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¡SÓLO POR UNOS DÍAS!

A Ciencias Sociales como en misa

La escritora británica galardonada Karen Armstrong quita pedazos de Dios a las guerras religiosas en la biblioteca de la Universidad

Armstrong, ayer, en la biblioteca de la Universidad de Oviedo. EFE / CEREIJIDO

El secularismo fue liberador en Occidente, pero en Oriente Medio fue horrible. En el Egipto de los años cincuenta, Nasser mandaba quitar los velos a las mujeres y encarceló a miles por repartir panfletos y el Sha de Persia mandó disparar a cientos de musulmanes. Mientras decía esto, la mano de Karen Armstrong parecía haber atrapado la idea como si fuera un insecto.

La escuchaban un centenar de personas dentro de la biblioteca de la Universidad de Oviedo, en la calle San Francisco, un prisma rectangular de madera noble, con vidrieras emplomadas que dejan pasar la luz del día y estanterías enrejadas que contienen la luz del saber.

Para atender a la premio "Princesa de Asturias" de Ciencias Sociales, el espacio había sido distribuido como un club inglés, madera, cuero, terciopelo, los conjuntos de asientos se orientaron hacia una mesa baja con dos jarras de agua y dos vasos que hidrataron la conversación con el profesor de Historia Moderna Francisco Manzano. El mobiliario mezclaba sillas de comedor clásico con sofás Chester y butacas de chalé antiguo sobre una alfombra muy pisada.

La audiencia estaba en esa etapa posterior a la caída del Imperio romano, es decir, en la alta Edad Media. En la espera de la llegada de una mujer doblemente comprensiva con las religiones -porque las comprende y las comprime- los móviles con tapa a los que se quitaba el sonido parecían devocionarios. Mayoría universitaria y femenina.

Lo que me interesa de las cruzadas es que los primeros en llegar a Jerusalén, en 1099, encontraron judíos y musulmanes y mataron a muchos en dos días, la sangre llegó a las rodillas de los caballos. Cinco meses más tarde seguía la peste a muerte de la ciudad. Si hubiera habido Yihad el 11-S no lo superaría. Esta vez la mano diestra, que es la más elocuente en Armstrong, se movía como una garra que rasgara tópicos. Todos atentos como en misa, con la diadema de los cascos.

En un relato fragmentario, la premiada se ha contado alguna vez como una mujer que fracasó en su intento de ser monja de los 18 a los 25 y a la que no le fue mucho mejor para abrirse paso académico en la literatura, hasta que dio con las religiones, que considera una necesidad humana. Sobre ellas, Armstrong construyó una obra ecuménica que da lustre a la religión como literatura y a su culto como arte. Por eso habla mejor de los tres monoteísmos que del ateísmo único. Por eso ha escrito una biografía de Mahoma y no le ha hecho un retrato.

Como su discurso trabaja los matices no sorprende que quite porciones de Dios a las guerras de religión, pero llama la atención que haga suyo el discurso de que su mayor causa sea el aburrimiento de los varones jóvenes. Guerrear da trascendencia a sus vidas, sean cruzados o del Daesh. ¡Qué entretenidos debían de estar tantos campesinos asturianos de principios del siglo pasado cuando embarcaron para América huyendo de ser reclutados para ir a morir por el rey a Marruecos y qué bien lo debían de pasar los ricos espormanes cuando pagaban para no ser tropa en África!

Armstrong no tiene un discurso maniqueo sobre las religiones. La Universidad de Oviedo tampoco. Es un ejemplo de matices de la ejecutoria religiosa sobre toda esta biblioteca de una universidad promovida por el inquisidor general Fernando Valdés Salas, autor de índices de libros prohibidos, entre ellos los de Erasmo de Rotterdam, a cuyos seguidores liquidó. Insuficientemente. Por eso nuestros becados por Europa son "Erasmus" y no "Fernandus".

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