Mientras en La 1 de TVE un hombre con una especie de organillo al que le faltaba la cabra tocaba un pasodoble dedicado a la duquesa, en Antena 3, frente al palacio de las Dueñas, Sergi, un reportero que parecía ir de speed, confesaba a los tertulianos del estudio que estaba ya de la boda de la duquesa «hasta el gorro», y eso que no eran más que las diez y media de la mañana. Desde media hora antes estas dos cadenas y Telecinco dedicaron ayer sus programas matinales al enlace, compitiendo entre sí para ver quién la soltaba más gorda a codazos entre los 200 periodistas que cubrían el evento frente al palacio y los centenares de sevillanos que intentaban ver algo del famoseo.

«Yo no tengo trabajo, y por eso he venido» -decía una mujer que confesaba estar esperando desde las siete de la mañana-, «y estoy muy feliz por la duquesa», añadía tan entusiasmada que una no puede por menos que preguntarse qué llevará a esa gente, en general humilde, a pegarse semejante plantón para intentar ver a una señora que en su larga vida no parece haberse preocupado especialmente por los pobres del mundo, pero, en fin. «Es que es muy famosa», me dice mi madre mientras nos tomamos el café con leche como si sólo con eso se explicara todo.

Mientras saltamos de una cadena a otra mi madre me explica que Carmen Tello es la madrina porque es la mejor amiga de la novia. «Esta mujer está casada en segundas con Curro Romero y...», pero se queda a medias en su explicación porque en la tele están repasando la vida de la duquesa y las reacciones de sus hijos ante la boda. Esto de ir haciendo zapping es un lío porque mientras que en La 1 cuentan que la hija ha sido ingresada de urgencia en el hospital por la varicela, en Antena 3 dicen que es cuento y hasta se meten con «los picores» de Eugenia, en una conversación de lo más fina.

Y es que todos coinciden en que los hijos que van a la boda lo hacen obligados. «No hay más que verle la cara a Cayetano, que no es de felicidad precisamente», dice una colaboradora de Ana Rosa, que a esas horas, como todos los tertulianos del programa de Telecinco, se ha vestido de gala con una pamela de estampado animal con plumas, en el colmo del absurdo.

En otra vuelta y en un retrueque digno de Almodóvar, encontramos en La 1 a un par de médicos muy serios analizando la salud de la duquesa aprovechando la sección de «Saber vivir». «La pobre es que no podía ni hablar bien antes de su operación. Ahora está mucho mejor». Cielo santo. Volvemos a Antena 3 a tiempo para captar uno de los debates más interesantes y generalizados de nuestro país en estos días. ¿Compartirán habitación los novios? Nadie se atreve a especular sobre si la pareja mantendrá o no relaciones sexuales, aunque mi madre lo duda. «No creo, ¿no?, una mujer tan mayor...». Puf. Menos mal que pronto cambian de tema para entrar al otro meollo de la cuestión. Rosa Villacastín lo tiene claro: «Yo lo del amor no me lo creo». Mi madre tampoco. Rosa asegura de buena fuente que a él le va a caer un buen pellizco, y llega a hablar de 300 millones de euros. Otro tertuliano habla de una renta vitalicia si enviuda, y un tercero dice que ya le han buscado un puesto de consejero en una empresa. Hay que ver. En medio del barullo, en una de las cadenas cuentan el dolor que ha sentido la duquesa ante la gente que piensa que Alfonso se casa por su dinero, tal como ella misma transmitió en una entrevista a Jaime Peñafiel que, según cuenta un fotógrafo, mantuvo un romance con la duquesa hace años. Se me atraganta la tostada.

Entre tanto, en las puertas del palacio de las Dueñas los codazos son cada vez mayores. Los abanicos vuelan y hay gente con lipotimia, varias mujeres están disfrazadas de duquesa, hay uno vestido de Rey Juan Carlos, un grupo que no para de cantar y otro protestando, nadie explica bien por qué. Todos se vuelven locos en cuanto aparece un coche. «Son los curas, los curas». Cualquiera vale con tal de dar alguna noticia. Sergi, el periodista nervioso de Antena 3, está ahora esperando a las puertas del hotel donde está el novio. «Joder, dadme paso», pide sin darse cuenta de que está en abierto.

Y aparece el novio entre empeñones, y luego la madrina con un vestido rojo «y una mantilla de encaje de Bruselas», dice un tertuliano muy puesto... Y hasta ahí hemos llegado, porque antes de la una del mediodía, cuando empezaba la boda, todas las teles han acabado sus programas matinales, con lo que, tras casi tres horas de matraca, mi madre y yo nos quedamos sin ver nada. Cayetano Rivera, con la novia; y su hermano Francisco, que hacen la gracia de salir de un coche para saludar a la gente, y se acabó. Todo un logro. Hemos seguido varios programas en los que no hemos visto ni la boda, ni a los invitados, ni a la novia. Menos mal que luego en los telediarios nos enseñan a los recién casados y podemos ver a Cayetana bailando sevillanas ante una multitud tan encantada que cualquiera hubiera pensado que les estaba lanzando billetes de 50. Si Berlanga levantara la cabeza...