18 de octubre de 2019
18.10.2019
Premios Princesa

Peter Brook y los ecos modernos sobre la escena

17.10.2019 | 20:00
Peter Brook y los ecos modernos sobre la escena

La historia y el porvenir han reducido el título "La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat representada por el grupo teatral de la casa de salud mental de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade" a sólo "Marat /Sade". Así, breve, el último premio "Princesa de Asturias" de las Artes, el director de escena Peter Brook (Londres, 1925), presentó en la capital británica, hace más de medio siglo ya, su montaje más extraordinario de todos: el que abrió las puertas de los teatros y rompió con la escena rancia y "telaroñosa" e iluminó las sombras burguesas y vulgares que contaban penas y arrancaban carcajadas a tipos que, para poder tenerlas, se las tenían que incrustar en la cara al salir de casa, delante del espejo, después de afeitarse, un momento antes de la tarde de teatro.

Lo que hizo Brook en 1967 en Londres fue como un terremoto cuyas ondas contribuyeron a desmoronar la escena benaventina española de aquellos entonces. Y es que, un año después de lo de Marat, Sade y Brook, se empezaron a abrir puertas y ventanas cerradas en aquella España todavía "devota de Frascuelo y de María".

El eco de Brook en España lo amarró Adolfo Marsillach en el año en que todo empezó a suceder: en 1968, cuando las revoluciones aún revolucionaban de verdad: en aquel principio del final del Antiguo Régimen la escena probó que se podía sacudir el polvo añejo del tiempo de orden. Y así España dio portazos a las puertas que se abrían y se cerraban sobre las tablas al modo más viejo. Todo, sólo, por una obra de teatro de nada. ¿El teatro puede cambiar las cosas?

"Toda forma teatral es mortal, ha de concebirse de nuevo, y su nueva concepción lleva las huellas de todas las influencias que la rodean". Esto es de Peter Brook, el tipo que este año será el más moderno y el más antiguo sobre la escena del teatro Campoamor, el mismo que habrá conocido la del Palacio Valdés a las puertas de su centenario. Y es que, cuando Brook vino al mundo, el Palacio Valdés llevaba cinco años abierto. Brook es la historia y el futuro de la escena nacional e internacional. Lo de "Marat / Sade" fue uno de los principios, pero después vinieron muchos más: el estreno en España de "Why?", el otro día, en Oviedo. O la puesta en escena, también Oviedo, en aquellos iluminados años noventa, de "Woza, Albert!" Brook mediante, el Campoamor acogió la representación de la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo, pero en Sudáfrica, en la más dura Sudáfrica de todas, la del Apartheid, la de Mandela en la cárcel y Stephen Biko hecho canción. Brook sigue siendo moderno, a pesar de que aguanta sobre su bastón todos los años del mundo. Es el tipo que dio forma al adagio de los teatreros de pro: el teatro no es vida; el teatro, sí, puede ser como la vida, pero la vida es la que traen y llevan los espectadores, aquellos tipos que contemplan el espacio vacío y descubren al hombre que camina mientras lo cruza: el teatro es efímero, es conversación.

"Cierto que seguimos deseando captar en nuestras artes las corrientes invisibles que gobiernan nuestras vidas, pero nuestra visión queda trabada al extremo oscuro del espectro. Hoy día el teatro de la duda, de la desazón, de la angustia, de la inquietud, parece más verdadero que el teatro de nobles objetivos". Esto es, también viene de su biblia para teatreros -"El espacio vacío"-, el libro que vino después de "Marat / Sade", el título sobre el que se fundamentó la revolución revolucionaria. Ha pasado medio siglo de todas estas palabras, pero el teatro crítico es así: otorga eternidad a quien quiebra la costumbre. Lo hizo Aristóteles hace dos milenios y medio y ahí sigue.

Como Brook, el dramaturgo Juan Mayorga sintetiza su conocimiento del medio echando mano de su "Razón del teatro": "Todo lo que el teatro necesita es un actor elocuente y un espectador cómplice. Su dependencia de condiciones materiales y su necesidad de obedecer al mercado son, en comparación, pequeñas. Es, en comparación, libre". O sea, el espacio vacío.

Brook se llevó con "Marat / Sade" la aclamación de los espectadores y también de los críticos, que son tipos fundamentales en el hecho dramatúrgico. "El crítico vital es el que se ha formulado con toda claridad lo que el teatro pudiera ser, y tiene suficiente audacia para poner en riesgo su fórmula cada vez que participa en un hecho teatral". Unos años después, en 2016, Mayorga se preguntó: "¿Puede el teatro transformar el mundo? Hay que hacerlo como si pudiera". Pasó hace medio siglo. Gracias a Marat, a Sade y a Peter Brook.

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