02 de diciembre de 2019
02.12.2019
Novedades editoriales
ENTREVISTA

Eduardo Infante: "La filosofía mal enseñada es una tragedia, como echar kétchup a un plato de jamón ibérico de bellota"

"Tenemos grandísimos profesionales en educación que hacen milagros con el miserable presupuesto que recibimos"

02.12.2019 | 13:28
Eduardo Infante.

Eduardo Infante, profesor de filosofía en el instituto San Eutiquio de Gijón, publica Filosofía en la calle (#filoRetos para la vida cotidiana. Salgamos a la calle con ella.

¿Sócrates o Platón practicarían la filosofía en la calle?
Sócrates no era un profesor de filosofía sino un escultor que entendió esta disciplina como una actividad tan popular como lo es hoy ir al gimnasio. Para el maestro Sócrates, la filosofía era más que una materia de estudio, una gimnasia del pensamiento que debía ser practicada por todos los ciudadanos que aspirasen a vivir felices en una sociedad más justa. Filosofar era un cuestionarse sobre lo que parece obvio, lo que damos por sentado y a lo que no solemos pedir ni argumentos ni evidencias. Filosofar era destapar falsas creencias, medias verdades o relatos construidos. La filosofía socrática se practica en las calles abarrotadas de transeúntes, en mitad del bullicio del mercado y allí donde los problemas cotidianos y urgentes de la vida se muestra con claridad. Su mensaje se dirige al gran público, no a las élites culturales. No tiene un lugar específico en el que enseñar, digno de veneración y respeto, separado de los espacios donde trascurre la vida ordinaria. En la academia socrática no hay aula magna, ni sala de conferencias, ni púlpito, ni estrado, ni tribuna, ni cátedra, porque para Sócrates cualquier sitio es idóneo para practicar la filosofía. En su escuela no existen ni grados ni jerarquías, no se certifican títulos académicos, no se imparten clases magistrales, no se sigue el programa oficial, porque estamos ante una filosofía popular que se practica colectivamente en cualquier rincón. Platón, en cambio, edificó una academia, colgó un cartel que decía: "que no entre el que no sepa matemáticas", que viene a ser lo mismo que "reservado el derecho de admisión", relegó la filosofía al aula, e hizo de ella una práctica elitista. Como afirma Peter Sloterdijk , el letrero platónico es una autentica declaración de guerra al intelecto vulgar, a la chusma que no posee los suficientes medios económicos como para dedicar la totalidad de su jornada al saber y a la contemplación, a los que tienen que preocuparse de algo tan indigno como ganarse el pan, aquellos cuyas manos atestiguan que llevan más una vida de trabajadores que de "verdaderos filósofos".

¿Imagina a Aristóteles en Twitter? ¿Qué Nick usaría?
No estoy seguro del Nick, pero quizás si de la foto. Aristóteles era bastante presumido, de piernas delgadas y ojos pequeños, llevaba ropa muy cara, propia de un aristócrata, anillos y un corte de pelo elegante. Como era de familia bien, lo mandaron a estudiar fuera pero nunca llegó a encajar del todo en la sociedad ateniense, porque siempre lo trataron como a un inmigrante de segunda categoría.

¿La filosofía ayuda a escayolar un corazón roto?
Por supuesto, la filósofa estadounidense Martha Nussbaum afirma que los antiguos griegos y romanos concibieron la filosofía como un medio para afrontar las dificultades más poderosas de la vida humana. La practicaban no como una técnica intelectual elitista, sino como un arte comprometido cuyo fin era luchar contra la infelicidad. Estos filósofos centraban su atención en cuestiones ordinarias para el ser humano: el temor a la muerte, el amor y la sexualidad, la ansiedad, lo que hoy llamaríamos estrés, o el control de la agresividad.

¿El duelo por un ser querido puede aliviarse leyendo a un filósofo?
Hace algunos inviernos me encontraba en la sala de profesores corrigiendo exámenes cuando me pasaron una llamada desde la secretaría del centro. Era el padre de José, un alumno de mi tutoría. Me pidió que dejara salir a su hijo porque su madre se estaba muriendo en el hospital de un cáncer linfático; también me rogó que hablase con José, le comunicase lo que estaba pasando y lo serenase como pudiera hasta que él llegara a recogerlo. Me tomé un tiempo y pensé qué podía decirle a mi alumno. Subí al departamento y cogí un viejo libro sin tapa lleno de anotaciones y subrayados. Bajé al aula donde José se encontraba haciendo un examen y le pedí que saliese. Dimos un paseo en silencio hasta una pequeña sala de visitas. Lo miré a los ojos y le dije: «Tu madre se está muriendo y tienes que ir a despedirte de ella». Nos dimos un abrazo y le entregué el viejo libro con la esperanza de que pudiera ayudarle de alguna forma a superar lo que se le venía encima. Años después, José volvió a visitarme convertido en un hombre y me devolvió el libro. No pude resistirme a preguntarle si aquel volumen le había ayudado. José me respondió: «No sólo me ayudó, sino que me convirtió en oncólogo». Ese viejo texto era un tratado de filosofía estoica titulado Enquiridión. Nadie conoce el verdadero nombre de su autor; nos referimos a él como Epicteto, que significa «esclavo», porque siendo niño fue llevado a Roma y vendido a un secretario de Nerón que le trató como a una bestia. Epicteto (aproximadamente 50-138) conoció de mano de su amo el dolor físico, el hambre y la humillación, pero cuentan que desde joven aprendió a tener un gran autocontrol y capacidad para soportar el sufrimiento.

¿Deberían venderse libros de filosofía en los supermercados?
Mejor en las farmacias, citando a Lou Marinoff: "Más Platón y menos prozac", aunque yo no soy muy de Platón.

¿Un hombre feminista es posible?
El feminismo no es lo contrario al machismo, sino un movimiento que busca la igualdad de derechos para los dos géneros, y por eso los hombres pueden ser feministas. ¿Acaso había que ser negro en el siglo XIX para luchar contra la esclavitud en EE. UU.? ¿Los abolicionistas querían esclavizar a los blancos o abolir la esclavitud?

¿Por qué hay mujeres machistas?
Porque como decía Simone de Beauvoir: "No se nace mujer, se llega a serlo". Si fueses una mujer machista, Simone de Beauvoir te explicaría cómo, sin que te hayas dado cuenta, la cultura te ha ido moldeando desde la infancia para que llegues a ser una copia perfecta de un «modelo de mujer» que algunos hombres han diseñado. Lo que eres como mujer, la feminidad que te distingue frente a la masculinidad, no se debe a las hormonas, sino que es la cultura la que te hace ser como eres. No es la naturaleza, sino la cultura, la que ha fabricado mujeres subordinadas a los hombres, dependientes y sin iniciativa propia. Desde pequeñita te han educado en el sometimiento a un varón y en la idea de que la única forma de realizarte es como esposa y como madre. Si no abres los ojos, serás tú misma la que trasmitas todo esto a tus hijas y a tus nietas. Analicemos nuestra cultura actual, en concreto las películas y las series de televisión que solemos ver. ¿cuántas de ellas cumplen estos tres requisitos conocidos como el test de Bechdel?: En la película tienen que salir al menos dos mujeres, esas mujeres tienen que hablar entre ellas y el tema de conversación no debe de ser un personaje masculino. Lo que pone de manifiesto este test es que nuestra cultura es patriarcal y refleja una sociedad que relega a la mujer a la categoría de «otra». Ésta se define en contraposición al varón y, así, se convierte en el segundo sexo, rebajada a un rol de inferioridad. A través de la religión, las tradiciones y la cultura en general, las mujeres van aceptando la visión que los hombres tienen de ellas.

¿Rezar es útil?
Depende. Para Søren Kierkegaard, aunque no hay razones para tener fe, creer da sentido y significado a la vida. La fe es una razón para vivir. Las personas creyentes sienten una plenitud en sus vidas y una fortaleza que no conocen aquellos que no pueden creer. Para Kierkegaard lo importante es encontrar una verdad que sea cierta para ti, una idea por la cual puedas vivir y morir. En cambio, autores como Bertrand Russell o Sigmund Freud, considera la fe un delirio, una enfermedad mental. Dios es un ser fruto de una esquizofrenia colectiva trasmitida de generación en generación por la religión. Para la filósofa María Zambrano «Lo divino» es una necesidad en el ser humano, aunque hay que entenderlo en su sentido más amplio y no reducirlo al dios de una religión concreta. Si quieres llegar a realizarte deberás desarrollar todas tus dimensiones, incluida la espiritual. Y en cambio, para el biólogo evolutivo Richard Dawkins las teorías científicas van haciendo cada vez más innecesaria la hipótesis de Dios. Pero la religión, además de ser una hipótesis falsa, es la fuente de grandes males: los fanatismos, la homofobia, el machismo, el rechazo continuo de la ciencia€ ¿Tú que piensas?

¿Qué piensan de usted sus compañeros de oficio? ¿Le ven como un profe friki?
Todos los filósofos somos frikis si por ello entendemos no ser normales y por normal, no seguir la norma. Por dos razones, la primera es que ser normal no es ninguna virtud y la segunda es que aspiramos a vivir existencias auténticas. Para Heidegger la mayoría de los hombres viven existencias anónimas, viven en el "se dice" y en el "se hace", es decir dicen lo que dicen porque es lo que la gente dice, hacen lo que hacen porque es lo que la gente hace. Todos los años inicio mis clases preguntando a mis alumnos:, ¿no os apetecería tener una existencia auténtica? Hasta ahora os han dicho lo que debéis decir y hacer, pero ¿no os apetece abandonar vuestra minoría de edad? ¿Vais a dejar que otros os digan como tenéis que pensar? ¿Os atreveréis a pensar por vosotros mismos?

¿La filosofía mal enseñada es un tomento?
Es una tragedia. Si me permites la comparación sería algo así como echarle kétchup a un plato de jamón ibérico de bellota. Es una tristeza desaprovechar las pocas balas que tenemos para ganarle la guerra a la estupidez.

¿Les vendría bien a nuestros políticos más filosofía y menos asesores?
Es conocido el discurso que Trasímaco dio a la asamblea de Atenas en plena guerra del Peloponeso. Aconsejaba la armonía entre partidos frente a las luchas partidistas. Si cambiásemos la asamblea ateniense por nuestro parlamento y la guerra del Peloponeso por el conflicto catalán o la repetición de elecciones, el discurso tiene una vigencia abrumadora.

¿La filosofía tiene ideología?
Como afirma el filósofo francés Gillez Deluze: La filosofía no es sirvienta de nadie. No sirve ni al Estado, ni a la Iglesia. La filosofía no sirve a ningún poder establecido. La filosofía no acepta más autoridad que la de la propia razón.

¿La filosofía es el gimnasio de la mente?
Los antiguos gimnasios griegos eran recintos donde los hombres adiestraban tanto el cuerpo y como el espíritu, en ellos se practicaba paralelamente la habilidad para la lucha y para la conversación. Eran los auténticos hogares de la vida social, donde los ciudadanos que tuviesen más de doce años podían entrenarse, pero sobre todo encontrar a otros iguales con los que dialogar.

Su libro lleva un código QR para acceder a Twitter y dar la opinión. ¿Qué espera?
Las redes sociales son unas nuevas plazas públicas desde las que sacar la filosofía a la calle, para dialogar juntos y recuperar la dimensión práctica que esta disciplina no debió perder nunca. En los años setenta, un fotógrafo tomó la imagen del filósofo francés Michel Foucault con un altavoz en la mano frente a la fábrica de Renault, haciendo filosofía con los trabajadores que se encontraban en huelga por la muerte de su compañero Pierre Overney, asesinado por repartir panfletos. Foucault nos enseñó así que la filosofía también debe estar presente en los nuevos espacios. Hoy nuestros teléfonos móviles pueden convertirse en el megáfono que en 1972 sacó la filosofía a la calle, tras escaparse por las ventanas de las aulas de la Universidad de París.

En un mundo dominado por las pantallas, ¿cómo puede hacer un maestro para vencerlas?
¿Se debería seguir enseñando en aulas del siglo XIX a alumnos del siglo XXI? A veces cuando discuto sobre este tema con algún compañero de profesión, sacó de la galería de fotos de mi móvil una imagen de un aula de finales del siglo XIX. La sorpresa es mayúscula porque no hay apenas diferencia con las nuestras de hoy. Luego saco otra foto de un quirófano del siglo XIX y las diferencias con respecto a los de hoy son asombrosas. ¿Por qué la tecnología ha entrado en los hospitales revolucionando la medicina y a penas lo ha hecho en los centros de enseñanza? No creo que se trate de construir "aulas amish" para nuestros jóvenes porque no van a vivir en esa cultura, sino más bien educarlos en el mundo interconectado que les ha tocado en gracia. Siguiendo con las ideas del filósofo Chul Han, creo que las redes sociales provocan una invisibilización del ejercicio del poder en una sociedad que cada vez es más orweliana. Por eso creo que es necesario y urgente crear una resistencia en la red. La tarea de la filosofía no puede ser la de alejarse al jardín, sino la de desvelar las estructuras de control y vigilancia.

¿Con más filosofía habría menos botellón?
No con Aristipo. Él haría filosofía en el botellón. Aristipo fue uno de los discípulos de Sócrates. Éste le enseñó que lo que teníamos que perseguir en la vida era la felicidad y Aristipo entendió que el camino más rápido para llegar a ella era el placer. Pero no sólo dedicó su vida a reflexionar sobre el placer, sino que, sobre todo, lo que hizo fue perseguirlo y disfrutarlo. Algunos, cuando piensan en los filósofos, se imaginan a hombres extraños, serios y aburridos; se equivocan. Aristipo es un filósofo que canta, baila, come, bebe y ama. Su pensamiento nos enseña que si por algo merece la pena vivir es por disfrutar de los placeres que nos ofrece esta única vida que tenemos. También habría que recordar que una de las obras filosóficas más famosas, El Banquete de Platón, narra la historia de un botellón. El banquete lo organizó el poeta Agatón para celebrar el éxito que había conseguido con el estreno de su última tragedia. Cinco fueron sus invitados: dos jóvenes amantes, un médico, un comediante y, por supuesto, Sócrates, el gran filósofo, que llegó tarde por quedarse absorto pensando en sus cosas mientras iba de camino hacia la casa del anfitrión. Siguiendo los consejos del médico, los comensales deciden beber moderadamente porque algunos tienen una resaca tremenda de la fiesta del día anterior. Varios de ellos confiesan ser «de los que ayer se empaparon» y ruegan al resto no seguir el protocolo que obliga, durante un banquete griego, a beber hasta emborracharse. También deciden despedir a los músicos, lo que significa que la fiesta no terminará en orgía, ya que en los banquetes griegos los músicos al final asumían otras funciones y no sólo deleitaban los oídos de los invitados, sino también otras partes del cuerpo.

La gente dice "tomarse las cosas con filosofía" en plan escéptico, casi derrotado. ¿Es todo lo contrario?
Me parece que le expresión popular hace referencia a la manera en que los estoicos consideraban que se debían afrontar los avatares de la fortuna. El lema estoico que lo resume es "Substine et abstine": aguanta y abstente (de la queja). Pero también habría que recordar que el estoicismo ha sido tachado de traicionar sus orígenes cínicos y colaborar con el poder.

¿Hay demasiadas aulas que son cavernas?
Creo que tenemos grandísimos profesionales en educación que hacen milagros con el miserable presupuesto que recibimos. Pero a veces, corremos el peligro de convertir nuestras aulas en cavernas. Como cuento en el libro, nace casi veinte años, me encontraba explicando la metafísica de Aristóteles a un grupo de alumnos de segundo de bachillerato. Tenían el libro de texto abierto sobre el pupitre y tomaban nota en la libreta de lo que yo iba escribiendo en la pizarra. Había una chica sentada al fondo de la clase junto a una ventana que daba a la calle. No había abierto el libro. Se distraía mirando al exterior. Dejé la tiza en la mesa y caminé hacia ella.
—¿Qué es eso tan interesante que hay al otro lado de la ventana? Imagino que será más importante que el examen de la semana que viene —le pregunté con ironía.
—La vida —respondió la chica.
Fueron tan sólo dos palabras, pero me cayeron encima como una bomba de napalm que lo arrasara todo a su paso. Esas dos palabras me mostraron que, sin darme cuenta, había convertido mi aula en una caverna. Los alumnos eran los prisioneros, anclados a sus pupitres y obligados a mirar continuamente un encerado sobre el que yo llevaba meses escribiendo cosas que poco, o nada, tenían que ver con sus vidas.

¿Programas como Operación Triunfo son una puerta al fracaso?
Para T. Adorno, la música de OT no es arte, sino un producto de consumo creado por la industria cultural. En nuestra sociedad capitalista, la actividad principal del hombre es el consumo. El sistema nos ha convertido en un Homo consumus: vivimos para trabajar y trabajamos para consumir, y con estas dos acciones mantenemos el sistema. Consumimos ropa, tecnología, comida, cultura y, en este caso concreto, música. Existe una industria cultural que fabrica productos estandarizados y diseñados para ser vendidos al mayor número de gente posible. La industria de la tecnología, cuando quiere vender un nuevo producto, hace uso de los medios de comunicación de masas (la televisión, el cine, la radio, internet€) para influenciarnos y adoctrinarnos. Si lo que se desea vender, por ejemplo, es un nuevo modelo de smartphone, se hace uso de la publicidad para generar en nosotros el deseo de tenerlo e inducirnos al consumo. Los productos de la industria de la cultura, como las galas de OT, no son obras de arte con una finalidad estética que luego se transforman en mercancía que la gente compra; son, desde el principio, productos creados para venderse.

Recomiende un libro a Trump y a Boris Johnson.
Ojo, ninguno de los dos son idiotas. Boris Johson, por ejemplo, tiene una educación exquisita, habla latín y griego clásico, y ha escrito varios libros sobre la historia de Roma. Pero en cambio usa con fines políticos la imagen de tipo bocazas, simple y mal educado, y con ello vende que los problemas complicados tienen soluciones fáciles, manipulando a las masas en su propio beneficio. Como antídoto a estas políticas populistas recomiendo releer La rebelión de las masas de Ortega, La sociedad del espectáculo de Guy Debord o la teoría de la hegemonía de Gramsci.

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