01 de mayo de 2012
01.05.2012
40 Años
40 Años
 

Testigo y amante de Gijón

Con la muerte de Clotas los gijoneses pierden una parte sustantiva de la pequeña historia local

01.03.2012 | 01:00
Testigo y amante de Gijón

Juan Ramón Pérez Las Clotas. Juanra. El amigo. El último maestro de la memoria de Gijón. Del Gijón de su infancia. Del Gijón de su juventud y madurez... y testigo lúcido y atento del Gijón errático de su vejez, nos ha dejado tras muchos meses de lucha.


Gijonés de Carreño, de nuestra común aldea de Prendes, por parte de padre...; de los Infiestos por parte de madre, sobrina que fue de aquel mítico capitalista don José de las Clotas Peláez, que siendo casi niño en carreta viajó de Infiesto a Santander, y navegó de Santander a Sevilla... para viajar a las Américas, pero allí quedó como «jándalo», y con mucho trabajo labró allí un pequeño capital con el que regresó a Gijón... Y aquí abrió una pequeña «cantina», en la que vendió orujos a los «sopladores» y peones que antes del amanecer abrían el turno de la fábrica de vidrios y cristales..., y luego montó un comercio de comestibles, y después un gran almacén de coloniales, y luego imaginó la sociedad que montó y explotó el Mercado del Sur... A los 52 años, en febrero de 1903, fallecía el rico «jándalo», referencia y orgullo de la familia Las Clotas, dejando padre, hermanos, cuñados y sobrinos..., que se han ido multiplicando... y una gran casa, con su almacén donde antes había estado instalado el «Circo Pelayo». Su recuerdo permanece en su casa renovada, y en la calle que lleva su nombre.


Juanra, periodista de profesión y vocación, siempre tuvo a orgullo aquellos orígenes humildes de su rama materna, tanto como los del otro abuelo, don Ramón Pérez González, natural de Prendes, «americano», que a su regreso casó con doña Josefa Prendes García, que tuvieron dos hijos, Víctor Manuel, profesor de Alemán en la Escuela de Comercio y gerente de varias empresas y padre de Juanra, y doña María de la Paz. Don Víctor Manuel fue destacado melquiadista. Su bandera republicana fue de las primeras que ondearon en Gijón en el abril de 1931. Juan Ramón, siguiendo la tradición de su padre, siguió militando en el credo republicano, y al cura Bardales dejó encargada una misa para que la diga en su memoria el día en que se proclame la Tercera República. Que así sea.


Juanra, que viajó el mundo, fue en todo momento y sobre todo un corazón gijonés. Gijonés de finos modales, elegante estampa y burlón de casi todo... ¡Lástima que no haya dejado escritas unas memorias, aunque hubieran sido breves!


Con él perdemos sus convecinos una parte sustantiva e importante de la pequeña historia local, la que corre oralmente en las tertulias de familia, de café, de club, de casino. Mientras pudo, Juanra fue un tertuliano fijo en las tardes del Club de Regatas. Hoy Miguel Fanjul se queda casi solo.


Escrita en una servilleta del café Central, de la calle Pelayo, que últimamente frecuentaba por la proximidad a su casa, tengo escrita la relación que me dictó no hace muchos meses con los kioscos de prensa y suscripciones y venta de entradas para espectáculos de todo tipo que existían en Gijón en 1936, y que en una fecha inconcreta fueron pasto de las llamas..., porque en el Gijón entre revolucionario y urbanita posterior al 18 de julio se hizo incontenible el ansia por mejorar la traza de la villa: se abrieron plazas, se derribaron edificios, aunque los hogares estuvieran atestados de gijoneses y refugiados...


Kioscos del Muelle, de los Cuatro Cantones (plaza de Italia), de los Moros, frente al Banco Gijón; del Seis de Agosto, propiedad del popular escritor Pachín de Melas; de la calle Covadonga, frente al Dindurra, y al final del paseo de Begoña, el kiosco de Juan, con sus mesas para tomar refrescos y anises. En el kiosco de Juan se vendían las famosas bolas de la Gocha, de sabroso anís, que contaban, antes de que se inventara el Chupa Chups, con un palo para sostenerla y darle vueltas en las bocas infantiles...


En fecha que Juanra no recordaba con exactitud los «urbanistas» locales, seguidos de la rapacería desocupada y los melómanos sin trabajo, antorcha en mano, los quemaron todos... excepto el kiosco de Juan, que siguió vendiendo manzanillas, anises... y las famosas bolas de la Gocha.


Juanra, José Guerra y Miguel Fanjul, el superviviente, «memoria prodigiosa», según Juanra, entre otros cien, siguieron la comitiva... y vieron como la esposa de Melás luchaba a brazo partido por salvar su kiosco, pero las fuerzas del progreso cuando se desatan son incontrolables...


Este fue el último cuento de Gijón que me contó Clotas... y suyo es para siempre.

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