27 de enero de 2013
27.01.2013
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«La pícara molinera» era de La Coría

La mejor zarzuela de ambiente asturiano está inspirada en un hecho real que Camín noveló: una reyerta en Gijón, en octubre de 1902, en la que murieron los hermanos Palicio

27.01.2013 | 01:00

Durante el pasado mes de diciembre se celebraron en Oviedo y otras localidades asturianas diversos actos culturales con ocasión de cumplirse el 30.º aniversario de la muerte del periodista, escritor y poeta asturiano Alfonso Camín, acaecida el 12 de diciembre de 1982 en la gijonesa localidad de Porceyo. Ciudadano universal, de azarosa y bohemia vida que transcurrió entre España, Cuba y México, Camín nunca olvidó sus orígenes a pesar de emigrar a la temprana edad de 15 años para Cuba. Asturias, de un modo u otro, está presente en gran parte de su extensa obra literaria, donde recoge con prodigalidad hechos y costumbres de la región, entre los que no tienen menor importancia los relacionados con su música y su folclore.


Así nos encontramos con su novela «la Carmona», editada en Madrid en 1926, drama rural ubicado en la parroquia de Contrueces a caballo entre los siglos XIX y XX, que tiene como eje un triángulo amoroso que termina trágicamente. Los aficionados a la lírica no desconocen que esta novela sirvió de inspiración para la zarzuela de Pablo Luna titulada «La pícara molinera», con libreto de Ángel Torres del Álamo y Antonio Asenjo, estrenada el 28 de octubre de 1928 en el teatro circo de Zaragoza y representada por primera vez en Asturias en el teatro Dindurra de Gijón el 6 de enero de 1929. Si bien el libreto de la zarzuela reduce, como es lógico, de forma considerable la acción narrada en el texto de Camín, eliminando situaciones y personajes, o fundiendo en uno solo a varios de ellos, conserva totalmente el acervo rural y asturiano de la novela, aunque introduce un cambio que atenúa su intenso dramatismo. Juan de Colás, rival del Pintu de Contrueces por el amor de la Carmona, molinera de gran belleza y personalidad que juega con ambos pretendientes, en la novela es asesinado alevosamente por El Pintu con la ayuda de unos compinches. El Pintu se termina casando con la casquivana molinera, pero a los dos años son también asesinados ambos, supuestamente a manos de amigos de Juan. En la zarzuela es El Pintu el que muere, sin que se sepa a manos de quién, poco después de que Colás fuera herido a su vez en otra pelea por amigos del Pintu. Pero Juan, desengañado con la actitud de la Carmona, no se casa con ésta, prefiriendo finalmente a la Pondala, joven lugareña propietaria del chigre del pueblo y enamorada en silencio de él desde hacía tiempo.


Independientemente de los cambios argumentales introducidos en el libreto, la verdad es que la música de Pablo Luna tiene un marcado sabor asturiano, habiendo sabido recoger con acierto la idiosincrasia de nuestros sones a pesar de no conocerla antes de acometer la composición de la zarzuela. Un único viaje a tierras asturianas cuando la decisión estaba tomada le sirvió de inspiración. La obra puede considerarse uno de los grandes éxitos del compositor, y es, desde luego, la mejor zarzuela de ambiente asturiano que existe, siendo la romanza del protagonista masculino «Paxarín, tú que vuelas» una de las más queridas y grabadas por los grandes tenores españoles, con Alfredo Kraus a la cabeza.


Quizá lo que muy pocos saben es que la novela a su vez está basada en unos hechos reales, homicidios incluidos, ocurridos a primeros del siglo pasado en los mismos parajes en donde se sitúa el relato. Y que en su día alcanzaron gran notoriedad, existiendo todavía algunas localizaciones de los trágicos hechos que terminaron en un sonado juicio con jurado popular celebrado en el Ayuntamiento de Gijón.


El aficionado y crítico gijonés Jesús Medina, gran estudioso de la historia de la lírica del siglo pasado, y contertulio del que esto escribe, fue quien me advirtió de tal circunstancia brindándose a enseñarme esos lugares, a la vez que me contaba lo que conocía: «Supe del suceso en los años cincuenta, por boca de mi padre. Años más tarde un amigo, que a su vez había tenido noticia de ellos por su abuelo, me dio más detalles. Los muertos fueron los hermanos Palicio, a manos de un tal Avelino Ruiz, novio de Isabel Iglesias, del Molín de Gadina. En el juicio Avelino fue declarado inocente».


Mi admirado contertulio no pudo precisarme las fechas en las que pudieron ocurrir los trágicos hechos, pero con estos datos y la inestimable ayuda del catedrático de Musicología de la Universidad de Oviedo Ángel Medina, dimos en seguida con un ejemplar del diario «El Noroeste» de fecha 4 de julio de 1903 en el que se da cumplida noticia del juicio celebrado el día anterior en el Ayuntamiento de Gijón como consecuencia de los hechos que nos ocupan. Según se deduce de la lectura del ejemplar, en la noche del 26 de octubre de 1902, en unos prados situados cerca del Molín de Gadina, hubo una reyerta entre los hermanos Ángel y Fructuoso Palicio y Avelino Ruiz, cuando éste volvía de visitar a su novia Isabel Iglesias, que vivía en el cercano molino. Como consecuencia de dicho altercado Avelino fue herido y los hermanos Palicio murieron. Parece ser que uno de los hermanos, Fructuoso, requería también de amores a la joven, y que esa misma tarde había habido ya un enfrentamiento entre los mismos personajes en un chigre de Ceares, que no llegó a mayores debido a la intervención de los parroquianos presentes en el bar. El juicio terminó con la absolución del acusado al considerar el jurado que este actuó en defensa propia. Revisando más ejemplares del «Noroeste» conocimos que Avelino Ruiz terminó contrayendo matrimonio con Isabel Iglesias el 9 de septiembre de 1905.


El Molín de Gadina, llamado Molín de la Piedra en la novela, y conocido hoy como Molín de la Coría, está prácticamente en ruinas, pero existe. Se emplaza a la vera de la carretera a la Coría, en la zona donde se ubica el parque fluvial del mismo nombre. Cerca, en la carretera de Ceares, a poco más de un kilómetro del molino, se halla la cruz de piedra conocida como «Cruz de Ceares», que Camín usa en la novela bajo el nombre de Cruz del Prado, labrada tras la muerte de Colás por uno de sus mejores amigos usando piedra de la cantera donde ambos trabajaban, y colocada en el lugar donde fue asesinado a modo de recuerdo y homenaje. Evidentemente esto es una licencia narrativa de Camín, pues la Cruz de Ceares realmente no tiene ninguna relación con la muerte de los hermanos Palicio. El origen de dicha cruz es un misterio todavía hoy, pero todo indica que es muy anterior a las fechas en las que transcurren tanto la novela como los hechos reales en los que se inspira. No obstante, hay una noticia fechada en el diario «El Comercio» del 19 de septiembre de 1889 en la que literalmente se afirma: «anteanoche ingresó en el hospital, herido de gravedad, el vecino de Ceares José Colás, a quien otro individuo, ya preso, le asestó dos puñaladas. El suceso ocurrió en el punto llamado Cruz de Ceares». El que el apellido Colás aparezca en dicha noticia, nos ha movido a investigar un poco más en el pasado con el fin de conocer la posible relación de este hecho con los ocurridos en 1902. Pero, como era de esperar, dada la distancia temporal entre ambos hechos, con resultados negativos.


A mi entender, Camín, como todo buen novelista, inventa una trama inspirado por personas y datos que no tienen relación entre sí pero que él amalgama a su conveniencia. Y que en este caso tienen además un alto componente autobiográfico. No hay más que leer el primer tomo de sus memorias «Entre manzanos», editado en 1952, en el que nos cuenta sus recuerdos de la niñez y adolescencia, para reconocer personajes, hechos y lugares -como por ejemplo la cantera aludida anteriormente- que usó con profusión en «la Carmona».


En cualquier caso todo lo anterior, aparte de permitirnos hablar de «la Carmona» y de «La pícara molinera», es una buena excusa para recordar a Camín e intentar interesar a los lectores en la vida y obra de este asturiano universal, de apasionante vida, que llegó a gozar de cierta fama y prestigio literario, pero que terminó sus últimos años casi en la indigencia, en su casa de Porceyo. Y ello a pesar de que en 1981 fuese nombrado por las autoridades provinciales «Hijo predilecto y poeta de Asturias».

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