Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Actor, premio "Nacho Martínez"

Juan Diego: "Busco siempre dentro de mí el personaje que voy a hacer"

"Recuerdo cuando iba de jovencito a Xixón al Festival de Cine de la Infancia con una película y ahora me dan un premio; caray"

Juan Diego.

Juan Diego. RICARDO SOLÍS

Es uno de los grandes actores españoles. Subirá el próximo viernes al escenario del teatro Jovellanos, donde ha cosechado éxitos, para recibir el homenaje del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) y el de los profesionales de la escena. Juan Diego (Bormujos, Sevilla, 1942) tiene tres "Goya" y una larga carrera de todoterreno de la interpretación, con varios papeles memorables.

-¿Qué supone recibir el premio "Nacho Martínez"?

-Lleva el nombre de un actor y eso ya me llena de orgullo. Y, además, era un amigo de aquella etapa tan potente y bonita, en Madrid,

-Juntos hicieron, que yo recuerde, sendos papeles en "El viaje a ninguna parte", de Fernando Fernán-Gómez. ¿Queda algo de aquel mundo de los cómicos de la legua?

-Queda el veneno... Como en aquel título, "El veneno del teatro". Persiste en nosotros ese veneno que no sabemos cuándo se inocula. Y es lo que logra, de alguna manera, abrir vectores, miradas para auscultar la vida.

-Usted fue uno de los protagonistas de la famosa huelga de los actores de 1975. ¿Han mejorado o la profesión sigue siendo fuente de incertidumbres?

-De aquella huelga y de otras protestas anteriores ha quedado el día de descanso, que no teníamos. Algo propio de seres humanos y no como los animales, que trabajan todos los días. La conciencia de dignidad, inherente a todo hombre y mujer, porque apareció el orgullo de pertenecer a la profesión. Y también el reconocimiento de la importancia de la cultura, del teatro. Todo eso no existía antes de esa manera colectiva. Había otras reivindicaciones, pero fueron desapareciendo como en otros gremios, y como en la clase trabajadora. Estamos todos, todos, inmersos en una vorágine de no saber cuándo hay trabajo. Estamos es un proceso de transformación, pero para mal.

-¿Hoy sería posible una huelga como aquella?

-No lo sé, creo que no. Estamos en una democracia, mientras que en aquella época reivindicábamos la libertad. Fue posible por la cerrazón y las condiciones políticas del momento. Alcanzamos un hito en la conquista de las libertades, pero hemos ido perdiendo. Fue la primera "huelga general" de la cultura. Podría darse si viviéramos un momento de desesperación, como ocurre con otros colectivos ahora: en Avilés, o en Cádiz.

-¿Cómo logra un actor, como es su caso, mantenerse tantos años en primera línea?

-Sin lugar a dudas, por la suerte. Estoy convencido de que eso existe: la prueba soy yo y otros compañeros. Ahora bien, evidentemente hay que trabajarla; si no trabajas, te olvida. Y lo que hablamos del veneno, que apareció en mis venas; se convirtió en una necesidad. Todo lo que soy se lo debo a la cultura, al teatro, al cine... Y a mi relación con el otro. Esto que está dentro de mí no es sólo de libros, sino también de sensaciones, de encuentros.

-¿En ningún momento le tentó la posibilidad de arrojar la toalla?

-Nunca, tajantemente. Tenemos siempre un punto más allá de ese esfuerzo que creemos irrealizable. Y me levanto. Miraba para atrás y veía cuántos compañeros muy buenos habían caído porque se les acababa la gasolina, la suerte... Así que me decía: "Tío, no puedes abandonar".

-Los actores que han militado en una izquierda muy comprometida, como es su caso, ¿lo han tenido más difícil?

-Pues, hombre, creo que sí; cuando remas un poco a contracorriente, las aguas suelen bajar arrolladoras, turbias. Pero ¿qué hace uno siendo solo, sin la solidaridad, sin tener en cuenta el dolor de los demás? Creo que sí, un poquito o mucho, no lo sé; lo cierto es que me tocó esa pelea, que ha sido también una especie de acicate. Pero no hay que vanagloriarse; hay gente que también se la juega en las oficinas, en los comités de empresa. Gente que tienen familia y se la juegan porque hay que jugársela en favor de los demás.

-Curiosamente, algunos de sus papeles más recordados están en las antípodas de lo que es usted. Pienso en el de Franco o en el del repugnante señorito de "Los santos inocentes". ¿Le han costado?

-No, curiosamente no. Tengo la teoría de que todo lo bueno y malo que hay en esta bendita Tierra existe, lo llevamos dentro. Desde esos dos personajes, hasta Hitler o esos bestias que matan. No estoy exento de tener ese mal, de que anide en mí. Lo que tienes es que conjugar tus números, la pasión interna, para representar eso. De manera que siempre busco en mí el personaje que voy a hacer: me rasco las tripas y miro, no viene de la Luna o de Marte. El otro día, en una reunión, lo decía: "compañeros, compañeras, soy machista". Se hizo el silencio. Y lo cierto es que todos los hombres somos machistas; hemos creado una sociedad para el macho y el poder. Hay que pelear contra ese comportamiento.

-¿Cuál ha sido el papel de su vida?

-El papel es un conjunto de muchos factores. Quizás hay un antes y un después en mi carrera a partir de "Los santos inocentes". Para mí y para Alfredo (Landa), que estaba ya consagrado, o para Paco (Rabal); en fin, para casi todos los que hicimos esa película. Y también "La noche oscura", de (Carlos) Saura, que coincidió con un proceso de crisis. Me sentí muy identificado, porque San Juan de la Cruz es un poeta que me hace más grande y más niño. Podía ser ése, porque me dio más de lo que yo puse.

-Usted es uno de los grandes de la escena española, en teatro, cine y televisión. Sin embargo, es como si se sintiera incómodo en esa peana.

-Me gusta que se reconozca que soy un buen actor, que soy polivalente. Y que me respete la profesión; de estar al servicio del país en el que vivo y de la cultura. Pero no hay que darle vueltas. Pienso siempre en la suerte que he tenido, aunque soy consciente de que son muchos los factores que determinan un trabajo. ¡Cómo no va a gustarme! Estaré en Xixón, en Asturias. Y pienso cuando iba al Festival de Cine de la Infancia con una película que se titulaba "Fantasía... 3" (Eloy de la Iglesia). Después hice teatro en el Jovellanos, en el Campoamor... Y sigues. Te acuerdas que estabas allí de jovencito, haciendo el ganso, y resulta que ahora me dan un premio. Caray.

-¿España quiere a sus cómicos o los olvida fácilmente?

-Ahora se olvida todo mucho más rápidamente. Pasa todo a velocidad de vértigo. Unamuno decía aquello de que la gente ignora lo que desconoce. Afortunadamente, hay también un público que valora el teatro, el cine, la cultura en general. ¿Y qué pasa con la gente de la investigación, sin medios? Andamos más con los "realities" y todas esas cosas.

Compartir el artículo

stats