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El Auditorio se rinde a Jaho y Bernheim

La soprano y el tenor emocionaron al público asturiano en un recital memorable que culminó con cuatro propinas muy celebradas

La soprano Ermonela Jaho y el tenor Benjamin Bernheim, en el centro, saludando ayer en el Auditorio.

La soprano Ermonela Jaho y el tenor Benjamin Bernheim, en el centro, saludando ayer en el Auditorio. CAROLINA DÍAZ

La soprano Ermonela Jaho y el tenor Benjamin Bernheim pusieron anoche en pie al Auditorio Príncipe Felipe tras las cuatro propinas que ofrecieron ayer en una memorable jornada de ópera que se incluía en el ciclo "Los Conciertos del Auditorio". Los dos cantantes consiguieron emocionar al extenso número de aficionados

El recital hacía un recorrido por las arias y dúos más conocidos del repertorio lírico que, junto a la enorme calidad artística de Jaho y Bernheim, predispuso al público que se mostró entregado desde el primer momento.

La primera aparición de la soprano albanesa, que interpretó "Despuis de jour", de la ópera "Louise" auguró el éxito de la velada. En este aria, Jaho exhibió un fraseo muy cuidado, con un ataque "filado" en los agudos estremecedor, y de una belleza exquisita. Su color vocal mutó entre las distintas arias que interpretó, una versatilidad que fue muy aplaudida por el público.

A continuación le llegó el turno a Bernheim. Su primer aria, de la ópera "Faust", dejó intuir que, también para él, el fraseo es un elemento muy importante en el canto. Su actuación ayer fue a más en todo momento. Tiene Bernheim un timbre particular, que recuerda a los grandes tenores de antaño, y dejó constancia de ello en la que fue una de las grandes, "Pourquoi me revéiller". Una de las arias más aplaudidas de la noche, en la que mostró la enorme potencia vocal, incluso por encima de la totalidad de la orquesta.

Jaho además de cantante es un actriz que sabe conmover. La segunda parte, y muy especialmente el final del primer acto de "La Bohème", fue el mejor ejemplo. Llevó, junto a Bernheim, el escenario del recital hacia un terreno más operístico por la semi-escenificación que representaron. La química entre ellos casi pone en entredicho que ayer fuese la primera vez que cantaban juntos.

La Oviedo Filarmonía y la personal dirección de Alain Guingal sumaron sus esfuerzos a una jornada memorable. Su gran sonoridad y la precisión en las entradas fueron lo más sobresaliente.

Ante un público conmovido al término del recital, ofrecieron un total de cuatro propinas. La primera fue "Una furtiva lagrima", sobrecogedora por las modulaciones tímbricas que consiguió. Le siguieron "O mio babbino caro" y "Vissi d'arte", en las que Jaho emocionó de nuevo a los asistentes. Cerró el recital el brindis de "La traviata", acompañado por la sonora ovación con la que el público les despidió.

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