01 de marzo de 2012
01.03.2012
 

El Campoamor hace magia de la zarzuela

Gran éxito en el arranque ayer del festival lírico de Oviedo con dos piezas de Gaztambide y Barbieri enlazadas maravillosamente

01.03.2012 | 01:00
José Manuel Montero y Sonia de Munck, en el centro del escenario del Campoamor, durante la representación, ayer, de «El estreno de una artista».

Oviedo, Javier NEIRA

Una maravilla. El festival de zarzuela del teatro Campoamor de Oviedo arrancó ayer con dos piezas, en principio menores, pero que enlazadas con unos originales recursos y una escena verdaderamente fantástica se convirtieron en un espectáculo grande, de primer nivel y encantador por la calidad musical de Gaztambide y Barbieri, el elenco de cantantes-actores de gran nivel, unos libretos adaptados excelentes y, lo dicho, una puesta en escena maravillosa.

El XIX Festival de Teatro Lírico Español -que es la denominación oficial de la temporada de zarzuela- no pudo arrancar mejor, ya que, además, recuperó dos títulos que se ponen muy poco y en esta ocasión ha sido según una coproducción del teatro de la Zarzuela y del teatro Campoamor. La dirección musical del maestro Pérez Sierra, sobresaliente, y la dirección de escena de Ignacio García, extraordinaria.

La parte, que duró una hora y cuarto, fue para «El estreno de una artista», de Gaztambide. Teatro dentro del teatro, ópera dentro de la ópera o, si se quiere, zarzuela y ópera jugando a las parodias con un resultado espléndido.

La soprano Sonia de Munck, que llevó el peso de la obra, brilló a gran nivel, con un tenor excelente a su lado, José Manuel Montero, lo mismo que el barítono Marco Moncloa y la mezzo Marisa Martins, con un desarrollo de excelente actriz cómica además de cantante resuelta.

Un buen trío, citas a óperas clásicas -incluso a canciones como «quiéreme, quiéreme mucho»-, morcillas como «De España vengo, de España soy» y la buena actuación del Coro Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» junto a la orquesta Oviedo Filarmonía.

Y para enlazar, Astucio, director de orquesta en la farsa de Gaztambide, se convierte en el peluquero Marcelo y arranca la segunda parte de la velada, con «Gloria y peluca», de Barbieri. Hay que verlo, sobre una música de más consistencia, el escenario se articuló en tres planos; abajo, la peluquería y sastrería de los protagonistas; en un nivel intermedio, un escenario sobre el que Sonia de Munck, convertida en Julieta -de la ópera «Romeo y Julieta», de Bellini- canta alguna de sus arias más conocidas, y atrás, en un tercer plano, el palco del Duque.

El peluquero-Quijote quiere ser compositor y ahí Moncloa hace unas parodias de la ópera italiana verdaderamente mágicas, mientras la costurera-Sancho, papel que borda Marisa Martins, para quitarle esa locura de gloria de la cabeza quema sus partituras -como le quemaron los libros a don Quijote- y todo acaba en amor, con bromas de las que no se libró ni el ex presidente Zapatero.

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