Que el antisemitismo no nació con el nazismo ni murió con él es un axioma que los judíos gustan de recordar. Padecían odio antes de Hitler y lo padecieron después. A la pregunta de si todavía hoy siguen siendo objeto de persecución y agravios, en cualquiera de sus múltiples formas, la respuesta es, sin rendijas para la duda, afirmativa. Pero el odio al judío ha mutado y si bien mantiene la vertiente que proviene de la ultraderecha, hay que incorporar la de la extrema izquierda y el antisemitismo bautizado por los expertos como "judeofobia yihadista".

"Es dolorosamente obvio que el antisemitismo no solo está vivo, sino que está floreciendo", afirmó recientemente Menachem Z. Rosensaft, vicepresidente del Consejo Judío Mundial. "Y es muy difícil que desaparezca", abunda el presidente de la Federación de Asociaciones Judías de España, Isaac Querub, que destaca la función de altavoz de las redes sociales en la transmisión de los mensajes de odio. La encuesta más ambiciosa de la UE entre población judía -abarca desde el 2008 al 2018- concluye que el 89% de los consultados perciben que el antisemitismo se ha incrementado en su país durante los últimos cinco años.