01 de mayo de 2012
01.05.2012
 

Irrepetible y clarividente

Un personaje imprescindible del Oviedo de otra época

01.03.2012 | 01:00
Irrepetible y clarividente

Pérez Las Clotas era un tipo magnífico en la apariencia, en lo personal y como periodista. En el periodismo, vivió una época difícil (todas las épocas lo son, en el periodismo y en todo lo demás), aunque no tan mala como ahora se pretende dar a entender, ahora por demagogia o desconocimiento. Ya por aquel entonces LA NUEVA ESPAÑA era el gran periódico de Asturias, y Juan Ramón Pérez Las Clotas contribuyó desde el «puente de mando» a que lo fuera. Periodistas de raza con gran sentido «profesional» como él y Luis Alberto Cepeda consiguieron que el periódico del «partido único» fuera el periódico de todos los asturianos, caso bastante excepcional del periodismo bajo un régimen autoritario, en el que la libertad de expresión no es precisamente algo que merezca las simpatías ni la protección del sistema. Aunque si somos sinceros, todos los sistemas políticos cuando están en el Gobierno, incluidos los que la colocan como parte fundamental de sus programas, ponen a la libertad de prensa y expresión bajo sospecha, cuando no la reprimen de manera violenta. A Pérez Las Clotas le tocó bandear en una época en la que la libertad de prensa no gozaba precisamente de prestigio.


Por aquel tiempo, Oviedo era más pequeño, más provinciano y tenía mucho encanto. Como decía José Alberto Cepeda años más tarde: «¿Qué fue de aquel Oviedo en el que nos conocíamos todos?». Había tertulias de diferente contenido, algunas de carácter literario, otras políticas (dentro de un orden, claro es), otras de simple cotilleo y para pasar el rato mientras se tomaba el café después de comer. Las intervenciones de Pérez Las Clotas en algunas de aquellas tertulias, principalmente literarias, se comentaban en la ciudad, por su ingenio y a veces por su mordacidad. Era un hombre culto y puesto al día, de ironía temible o benevolente, según los casos: sus tomaduras de pelo a un profesor de la Facultad de Derecho bastante incompetente pero que llegaría a ocupar un cargo importante eran especialmente celebradas. Como director de LA NUEVA ESPAÑA y por sus talentos fue el personaje imprescindible del Oviedo de aquellos años.


Fue un hombre que «ha vivido», excelente escritor, hombre de acción un poco a lo «Pimpinela Escarlata» y muy clarividente en materia política. En los últimos años, desde su retiro de Gijón, enviaba de vez en cuando largos y documentados artículos a «su periódico», pues el verdadero periodista, como el verdadero escritor, no se jubila jamás. La pena es que haya publicado pocos, pero muy valiosos, en cuanto que desmontaban mitos con implacable precisión y nadaban contra la nefasta corriente del «pensamiento común» institucionalizado.


Hace pocos años vino a visitarme a mi casa de Sevares con Canellada y Lele (otro que como él ha bebido en la fuente de la eterna juventud). Estaba estupendo en el aspecto físico y formidable en el mental. Quedamos en volver a vernos más a menudo. Fue la última vez que le vi.

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