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Habla una trabajadora del geriátrico de Grado, aislada: "Querría estar ayudando a mis abuelitos"

Una profesional de la residencia de Grado relata su situación tras una semana aislada al haber estado en contacto con el primer positivo del centro, principal foco de la epidemia

Exteriores del geriátrico de Grado.

Exteriores del geriátrico de Grado. | IRMA COLLÍN

Sigue las noticias al minuto. Y llora. "Es que me da una pena enorme... Mis 'abuelitos'". Esta trabajadora del ERA, que prefiere no dar su nombre, se refiere a los residentes en el geriátrico de Grado en el que trabaja y al que no ha podido regresar desde hace ocho días -hoy ya son nueve-, porque estuvo en contacto con el primer residente que dio positivo en coronarias. Ella no lo tiene, o al menos no tiene los síntomas, pero tiene que guardar la cuarentena. "Sé que soy un peligro y que por seguridad tengo que estar aislada, pero sufro y me siento mal porque querría estar ayudando, cuidando a mis abuelos", asegura conteniendo la emoción.

La residencia geriátrica de Grado se convirtió el viernes en un hospital improvisado, tras certificarse como el principal foco de positivos de coronarias en Asturias: 57 residentes y 13 profesionales. Suman la friolera de 70. La segunda víctima mortal en Asturias era una residente de ese centro. Y ayer falleció otro. Ahora, al medicalizarlos, la atención será incluso exhaustiva, muy "por encima" de los cuidados habituales. La plantilla ha pasado de cuatro enfermeras a jornada completa y una más a media jornada a diecisiete profesionales.

Al cierre de esta edición se computaban en Asturias un total de 86 positivos en los geriátricos públicos del Principado, cinco más que el viernes. Además de los contabilizados en Grado, hay dos profesionales en la residencia de Santa Teresa (Oviedo); una residente en la de Sotiello, en Moreda; otros dos residentes en el Cristo -uno dado de alta-; un profesional en la residencia Clara Ferrer, de Gijón, y otro en la del Naranco, en Oviedo -ambos se incorporan a la lista-. El otro centro con más positivos es El Villar, en Castrillón, con ocho residentes y un profesional.

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Geriátrico de Grado

María -nombre ficticio porque prefiere el anonimato- fue a trabajar con normalidad hace una semana a la residencia de Grado. Todo discurrió en su turno sin anomalías, más allá de cuestiones puntuales como las que se pueden dar a diario en cualquier trabajo. Acabó su turno y volvió a casa. Al día siguiente por la mañana recibió una llamada "en la que me dijeron que uno de los 'abuelitos' con los que yo había estado iba a ser trasladado al HUCA.

Ahora, una semana después, sabe que la práctica totalidad de sus compañeros están en la misma situación que ella y mucho peor, porque se han infectado y también han dado positivo. "No sabemos cómo pudo entrar el virus en la residencia, pero lo peor es para los residentes, porque muchos, por no decir todos, tienen patologías y necesitan cuidados y atención casi permanente, los pobres...".

María sabe que les han hecho las pruebas del coronavirus a la mayoría de sus compañeros, pero a ella no. Así que ayer estuvo intentando contactar telefónicamente para solicitar que se la hicieran. "Me encuentro bien, pero eso no significa que no esté contagiada. Estoy sola, mi familia está en Grado y es una angustia para todos, porque no se puede evitar estar asustado cuando ves lo que pasa en tu entorno habitual", razona. "Dieron positivo muchos compañeros, profesionales de la sanidad, auxiliares, un fisioterapeuta, hasta una compañera de la limpieza. Es muy duro ver que la residencia se hace famosa por esto", añade.

El Principado ha reforzado la plantilla en la residencia de Grado con personal de enfermería (17) y auxiliares. Se ha dividido el centro por estancias para evitar que los residentes positivos estén con aquellos que no se han contagiado. María es prudente en sus opiniones, "porque no estoy allí". Pero lamenta no poder incorporarse. "No quiero molestar pidiendo que me hagan la prueba si no es necesario. Pero me gustaría para mí tranquilidad. Y también tengo ganas, la necesidad de volver a trabajar. Pienso que hacen falta muchas manos para atender a los residentes, que tengo a muchos compañeros que no pueden ir, algunos porque están contagiados, y que todo lo que se pueda ayudar será bienvenido. Pero, a la vez, también sé que puedo ser un foco de contagio. Es muy difícil llevar esto", se confiesa María. Y calla, para evitar las lágrimas.

"Es que estos días no puedo evitar emocionarme y llorar cuando veo lo que está pasando en la residencia. Y tantos abuelos enfermos... Ya sé que hago lo que tengo que hacer, porque sería una imprudente si no guardara la cuarentena, por mi bien y sobre todo por ellos, pero no puedes evitar sentirte mal porque quisieras estar allí ayudando".

María mantiene contacto por Whatsapp con compañeros de trabajo en la residencia de Grado. Y sabe que lo que ella siente es común a todos. "Estamos pendientes de las noticias y muy alarmados porque son muchos casos. No sabemos cómo ha podido ocurrir esto, pero es horrible".

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