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«Yo soy Corín Tellado, entretengo y me conoce el mundo entero»

Trabajadora y madre amantísima, la escritora padecía dos serias dolencias que le afectaban al riñón y a los huesos

Corín Tellado, con sus hijos, Begoña y Domingo, en una imagen de archivo.

Corín Tellado, con sus hijos, Begoña y Domingo, en una imagen de archivo.

Pilar Rubiera

Reina absoluta de la novela rosa y de los finales felices, María del Socorro Tellado López, Corín Tellado para la historia de la literatura (Viavélez, 1927), tuvo una vida muy alejada de la que disfrutaban sus protagonistas. Única mujer de cinco hermanos, hija de una ama de casa y un maquinista de la Marina Mercante, su producción literaria la sitúan al lado de autoras como Barbara Cartland, Victoria Holt o Jude Deveraux. Pero, a diferencia de ellas, que inventaban historias para poder vivir y sentir lo que le atribuían a sus protagonistas, Corín Tellado utilizaba lo cotidiano como herramienta. Nada de escenarios exóticos o románticos. Los hombres y mujeres sobre los que escribía eran como sus lectores: amaban, odiaban, eran generosos o codiciosos, pobres o ricos, buenos o malos. El fuerte de Corín era la descripción de los sentimientos y el estilo directo, el resto del escenario apenas importaba. Con ella no existían términos medios, y ahí parece radicar el éxito de su obra entre la clase popular.

Adelita, una de sus lectoras dominicanas, relataba en un reportaje en la revista poética «Almacén» por qué le gustaba Corín Tellado. «Me hace ver pajaritos preñados», decía. Y añadía: «Corín es la fantasía de los pobres, porque cuesta muy poco. Yo, a veces, cocinaba leyendo la historia que revoloteaba por mi cabeza y me producía cosquillas y quizá por eso sea que esa señora haya vendido tantos ejemplares y no se canse de escribir. Su repertorio es muy amplio y nos jamaquea el corazón con algunas bobaditas que todas queremos leer y que nos digan. Yo soy una entre esos millones de millones de mujeres que han leído y siguen leyendo sus historias. Con alguna de ellas he llorado como una loca, pero ella se las ingenia para encontrar la luz en el túnel. Casi siempre está de parte de un final feliz, donde todos los obstáculos, la adversidad, el engaño, la maldad, son vencidos. Quizás esa no sea la realidad pero me gusta que así sea en la novela. Una mujer busca ser feliz».

En la realidad de Corín Tellado hay muchos más matices que en sus historias. Publica su primera novela, «Atrevida apuesta», en 1946 y en 1947 firma un contrato con esa editorial por el que se compromete a escribir un relato a la semana. Comienza su carrera como escritora, que se ampliaría en 1951 con un contrato con la revista hispanoamericana «Vanidades», a la que debe entregar dos novelas cortas al mes. El éxito es inmediato.

Se casa en Covadonga con 32 años. A la vuelta del viaje de luna de miel ya sabe que ha sido un error. Un año más tarde nace su hija, Begoña y, al siguiente, Domingo. En 1962 se convierte en una de las primeras mujeres que, en pleno franquismo, decide separarse de su esposo. En 1966 aparecen las fotonovelas, otro de sus grandes éxitos. En esa misma década, la UNESCO la declara la escritora más leída en español después de la Biblia y de Cervantes. En 1975, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante publica en su libro «O» un capítulo dedicado a la escritora. Tiempo después los elogios le llegan de Mario Vargas Llosa.

«La gente piensa que Corín Tellado es un portento y que vive divinamente, pues no, yo he sufrido, he llorado, he sentido, como cualquier otro. He puesto en las novelas un sentimiento muy común, muy cercano y nunca me extrañó que las chicas me leyeran con tanto entusiasmo», declaraba en julio de 2007. Sumamente trabajadora -sólo en ocasiones excepcionales dejó de escribir-, madre amantísima y ya en las últimas décadas abuela feliz, Corín Tellado sufría desde hace años dos serias enfermedades que le afectaban al riñón -cada tres días debía someterse a diálisis- y a los huesos. «No temo a la muerte, sino al sufrimiento», solía decir.

Entre 1978 y 1979, bajo el seudónimo de Ada Miller Leswy y Ada Miller, publicó en Bruguera 26 novelas eróticas de bolsillo en la colección «Especial Venus», simuladamente traducidas al inglés. La censura franquista, decía, perfiló su estilo. «Algunas novelas venían con tantos subrayados que apenas quedaba letra en negro. Me enseñaron a insinuar, a sugerir más que a mostrar». En 1986 la editorial Bruguera se hunde y queda libre de un contrato de exclusividad que la había atado durante 24 años. Escribe cuentos de literatura juvenil para Júcar y Cantábrico. En 1991 publica su primera novela larga y su favorita, «Lucha oculta». Muchas de sus obras fueron adaptadas al cine y a la televisión. Las novelas de los últimos años, que dictaba a su nuera, Caco Moreno, tienen otra vitalidad, otro atrevimiento, más acorde con los tiempos. Escribió casi cinco mil historias y vendió 400 millones de ejemplares.

Lectora de Arthur Miller y de Victor Hugo, admiradora de García Márquez y de Vargas Llosa, nunca ocultó que escribía «novelas de evasión para entretener». Con su habitual energía declaró en una ocasión: «Yo soy Corín Tellado, entretengo y me conoce el mundo entero».

Asturiana y universal, Corín Tellado contó a Tico Medina su deseo para la hora de su muerte: quería que sus hijos le escribieran en su tumba «Ahí te vas con tu san benito», y que sus cenizas se dispersaran sobre el Cantábrico de su Viavélez natal.

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