18 de febrero de 2012
18.02.2012

Medicina de palabra

Comedores Compulsivos Anónimos cumple un año en Gijón ayudando con el intercambio de experiencias a quienes sufren problemas alimenticios

18.02.2012 | 01:00
Asistentes a una reunión de Comedores Compulsivos Anónimos.

Gijón, Luján PALACIOS


No siempre se manifiestan de forma externa, y muchas veces ni los más allegados son conocedores de su existencia. Pero cada vez son más los que padecen problemas con la comida. Gijón cuenta desde hace un año con un grupo de Comedores Compulsivos Anónimos, un equipo de alrededor de 15 personas que, de manera gratuita y sin compromisos ni obligaciones impuestas, funciona como grupo de autoayuda, con reuniones semanales de intercambio de puntos de vista.


Hoy mismo mantienen una reunión abierta a la que invitan a todos los que tengan algún desorden alimenticio, en sus locales en la calle Mariano Pola, número 46, a partir de las 19.00 horas. También están disponibles en el 651346249 y en internet, porque su intención es la de dar máxima difusión a su tarea. «Compartir experiencias es la mejor terapia», afirman.


Elena es el nombre ficticio de una gijonesa a la que desde pequeña le gustaba comer, sobre todo dulces. Un gusto por la comida que durante muchos años de su vida se convirtió en una lucha contra la báscula que derivó en una bulimia. Fueron «cuatro años de una vida alimenticia muy desordenada, de psicólogo y de ocultarlo a la familia». No fue hasta hace un año, con su ingreso en el grupo de autoayuda, cuando comenzó a notar mejoría. «Adelgacé, y para conseguirlo primero mejoré mi cabeza, porque todo es un problema mental». Según relata, «al mes ya no vomité más, luego perdí el peso que me sobraba y ahora me mantengo».


La comida llega a convertirse en «una obsesión, todo el día estaba pensando en ella, y se convertía en una válvula de escape para huir de los problemas y las frustraciones», apunta María, otra integrante del grupo. Pero, «con la ayuda de quienes tienen el mismo problema y con esfuerzo por cumplir los objetivos se mejora, y muchísimo. La experiencia está siendo extraordinaria», asegura. En su caso, fue la pérdida de sus padres lo que la sumió en un problema de depresión y trastornos con la comida.


Ahora, gracias a las sesiones de terapia, «gestiono mejor mis emociones, y eso se traduce en una relación saludable con la comida», afirma, después de pasar por una fase de «mejora psicológica, social y de autoestima».


Para todos los aquejados por un problema alimenticio, desde la anorexia hasta la bulimia, la obesidad mórbida o la ingesta compulsiva, lo primero es «reconocer que tienes un problema». Y es también el paso más difícil al que se enfrentan. Porque, como ellas mismas relatan, «muchas personas se niegan a admitir que no pueden manejar la situación, es algo que da muchísima vergüenza».


Maruja, también un nombre ficticio, relata cómo desde la infancia probó todo tipo de dietas, de nutricionistas y médicos especialistas. «Tiré mucho dinero, y no ha sido hasta ahora cuando estoy empezando a mejorar», subraya. «Los médicos te dicen que hay que tener fuerza de voluntad, pero no es tan fácil; muchas veces somos unos incomprendidos, y eso hace que nos aislemos y nos encerremos aún más en la comida», cuenta Maruja.


Por eso animan a todos los que tengan un trastorno alimenticio a conocer su grupo: «Es la mejor medicina, la más barata y sin efectos secundarios».

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