22 de febrero de 2012
22.02.2012

El Antroxu aureliano

Aurelio Suárez explotó los recursos plásticos y el mundo onírico que caracterizaron su obra en varias de las creaciones en las que el Carnaval actuó como el fruto de su inspiración

22.02.2012 | 01:00

Ángel CABRANES

Su mirada era fuente inagotable para plasmar, sobre todo aquello que caía en sus manos, una interpretación surrealista de la vida. El Carnaval era una de las épocas en la que todo lo que acontecía a su alrededor se aproximaba más a ese mundo onírico que ideó a lo largo de su obra. El singular interés del conjunto de creaciones inspiradas en el Antroxu que plasmó Aurelio Suárez radica tanto en el tema que el pintor gijonés toma como inspiración como en la ejecución de las obras. En ellas utiliza una gran cantidad de recursos plásticos e iconográficos muy habituales en su pintura. Un universo de simbolismos disfrazados en óleo, «gouache» o tinta e impregnados sobre papel, lienzo o madera.


El multidimensional «Tañedor de guitarra» que en 1942 dibujó Aurelio Suárez sirve como introducción de cómo el gijonés cubrió bajo el manto del Carnaval otras influencias como la música o la religión. La figura del tañedor, que ya se recoge en algunos pasajes de la Biblia, era entendida como un personaje que acercaba a la liberación. En la antigüedad, con frecuencia se contrataban músicos para que su suave melodía aquietara los espíritus perturbados, elevara los pensamientos pesimistas y alegrara los corazones. Aurelio Suárez camufla a este particular personaje bajo su compuesta mirada y da protagonismo a su guitarra en días de tanta algarabía como los carnavalescos.


Iconografías como las máscaras se han incorporado como otro de los elementos introducidos por el gijonés en clara referencia al Antroxu. A ellas dedicó una serie de doce unidades, realizada bajo la técnica de «gouache» sobre papel en 1975. La «Máscara diez» y la «Máscara cuatro», esta última inédita hasta el momento, son una muestra de ellas. Los tonos utilizados, muy reconocibles a lo largo de la obra del autor, y el hecho de plasmar a dos mujeres desnudas, para ceder todo el protagonismo a la careta que lucen, son algunas de las características principales.


El espíritu de cierta permisividad y descontrol que se respira en torno a la celebración del Carnaval sirve como excusa para que las pinturas de Aurelio Suárez encuentren en él un sitio para expresarse. Un camino más dentro del imaginario que ha dejado como legado el artista asturiano a lo largo de su extensa obra. Su fallecimiento en 2003 no ha impedido que la actualidad de sus interpretaciones siga tan viva como el Antroxu.

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