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Humorista gráfico, premio "Príncipe de Asturias" de Comunicación

Quino: "He censurado mi imaginación porque me deprime no ver el dibujo que sale de mi lápiz"

"La orfandad fue un trauma para mí; sentí la muerte de mis padres como una traición, que me dejaban solo antes de saber defenderme, y no tuve hijos por eso"

Joaquín Lavado, "Quino", ante las tiras de Mafalda.

Joaquín Lavado, "Quino", ante las tiras de Mafalda. MIKI LÓPEZ

Cincuenta años con Mafalda y 15 minutos con Quino. El premio "Príncipe de Asturias" de Comunicación prefiere el sillón del hotel Reconquista de Oviedo a la silla de ruedas en la que hace los continuos desplazamientos. "Para no dar una imagen dramática", dice Joaquín Lavado, 82 años, hablar tranquilo.

-Cortó con Mafalda hace 40 años. En ese tiempo, la piratería le puso hasta banderas fascistas. Hoy unas pancartas decían "Mafalda no es princesa, es feminista". ¿La gente quiere a Mafalda más que usted?

-Pirandello dijo que una vez un autor crea un personaje, la gente lo va sintiendo como propio y cambia todo, sus costumbres, su ideología. Es cierto. Cuando digo que, para mí, Mafalda es un dibujo hay gente que se indigna: "¿Cómo un dibujo, si yo la siento como de mi familia, como una hermana, como una hija". No hago diferencia entre Mafalda y mis páginas de humor.

-Dejó de dibujar hace 7 años después de 60 de hacer humor gráfico. ¿Su cabeza sigue viendo chistes aunque no los haga?

-Me he censurado la imaginación porque ya no veo lo que sale de la mina del lápiz cuando estoy dibujando y eso me deprime mucho. Si no lo puedo dibujar, ¿para qué voy a pensar?

-¿Ha jubilado su cabeza?

-Trabaja sola por otros caminos, mucho con la música. Hay una conspiración mundial para no dejarnos pensar y a cada sitio que vas te ponen una música que no es la que quieres escuchar. Tengo una gran discoteca mental que tararea música popular o una sinfonía y me da mucha bronca que me la interfieran.

-Hizo centenares de chistes con orquestas. ¿La música le abstraía o iba a buscar un chiste al concierto?

-La música me abstrae de siempre y cada vez más. A los 20 años Chopin te resulta muy ligerito y vas sintiendo su dramatismo a medida que vas creciendo.

-De niño le fascinaban los mundos que salían del lápiz de su tío Joaquín. ¿El humor también salió de la familia?

-Claro, de mi familia andaluza, con mi abuela, comunista, con mucho sentido del humor.

-¿Quiénes le han hecho reír a lo largo de la vida?

-Más que nadie, Miguel Gila. Éramos amigos.

-¿Su primer humor?

-En el cine, a los 8 años, las películas cómicas mudas de Chaplin, Buster Keaton y otros estadounidenses. En mis comienzos tendía a trabajar sin texto. Hay cosas que no hay manera de contar sin texto, pero, en algún sentido, es más puro. Hoy, cuando veo películas en los aviones, les bajo el sonido a ver si las entiendo.

-Entenderá poco en las comedias de diálogos rápidos.

-El humor del cine ha desaparecido. Antes había muchos más. "Cantinflas" también era un fenómeno en Argentina. Y había humor en la radio.

-¿Quién le hace reír hoy?

-Un joven argentino, Tute, con un humor de reflexión, no de carcajada. Un poco lo que hacía yo.

-Pues hoy me tronché con un par de chistes mudos de "Mundo Quino", su primer libro.

-Me inspiraba en el humor francés del semanario "París Match", que tenía dos dibujantes muy buenos: Jean Bosc y "Chaval" (Yvan Le Louarn). Los dos se pegaron un tiro.

-Mafalda es el primer personaje femenino que piensa, más allá de "La pequeña Lulú", que quería ser como un chico, o "Periquita", que era traviesa.

-Es cierto eso. Cuando empecé a hacer Mafalda el momento de liberación femenino era muy fuerte y violento, con aquel lema italiano "Col dito, col dito, orgasmo garantito! (con el dedo, con el dedo, orgasmo garantizado).

-¿En casa le educaron muy bien o su mujer, Alicia Colombo, le enseñó a comportarse?

-En mi familia los roles masculino y femenino no estaban tan divididos. Era muy natural que un hombre se ocupara de cosas de la cocina, aunque no salió ningún gran cocinero. Perdí a mi madre cuando tenía 14 años y viví con una tía a la que ayudaba a fregar los platos y hacer las camas y no me sentía rebajado en la hombría.

-Cómo vivió la orfandad?

-Como un trauma. Mi padre murió poco después.

-¿Es cierto que su esposa y usted decidieron no tener hijos por su miedo a la orfandad?

-Sí, viví la muerte de mis padres como una traición. Te traen al mundo y te dejan cuando aún no sabes defenderte. Es injusto pero? Quedé con mi tío Joaquín, del que heredé la tendencia a ser dibujante. Los hermanos de mi madre, también el tío Santiago, tocaban la guitarra, cantaban, dibujaban. Hoy todos los sobrinos son abogados.

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