25 de noviembre de 2011
25.11.2011

«Espero que podamos mostrar una historia de ilusión y reivindicar el campus del Milán»

«Algunos de los locales universitarios vieron nacer a Nacho Vegas y a grupos como "Undershakers" o "Babylon Chat"»

25.11.2011 | 01:00
Chus Neira.

Codirector de «First we take Milán»

Gijón, Pablo TUÑÓN


Muchos de los músicos asturianos que triunfaron en el pop-rock formando parte del movimiento «Xixón Sound» coincidieron como universitarios en el campus del Milán a principios de los noventa. El documental «First we take Milán» rememora los inicios musicales en el campus ovetense de artistas de la talla de Nacho Vegas, «Australian Blonde» o «Manta Ray». Chus Neira, periodista de LA NUEVA ESPAÑA, dirigió, junto con José Braña, este proyecto, que se presenta hoy en el Festival de Cine (22.15 horas, sala 4 de los cines Centro).


-¿Cómo surgió la idea?


-Vicente Domínguez, vicerrector de la Universidad, creyó oportuno homenajear a Cohen y, por otro lado, que la Universidad homenajease a ex alumnos del campus del Milán que triunfaron en la música de los noventa. El 20 de octubre se hizo un concierto en el Paraninfo en el que se interpretaron canciones de Cohen versionadas por esos artistas. Al mismo tiempo surgió la idea del documental.


-¿Cómo se estructura?


-Recoge los momentos de los ensayos y del concierto en honor a Cohen. Pero, en otra línea temporal, retrocede veinte años atrás a los inicios en el campus del Milán.


-¿Encontraron material audiovisual suficiente?


-En el archivo personal de Mar Álvarez («Pauline en la Playa») encontramos imágenes de las dos primeras semanas culturales celebradas en el Milán, en las que se organizaban multitud de conciertos. Son vídeos caseros, pero vídeos en los que se ve uno de los primeros conciertos de «Manta Ray» o a un Nacho Vegas de 18 años. Además, en el archivo de la Universidad encontramos imágenes de otra semana cultural y de la cafetería del campus en los primeros años noventa.


-¿Cómo era la vida en el campus que muestra el documental?


-El documental es también la historia de un rincón. En el campus hay un edificio separado, bajito y de tres alturas. Los estudiantes consiguieron que allí les dejasen locales. Algunos se convirtieron en locales de ensayo y vieron nacer a «Undershakers» o «Babylon Chat». En sus arcos de entrada, en los noventa, nos congelábamos diciembres y eneros, pasando días, en los que la asistencia a clase era secundaria, con la guitarra y tocando.


-¿Cómo espera que acoja el público la obra?


-Espero que podamos mostrar a la gente una historia de ilusión en la juventud y reivindicar la Universidad como semillero de creación artística y resistencia cultural.

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