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La tatuadora con alma de enfermera

La ovetense María Fernández reconstruye con micropigmentación areolas y pezones a mujeres que han sido mastectomizadas

María Fernández posa en su estudio ovetense de tatuaje.

María Fernández posa en su estudio ovetense de tatuaje.

María Fernández combina desde hace un año su formación como auxiliar de enfermería con sus conocimientos en micropigmentación y estética. Ese es el tiempo que lleva abierto su estudio de tatuaje en el Alto de Buenavista de Oviedo, que en tan poco tiempo se ha convertido en un referente asturiano

Amable y tranquila, transmite paz a su interlocutor y muestra orgullosa varias fotografías y vídeos con el resultado de sus reconstrucciones. Los dibujos de sus antebrazos asoman por debajo de las mangas dejando entrever una enorme rosa y varias figuras simbólicas. A esta joven de 30 años le encantan los tatuajes y más aún si contribuyen a la superación personal. Sin ahondar demasiado, admite que vivió "de cerca" un caso de cáncer de mama que le hizo plantearse la posibilidad de ayudar a las mujeres que han pasado por el calvario de quedarse sin pecho. "Las hay que vienen con depresión y recuperan la autoestima al acabar la sesión. Para mí es un placer contribuir a su bienestar".

El requisito fundamental antes de ponerse en manos de la tatuadora es que la mujer consulte previamente con un cirujano plástico la viabilidad de recuperar sus areolas por medio de pigmentación reconstructiva. Una vez que obtiene el visto bueno del médico, María le hace una prueba de alergia a la tinta y en caso de que reaccione bien, juntas deciden el tamaño, color y aspecto del diseño. "Lo principal es que sea acorde al tono de piel para que se vea realista". Utiliza colores marrones y rojizos. Aplica primero una capa de tonos claros y va aumentando la intensidad hasta utilizar los más oscuros para lograr un efecto "3D".

Pese a lo doloroso del proceso, prefiere no usar anestesia y emplear algo más de tiempo en la realización del tatuaje. Entre cuatro y seis horas. "No creo que nadie pueda tolerar más". La anestesia tiende a endurecer y acartonar la piel evitando que el pigmento penetre lo suficiente y haciendo que pueda borrarse. "Si el dolor es insoportable, puedo hacer el tatuaje en varias sesiones espaciadas por un mes de tiempo para dejar que la piel cicatrice, pero yo recomiendo hacerlo del tirón para pasarlo cuanto antes".

El estudio de María está decorado en tonos suaves y relajantes. Una guirnalda de corazones color pastel decora la sala en la que tatúa y hace las reconstrucciones, e incluso hay fotografías familiares enmarcadas. "Para hacer las areolas y los pezones voy a un ritmo más lento que en un tatuaje normal. Soy consciente de lo que sufren". Aunque el umbral del dolor es subjetivo, la existencia de un pezón reconstruido con cartílago por un cirujano alivia el trance. "En caso de haberlo, me facilita mucho el trabajo y acorta la sesión de tatuaje. He tenido ambos casos".

Disimular las cicatrices de las mamas también es su especialidad. Las mujeres que se han puesto implantes, con independencia de haber sufrido una mastectomía o haberse aumentado el pecho, suelen presentar marcas en el lugar de la piel donde les han hecho una incisión o les han cosido. También les ocurre a aquellas que han reducido el tamaño de su pecho. "Es una línea fea y antiestética que con pigmentos claros, del mismo tono que la piel, es prácticamente inapreciable".

María ha creado un vínculo con las cinco mujeres que han pasado por "Tik Tak Boom Tatto" para reconstruir sus areolas. Les ha hecho un seguimiento para comprobar que el tatuaje y la piel están en perfecto estado. Todas son ovetenses que viven fuera. "Una de ellas está en Ibiza y se ha pasado a saludarme. Es feliz".

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