a partir de los apuntes que le mandaban compañeros de Facultad y en las horas libres que le dejaba su ocupación artística, cantante guitarra en mano en un local bohemio llamado La Fête.


Era el año 1958, París ejercía de capital del mundo y a Antonio Beláustegui, muy bueno con los tangos de Carlos Gardel, le habían llegado ofertas para proseguir en la Ciudad de la Luz con su actividad artística y ya con contrato en firme. Tuvo que elegir... y eligió la Medicina. Nunca se arrepintió de ello. Tiempo más tarde, con el título en el bolsillo, se encontró con su gran pasión, la pediatría, que en cierta medida pudo practicar con sus dos hijos y con sus cinco nietos.


Médico brillante, buen conferenciante, gran músico y asturiano de los de militancia inquebrantable. Tenía en el mundo de la canción sus ídolos particulares, pero sobre todos Mercedes Sosa y Horacio Guaraní. Le gustaba contar que su pasión por el folclore argentino la había heredado de su tía Mary, emigrante a las Américas que había regresado con un nutrido repertorio discográfico en la maleta.


Estaba en posesión, entre otros homenajes, de la «Manzana de oro» del Centro Asturiano de Madrid.

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