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En la roca donde nació el arte en Asturias

George Sauvet, referencia mundial de los estudios del Paleolítico, volvió al Abrigo de La Viña, yacimiento que estudió hace ahora cuatro décadas

Los surcos auriñacienses

Los surcos auriñacienses / D.P.

Manzaneda (Oviedo)

Hace cuarenta años que George Sauvet pisó por vez primera el Abrigo de La Viña. Lo hizo de la mano del prehistoriador Javier Fortea, que le sirvió de guía para adentrarse en un espacio arqueológico aún hoy lleno de incógnitas, bajo el manto de caliza de un murallón imponente y sobre el curso del río Nalón, en el pueblo ovetense de Manzaneda. Muchas de las preguntas que Sauvet y Fortea, que se conocieron personalmente en La Viña, se formularon a finales de los setenta frente a los enigmáticos signos siguen hoy sin respuesta definitiva.

Esos signos suponen la primera expresión artística conocida en Asturias. Más de 35.000 años nos contemplan. En La Viña hay arte ideomorfo y arte figurativo. Como ejemplos de este último, una excelente cabeza de cierva en apenas tres líneas que lo explican todo, y el perfil casi completo de otro animal, probablemente un cérvido, de lomo y cuello muy marcados.

En la roca donde nació el arte en Asturias

En la roca donde nació el arte en Asturias

Sauvet, una de las referencias mundiales en el estudio del arte paleolítico, participó ayer junto al profesor de Prehistoria de la Universidad de Córdoba, José Luis Sanchidrián, en la clausura de las jornadas de homenaje a Javier Fortea, a los diez años de su muerte, organizadas por la Asociación Profesional Independiente de Arqueólogos de Asturias (APIAA). Y el científico francés, miembro del Centre de Recherche et d'Etudes pour l'Art Préhistorique, aprovechó para desempolvar recuerdos, a mitad de camino entre lo académico y lo personal. Lo acompañó el profesor Marco de la Rasilla, quien dirige los trabajos de La Viña, centrados en el análisis de los miles de piezas encontrados en su día en el yacimiento.

Queda mucho por hacer. La Viña es un espacio arqueológicamente muy rico. Se encontraron restos de fauna y microfauna, de industria lítica y carbones, aunque no restos humanos. La excavación se cerró en 1996 pero el análisis de restos dio para mucha publicación, y lo que aún resta. "Cuando Javier Fortea muere me tocó proseguir los trabajos, se lo prometí y estoy comprometido a sacar adelante los estudios sobre el Abrigo de La Viña", afirma Marco de La Rasilla.

En la roca donde nació el arte en Asturias

En la roca donde nació el arte en Asturias

La historia de habitación en La Viña es dilatada, aunque discontinua, como explicaban ayer a LA NUEVA ESPAÑA De La Rasilla y María González-Pumariega, arqueóloga, guía del Principado, discípula de Fortea y una de los organizadores de las jornadas de homenaje al científico. La Viña fue "casa" de grupos de cazadores recolectores durante al menos esos 35 milenios, desde los 48.000 hasta los 12.000 años, desde el Musteriense hasta el Magdaleniense. Un lugar acogedor, con el curso fluvial a mano, en medio de bosques, apuntando al mediodía y al abrigo de la montaña (el nombre del yacimiento no es casual). Pero las inmejorables condiciones del entorno no pueden explicar en su totalidad esa querencia durante decenas de miles de años por ocupar el lugar. Es la llamada de la memoria.

En algunas de las paredes de La Viña se pueden ver rayas profundas, grabados verticales en su mayoría, que componen un mundo simbólico. Fascinante en sí mismo, pero con el plus de que no hay nada más antiguo en el Paleolítico asturiano. ¿Es arte? Sauvet, De La Rasilla y Sanchidrián coinciden en que la palabra "arte" es aquí puro convencionalismo. Las rayas de La Viña son "expresión simbólica" y tienen una carga inmensa de "sicología y trascendencia".

En la roca donde nació el arte en Asturias

En la roca donde nació el arte en Asturias

Junto a los grabados se abren varias catas. La más llamativa lleva hasta el Nivel X, Auriñaciense, en torno a los 30.000 años. Está a unos dos metros por debajo de la actual superficie. Adosados a la pared permanecen los restos de una estufa, lugar donde se encendía fuego que calentaba la pared y producía un efecto de reverberación para caldear el entorno. El Abrigo de La Viña estuvo ocupado durante el Máximo Glaciar, hace unos 22.000 años. Es de suponer que en La Viña habría estructuras de abrigo hechas con pieles y postes de madera, pero faltan los hallazgos arqueológicos que lo confirmen.

Los grabados en raya de La Viña son contemporáneos al gran arte parietal de la cueva de Chauvet, y George Sauvet asume que "es difícil de entender tan grandes diferencias, aunque quienes grabaron los signos del Abrigo de La Viña tenían capacidades para hacer arte figurativo. Pero aquí hay una voluntad clara de representar algo abstracto. ¿Qué significa esa abstracción? ¿Estamos ante una forma de marcar el territorio? Lo más honesto es reconocer que no lo sabemos".

José Luis Sanchidrián añade: "En realidad desconocer es un estímulo, cada descubrimiento nos obliga a modificar nuestros esquemas conceptuales". "A cambiar de modelo", matiza Sauvet para quien las representaciones de signos y figuras del Abrigo de La Viña es como "un arte en casa, decoran por así decirlo, el propio lugar donde habitaban", y donde lo hicieron decenas de grupos anteriores durante milenios. Casa común mantenida en el tiempo.

Hace veinte mil años la movilidad de los grupos del Paleolítico "era mucho mayor de lo que podemos suponer", dice Sauvet, Por ahí giró el argumento de su ponencia, ayer en el Museo Arqueológico. "El contacto entre grupos explica la difusión de materias primas y los intercambios de bienes y tecnología".

El sílex, por ejemplo, un material fundamental para la obtención de útiles o para grabar sobre la roca. En La Lluera (Las Caldas) se encontró sílex de minas muy cercanas a la actual frontera con Francia. Hay por medio unos 400 kilómetros.

"Lo que parece seguro es que también existían puntos de encuentro entre grupos. Esa especie de meeting-points paleolíticos estaban situados en lugares donde abundaban los recursos".

José Luis Sanchidrián recalca "la dificultad de explicar a nuestros alumnos que las sociedades de cazadores recolectores se movían, que eran capaces de coger a la abuela y a los niños y marcharse lejos en busca de recursos".

Para subir hasta La Viña es preciso superar una ladera corta pero empinada. Sauvet se enfundó su mono de trabajo. "No he perdido la capacidad para emocionarme. La emoción es esencial, fundamental para el artista pero también para los que vemos su obra varios miles de años después".

Y recuerda unas palabras de su amigo Fortea: "nuestro trabajo consiste en revivir a los hombres del pasado, a reanimar la prehistoria".

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