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Entrevista al médico

"Yo sufrí el lado más canalla de la medicina"

Enrique Gavilán dejó su puesto como médico de familia al caer en una depresión de la que nació un libro autobiográfico: 'Cuando ya no puedes más'

Enrique Gavilán. M.C.

"Aunque este un relato personal, que sólo certifica lo que no quiero que me vuelva a suceder, lo que me apasiona y lo que detesto, estoy seguro de que muchos de mis compañeros sonreirán en más de un pasaje. Se identificarán con mis meteduras de pata, llorarán cuando hablo de mi llanto, verán en los relatos de mis pacientes a los suyos propios o se les erizará el vello cuando se percaten de que no son los únicos que están pasando por la misma tortura", dice el doctor Enrique Gavilán (Benalmádena, 1972), en el capítulo inicial de su primer libro: 'Cuando ya no puedes más'. Un título más que revelador para una historia que se basa en el hastío, en la desilusión y, por supuesto, en la forma de volver a levantarse para empezar de nuevo.

CUANDO YA NO PUEDES MAS

Enrique Gavilán cuenta su trágica experiencia de un burnout profesional. "Es difícil saber si estamos contemplando una crisis personal, o la crisis de una profesión, de un modelo de atención, o incluso de una sociedad... Nos adentramos en las tribulaciones de un médico intentando alcanzar ese modelo perfecto de médico de familia que ha aprendido, que choca con un sistema cuasi funcionarial donde los méritos y el buen trabajo son menos que nada... (P.V.P. 17.10€ - Págs. 235).

Porque Gavilán llegó al mundo de la medicina queriendo comérselo y, sobre todo, ayudar a los pacientes. Con ilusión y con ganas de aprender, aunque con lo que se encontró fue con algo muy distinto. "Hubo varias ocasiones en las que me vi al borde del abismo. La primera cuando después de una consulta totalmente desquiciada, una mañana de locos, con prisas, interrupciones, gente esperando agolpada en la sala de espera, tuve un encuentro con un paciente que ya conocía y que me comentó por lo que él había pasado. Las secuelas que le había dejado el estrés laboral que había sufrido mucho tiempo y concluyó diciendo que no dejara que me pasara a mí. Fue cuando me di cuenta de que estaba en una situación límite", explica para añadir que "después de mucho intentar, de haber estado en tratamiento psicoterápico, tuve un momento de recaída en el que pensaba que realmente no servía para ser médico. Tuve otro encuentro con otro paciente que fue todo lo contrario y estallé. Ahí fue cuando decidí dejar momentáneamente la medicina y escribir el libro".

Cerró la puerta de su despacho, como muchos de sus compañeros antes, y decidió irse a su casa para poder recomponerse a través de las palabras, dejando a un lado los dos pueblos en los que ejercía como médico de familia en Extremadura. Y si le preguntan por qué decidió meterse de lleno en la profesión... "no lo tenía muy claro porque no tenía ningún referente en mi familia. Tenía la imagen de la medicina que yo creo que se trasmite la sociedad en su conjunto, que salvamos vidas y estamos para servir a la gente", concreta. Aunque los años de estudio y experiencia fueron cambiando su manera de ver las cosas. "Cuando empiezas una carrera tan larga, más el proceso del MIR y ves el sacrificio que eso supone, tantos años de estudio, y ves el contenido de las asignaturas y de lo que hacemos, te das cuenta de que hay mucho más que solamente salvar vidas y del lado más humano de la medicina, pero también del más canalla. La imagen que yo tenía de la medicina ha ido cambiando mucho".

'Burnout'

Y aunque ahora, tiempo después, ha vuelto a tomar las riendas de una consulta en un pequeño pueblo de Jaén, Gavilán tuvo que sufrir lo que él denomina "un infierno", o lo que la Organización Mundial de la Salud ha determinado como 'burnout'. "Yo sufrí el lado más canalla de la medicina. La sobrecarga, cuando ves que realmente a los políticos no les importa mucho lo que hacemos, sino que simplemente esté cubierto el servicio, pero no les importa tanto la calidad. Cuando ves que las consultas están inundadas de cosas que probablemente no deberían estar en una consulta médica. Cuando no estamos unidos ni trabajamos en equipo y ves que la sanidad ha quedado exclusivamente en manos de los profesionales sanitarios. Pero la salud es algo mucho más complejo", asevera, para recordar que "ahora ya disfruto de mi trabajo, me he reconciliado con mi profesión y soy feliz".

"Cuando fui consciente de que no tenía un problema de adaptación y que no había solución inmediata, me di cuenta que necesitaba ayuda"

Enrique Gavilán - Médico

Una felicidad que le ha llegado tras dos años de terapia y haberse sentido en completa soledad frente a compañeros y jefes en sus anteriores trabajos. "De mi trabajo anterior lo peor era la soledad, sentirme completamente solo y desamparado ante una circunstancia que no había provocado. De hecho, ya había intentado por mis propios medios paliar la situación, y cuando vi que realmente no era algo coyuntural, sino que era un problema más serio, me vi solo. Tuve que recurrir a mi médica de familia, que es la que realmente me ayudó a salir de esa situación, pero ni mis compañeros, ni mis jefes parecían sentirse aludidos. En ese momento te encuentras en una situación que no has buscado y donde no puedes recurrir a nadie", recuerda.

Una sensación de desamparo, sobre todo por los altos cargos, que para Gavilán fue nefasto. "No sé si la sanidad española es la mejor del mundo, si es así es por la santa paciencia de los pacientes y el trabajo de los profesionales. En su momento se hizo una apuesta muy fuerte por la sanidad y la atención primaria, pero de unos años para acá funciona por inercia. Sentimos que es un servicio que se está abandonando a su suerte". Y rememora el momento cumbre en el que decidió que ya no podía continuar. "Cuando fui consciente de que no tenía un problema de adaptación y que no había solución inmediata, me di cuenta que necesitaba ayuda. La sensación que me invadió fue de no poder solucionarlo por mí mismo. Sentí alivio porque al ponerte en mano de algo compartes un poco la responsabilidad, pero también mucha frustración y derrota".

Psicoterapia

Fue su propia médica de cabecera la que le ayudó a la hora de enfrentarse a una terapia con la que Gavilán ha podido volver a amar su profesión. "Estuve en psicoterapia dos años y todo el día dándole vueltas al tema, ya que se había convertido en gran parte de mi vida. Descubres muchas partes de ti mismo que no conocías, o que sabías, pero no la profundidad que tenían, y me di cuenta que tenía una imagen muy idealizada de la medicina que en la realidad no se podía desarrollar. Aprendí a resolver esto", explica para agregar que "pensé en dejarlo del todo en varias ocasiones, y sobre todo al final, cuando me sentía mejor, pero me invadió la desesperanza, sentía que no valía... ahí barajé otras opciones muy seriamente. Estuve a punto de tirarlo todo por la borda".

Fue la tentación de dejarlo todo atrás y una discusión con un paciente lo que le hicieron colgar la bata y sentarse frente al escritorio a conformar el tomo, que ya va por la segunda edición y ha tenido mucho éxito entre el gremio. "Después de todo lo que he pasado, el trabajo es diferente y yo también. El contexto es distinto, el pueblo es más pequeño, la relación con la enfermera es excelente, trabajamos en equipo, hay buena conexión con el pueblo y así sale lo mejor de ti mismo. Yo, después de todo, no quería volver a caer en ese tiempo de dinámicas", confirma.

"Hay cuestiones que no son tangibles. Mi trabajo consiste en escuchar a la gente, eso no se mide ni se tiene en cuenta a la hora de asignar recursos", sentencia el médico

Y pese a que no esperaba que su primer y único libro iba a tener tanto éxito de primeras, Gavilán apunta a que "tenemos una falta de algo" como motivo de que muchos hayan decidido devorar su historia en palabras. "La gente de a pie lo acoge porque este problema no solo compete a los médicos, es común a muchas profesiones, sobre todo de cara al público, como el periodismo, la educación... el desgaste y el estrés que produce una sociedad como la actual, que tiende al todo".

Sin rencores y con la conciencia de haber hecho bien su trabajo, este médico sabe que el mundo de la sanidad está muy ligado a los poderes económicos, aunque "hay cuestiones que no son tangibles. Mi trabajo consiste en escuchar a la gente, eso no se mide ni se tiene en cuenta a la hora de asignar recursos. Hay muchas variables humanas que no están nunca en ecuaciones y cálculos presupuestarios. Si damos más dinero donde hay más publicaciones o más innovación, a los más notorios, siempre va ir a hospitales y centros de investigación y el trabajo de atención primaria no tiene esa brillantez y aporta mucha calidad de vida al ciudadano. Si no se tienen en cuenta estas variables la balanza siempre estará desequilibrada".

Ahora más optimista y precavido, Gavilán solo tiene una frase para definir su libro y, por ende, su vivencia personal en el mundo sanitario: "Cuando ya no pude más, aguanté un poquito más y al final sí que pude".

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