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Crónica Vírica

La soledad de los muertos sin adiós en los tanatorios, por Chus Neira

Las familias velan a sus fallecidos en la intimidad, sin abrazos, entierro ni funeral que ayuden a pasar el duelo

La soledad de los muertos sin adiós en los tanatorios, por Chus Neira

La soledad de los muertos sin adiós en los tanatorios, por Chus Neira

La escena viene repitiéndose desde la semana pasada, acrecentada con las medidas del estado de alarma y con la amenaza de desarbolar por completo en los próximos días el precario duelo de los familiares velando a sus deudos fallecidos en la soledad de las salas de los tanatorios asturianos.

En medio de la excepción sanitaria y golpeados por la pérdida, la gente se hace cargo. Llegan los familiares directos y aguantan dos, tres horas, porque es importante velar al cadáver, estar al lado. Y luego lo que más se escucha son palabras parecidas a un "vamos a casa, mamá, aquí ya no hacemos nada".

"Ellos suben, nosotros tratamos con uno o dos, como mucho. Con las mascarillas y toda la protección. Luego la familia está junta y se va. La gente ya no cuenta con nadie porque también se anuncia así en las esquelas. Lo llevan mal y es lógico", resume Antonio Pesquera, gerente de Funerarias Reunidas. "Por motivos de seguridad sanitaria, la familia no recibe", rezan ahora las notas necrológicas.

Hay casos peores. Si el fallecido ha muerto a causa del coronavirus la familia lo verá por última vez en el hospital. El personal de la funeraria, con trajes especiales, lo introducirá en un sudario impermeable, lo rociará con agua con lejía y lo introducirá en un ataúd sellado. Cuando la familia llegue al tanatorio se le comunicará, también con trajes especiales, que no hay velatorio, que no pueden estar allí, que el cadáver se quedará en la cámara frigorífica y que se llevará a incinerar o al entierro sin ceremonia alguna.

En ocasiones, ni eso. Sigue Pesquera: "Esta semana hemos tenido un caso de coronavirus, fuera de Asturias, de una señora que tenía a la madre en una residencia. Y fue tan rápido, visto y no visto, que la ingresaron, murió, y ella no la pudo ver. Y la pobre hija se quedó tan desamparada... Entiendo que es lo que toca, pero es muy duro. Y ahora algunas comunidades autónomas están valorando cerrar todos los velatorios. Creo que sería un error, que no se les puede quitar a las familias ese momento".

Ese mínimo velatorio antes de un entierro exprés de no más de cinco minutos y familiares de primer grado en cementerios cerrados al público suple poco la pérdida. Faltan abrazos y falta el relato sanador una y mil veces reelaborado ante primos, amigos, allegados.

En su propia carne la psicóloga de emergencias y experta en duelo Ana Menéndez vivió estos días esa imposibilidad de confortar. Fue un amigo que perdió a su hermana. "No pude ir al tanatorio, no pude darle un abrazo, y si a mí me dolió, imagínate a ellos". Psicóloga y youtuber, Menéndez explica que pese a los que prefieren despedir a sus muertos en soledad, aquí, en especial en la zona centro, la gente es muy de ir. "Dicen eso de que el tanatorio es agotador, pero ayuda a pasar a la nueva circunstancia vital desde el primer momento".

Y el abrazo, ese "gran consuelo", como lo describe , eso también se ha perdido. "En esas circunstancias tenemos cierta tendencia a aguantar el tipo, a que se te vea entera, y el abrazo, muchas veces, el abrazo del amigo, del familiar cercano, es el que hace que rompas a llorar. Y llorar es útil y necesario".

El mínimo consuelo son los otros medios. El teléfono, el Whatsapp, unas redes sociales en las que la muerte ha empezado a dejar de ser tabú. "Todo ayuda, pero no es lo mismo, porque la presencia física tiene un nivel de intensidad que estos otros canales no tienen, la forma en que llega a tu mente y lo procesas es totalmente diferente".

Lo que se ha perdido con el distanciamiento social es el ritual, y el ritual incluye estar allí, decir te acuerdas de cuando nació el más pequeño, ir a tomar un café o una cerveza, hacer un funeral, estar acompañado. "El ritual te facilita las cosas, son acuerdos sociales tácitos que todos compartimos en mayor o menor medida, y cuando te lo quitan de una manera tan abrupta, el duelo se resiente. Porque podrás organizar otras cosas más tarde, dentro de unas semanas, pero el momento es ahora, cuando se produce la pérdida".

Ana Menéndez apela, de todas formas, a afrontar las circunstancias presentes con serenidad. "Somos más fuertes de lo que creemos, y la vida, no queda otra, hay que tomarla tal y como viene, aunque sea sin el duelo necesario".

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