Septiembre es uno de los mejores meses para peregrinar a Santiago realizando el Camino Primitivo por Asturias que se inicia en Oviedo y, por el interior, cruza toda la región en dirección a Santiago de Compostela. También es un mes excelente, aún con buena luz y temperaturas agradables, para todos los que gustan de caleyar nuestra tierra y disfrutar de la naturaleza, el paisaje, el paisanaje y la gastronomía de cada lugar antes de tener que ir pensando en meter en la mochila un buen chubasquero, el jersey gordo y unos calcetines de repuesto. Por ejemplo.

Aprovechando los días que aún nos quedan de verano antes de que haga su aparición el otoño, casi a la vuelta de la esquina -el otoño también tiene su encanto y mucho-, los peregrinos apuran el paso por el Principado y en ese caminar casi todos se detienen en Doriga, concejo de Salas, tanto para conocer la iglesia de Santa Eulalia como para comer e inclusive descansar en uno de esos bares asturianos auténticos de los que van quedando pocos y donde tanto la comida como el trato son reflejo del espíritu de sus fundadores: Pacita y Sandalio, que lo abrieron allá por los años treinta. Desde hace unos años cogió el testigo uno de sus nietos, Toño Arias García, quien ha sabido mantener la autenticidad de un chigre asturiano de siempre, adaptando el local a los nuevos tiempos e incorporando otros detalles en la decoración e inclusive en la música, que lo hacen, sin duda, un lugar único y especial. «Ca' Pacita fue un bar-tienda de los de mayor fama de Salas. Lo regentaron mi abuela y mi tía abuela Esther durante muchos años. Luego estuvo mi madre, Zulima, y finalmente yo me hice cargo del local», recuerda Toño Arias, que en su establecimiento y entre otras imágenes muestra las fotos de sus abuelos y sus bisabuelos.

No faltan en la barra un viejo medidor de aceite, una antigua pesa, el chigre o algunos carteles que rezan, por ejemplo, que hay café de manga o callos caseros. Y es que, desde primeras horas de la mañana, ya entra gente a su local a desayunar.

A la hora de comer o de cenar, y entre algunos de sus platos, se puede elegir entre una lasaña de frixuelos, espinacas, jamón york y queso, pimientos naturales rellenos de carne al horno, carne de buey, codillo al horno, crema de calabacín o ese plato que no falta en un buen bar asturiano: huevos caseros fritos con patatas, chorizo y jamón. También tienen ensaladas y tablas de embutidos, sin que falten tampoco el queso puro de oveja, el cabrales e inclusive un manchego. Por encargo también se hacen cordero a la estaca, fabada asturiana, conejo guisado y caldereta de cabrito. En cuanto a los postres, hay tarta casera, que varía según la semana, y cuajada. También hay otros comunes como la tarta al whisky. Entre las mesas del interior del bar y las que se encuentran en la terraza exterior, cubierta, la capacidad es para unas treinta y seis personas. Toño Arias recomienda llamar y reservar mesa.

Ca' Pacita cuenta también con servicio de alberguería a precios módicos con una capacidad para diez personas en «la casina». Cierra los jueves por descanso.