Leonard Cohen se fue a su manera de este mundo: en silencio, a pesar de que dio un preaviso cuando presentó su nuevo disco, "You want it darker". "Estoy preparado para morir", sentenció. Aunque días después bromeó con tal anuncio. Tal fue su serenidad y discreción para todo que la muerte fue el pasado día 7 y se comunicó ayer vía internet. Tenía 82 años. De nada sirvió su paz: el mundo lloraba ayer su muerte, que llegó muy cercana al fallecimiento de Marianne Ihlen, la protagonista de su célebre "So long, Marianne".

Se fue pues un músico y poeta que marcó huella, como lo hicieron Bob Dylan y otros genios sesenteros. Sobre la concesión del Nobel de Literatura a Dylan, Cohen dijo que era como poner una medalla al Everest. Había ahí una relación cruzada de admiración entre genios, entre trovadores. Al menos siempre circula la historia que cuenta la emoción de Dylan por "Hallelujah" y que en alguna ocasión le preguntaba cómo le había salido tan redonda y espiritual.

Entre su compendio de literatura y música, Cohen construyó un mundo propio. Y, claro, como escritor enredado en la música de alta gama tiene sus historias, una de ellas muy contada fue el encuentro con Janis Joplin, al menos plasmado en el relato de "Chelsea Hotel". La zancada a lo alto de la música la fue dando en pequeñas dosis hasta que reventó mercados con piezas como "Suzanne" o "First we take Manhattan", que no era marchosa pero para su estilo, con la producción final, resultaba "cañera". Antes y después de estas y otras referencias ya citadas parió un repertorio que le dio para estirar incluso cuando tuvo que salir de los cuarteles budistas para hacer gira y recuperarse de la estafa que le había hecho su mánager.

Una historia que Cohen contaba con placer era cuando bajaba a un parque de Montreal a tocar, con los dedos rígidos por el frío, con una guitarra Ramírez, decía, a la vez que proclamaba una y otra vez su pasión por Lorca, tanta que así bautizó a su hija. Dijo a este periódico, con motivo de su visita para recoger el premio "Príncipe de Asturias" de las Letras, cosas tan bonitas como que Lorca fue el primer poeta que le "invitó a vivir en su mundo". Hablaba y mucho de su amor por el flamenco, que buscaba en los garitos de Nueva York. Mantuvo, en fin, una estrecha relación con España, a pesar de que, como él mismo contó, no logró hablar el idioma; tampoco el francés ni el griego. "Con el español ya no lo intenté", desveló.

Pero sí, había una alta relación española con todo lo dicho y con instrumentistas como Javier Mas, al que llamó para su regreso en 2007, o con el traductor de su obra Alberto Manzano.

Y también mantuvo su idilio con Asturias, un vínculo que arrancó con el disco producido por el ovetense Manolo Díaz, "Poetas en Nueva York", cuya portada era de Eduardo Úrculo. Evidentemente el disco era un guiño a la obra de Lorca "Poeta en Nueva York" y en él aparecen junto a Cohen, Chico Buarque, Llach, George Moustaki, Mikis Theodorakis y Víctor Manuel.

Y, claro, no hay que olvidar el homenaje que le hizo la escena asturiana en el teatro Jovellanos de Gijón; escena noventera, con Nacho Vegas a la cabeza (y su versión de "El extranjero") y el Coro Joven de la Fundación, que le cantó "Aleluya".

Se fue Leonard Cohen y aquí, en Asturias, deja cátedra con su nombre en la Universidad de Oviedo, pero también las grandes palabras que escribió para su discurso en la ceremonia de entrega de los premios "Príncipe de Asturias" en el teatro Campoamor, con Lorca de protagonista: "Así que vengo hoy, aquí, esta noche, a agradecer al suelo, a la tierra, a este pueblo que me ha dado tanto porque un hombre no es un DNI y un país no es sólo eso, tampoco, una carga, un crédito, no es un país. En esta fraternidad en la que estoy con el poeta Federico García Lorca, puedo decir que cuando era joven y adolescente y buscaba una voz en mí, estudiaba a los poetas ingleses y conocía bien su obra, y copiaba sus estilos, pero no encontraba mi voz: solamente cuando por fin leí, aunque era una traducción, las obras de Federico García Lorca fue entonces cuando comprendí que había una voz".

Leonard Cohen combinó de siempre música y literatura. De hecho, la cosa musical tuvo cierto retardo en su carrera, hasta que se instaló en Nueva York. Nació el 21 de septiembre de 1934 en Montreal. De origen judío, siempre se postuló por la serenidad, la poesía, la literatura... en fin. Aunque también desbrozó otros aspectos literarios que no estaban vinculados a la poesía, como la novela.

Y en Literatura se licenció en la Universidad canadiense de McGill, donde tuvo sus primeros contactos musicales con un grupo de country, desde luego un género que no se ajustaba a su posterior embrión musical.

Así pues desde la universidad consiguió escribir un libro, gracias a una beca que le dio la oportunidad de viajar por el mundo, Y, vuelta a Lorca, uno de su primeros poemarios estuvieron inspirados en el poeta español.

En 1963 publicó su primera novela, "El juego favorito", a la que siguió el tercer poemario "Flores para Hitler" (1964), su segunda novela "Los hermosos vencidos"(1966) y el cuarto poemario "Parásitos del cielo" (1966). Su obra poética se completa con títulos como "La energía de los esclavos"(1972), "Memorias de un mujeriego"(1978), "Libro de la misericordia"(1984) o "El libro del anhelo"(2006).

A partir de mediados de los sesenta centró su carrera musical y volvió a América. Fue entonces cuando entró en el mundo de la música junto al cantante Judy Collins, quien grabaría dos de sus canciones más conocidas, "Suzanne" y "Dress rehearsal Rag".

Al año siguiente se presentó en público, fichó con Columbia y lanzó su primer álbum, "Canciones de Leonard Cohen", al que siguió en 1969 el exitoso "Songs from a room" y, en 1971, con "Songs of love and hate", se confirmó como uno de los grandes autores.

Durante los años setenta y ochenta del pasado siglo XX tuvo un sólida producción discográfica, aunque no todos con impacto en el mercado hasta llegar "I'm your man" (1988), que fue todo un revulsivo para ir enlazando generaciones. Luego tuvo un periodo musical discreto hasta que regresó a la escena tras sufrir casi la bancarrota por los desfalcos de su manager. Fue un tiempo extra para disfrute de los fans.