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Los afectados por la talidomida, entre ellos una familia asturiana, reclaman 204 millones

"En el prospecto, todo eran ventajas, ni un solo efecto secundario", afirma Carmen Martínez, hermana de Rubén, la única víctima de la región avalada por el Estado

El asturiano Rubén Martínez Menéndez. | lne

El asturiano Rubén Martínez Menéndez. | lne

Eduardo GARCÍA

Oviedo

El asturiano Rubén Martínez, sus padres y su hermana Carmen vivieron ayer con atención un juicio histórico, el de los afectados españoles por la talidomida contra la multinacional farmacéutica Grünenthal.

Rubén, 52 años, ovetense, es el único asturiano que superó en su día el examen clínico que lo habilita como víctima de un medicamento que, prescrito a las embarazadas, causó miles de malformaciones en recién nacidos en España a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Ahora, medio siglo después, la farmacéutica se ve en el banquillo, aparentemente abocada a responder a indemnizaciones cuya cuantía varía en función de la minusvalía reconocida.

En total, 186 afectados en todo el país, agrupados en la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (AVITE), reclaman en conjunto unos 204 millones de euros de indemnización. Se calcula que hubo en el país unos 3.000 niños afectados, muchos de los cuales fallecieron en su primera etapa. Queda aproximadamente un 10 por ciento.

En el domicilio familiar de los padres de Rubén, ya muy ancianos, se guarda el frasco de pastillas de talidomida recetadas "para los nervios" a la madre cuando aún desconocía su embarazo. El prospecto no tiene desperdicio: "Todo eran ventajas, ni un solo efecto secundario", apunta Carmen Martínez, la hermana de Rubén. "Mi madre se enteró un día por la radio de que retiraban el medicamento, le sonaba el nombre, corrió al armario y allí estaba el frasco, con unas cuantas pastillas sin usar".

Pastillas blancas, "pequeñas pero con mucho veneno" para las embarazadas. Rubén Martínez salió bien parado, dentro de lo que cabe, del uso de la talidomida, sobre todo si lo comparamos con otros casos. No tiene pulgares, nació con falta de osificación en las muñecas y arrastra problemas digestivos de por vida, pero ha logrado hacer vida casi normal.

AVITE intentó demostrar ayer en el juicio en Madrid varias cosas: "que hubo instrucciones expresas de no informar a los médicos españoles para que siguieran recetándola, a pesar de la tragedia que causaba el medicamento". Que "se ha podido demostrar que la talidomida se vendió por Grünenthal después de haber sido retirada en Alemania, por causar malformaciones, y "con intereses comerciales" y que "ha quedado demostrado los muchos kilos de talidomida que exportaron a España después de haberla retirado en Alemania y en el mundo".

"¿Qué indemnización puede compensar el sufrimiento de la familia durante tantos años?" se preguntaba ayer Carmen Martínez. Ellos se pusieron en contacto con la asociación de afectados a raíz de un programa de televisión en 2004. Hasta entonces, un rosario de "reclamaciones infructuosas" y la indignación de comprobar que "hasta nos negaban que el fármaco se hubiera comercializado en España". El juicio en Madrid quedó visto para sentencia. La empresa pidió que la demanda fuera desestimada.

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